Doping: preguntas que la FIFA no quisiera contestar

El primer gran evento internacional tras los JJOO de Sochi, inevitablemente plantea una serie de preguntas sobre el doping.

El primer gran evento deportivo internacional en Rusia desde los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014 inevitablemente plantea preguntas sobre el doping que tanto el país anfitrión del Mundial como la FIFA quisieran no tener que contestar.

Con justicia o no, Rusia se ha convertido en un paria del deporte internacional desde que un informe del investigador de la Agencia Mundial Antidoping (AMA) Richard McLaren señalara que un sistema apoyado por el Estado ocultaba las pruebas positivas recolectadas en Sochi. Más de 1.000 atletas se vieron involucrados, según el informe McLaren, que también indicaba que el fútbol era uno de los más de 30 deportes sospechados.

Como consecuencia de esa investigación, los atletas rusos no pudieron participar en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y su Comité Olímpico fue suspendido de los Juegos de invierno de Pyeongchang 2018. Los atletas rusos considerados limpios por el Comité Olímpico Internacional (COI) compitieron como neutrales en Corea del Sur.

La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) busca evitar ahora a toda costa que la controversia sobre el doping afecte al Mundial que se celebra entre el 14 de junio y el 15 de julio. El influyente Vitali Mutko, que fue suspendido de por vida de los Juegos Olímpicos por el COI, renunció temporalmente a la presidencia de la Unión de Fútbol Ruso debido al escándalo y dejó la jefatura del comité organizador del Mundial, lo que lo alejó del centro de atención.

Claro que, si se toma en cuenta la palabra de la FIFA, el fútbol, al contrario de muchos otros deportes en los que los atletas necesitan un mayor desarrollo de la masa muscular, no tiene problemas de doping.

Todas las pruebas realizadas en anteriores competiciones internacionales y de clubes dieron negativo, aseguró el presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

Cada jugador de los 32 equipos de la Copa del Mundo, indicó Infantino, será sometido a pruebas dentro y fuera del torneo. Además, todas las muestras tomadas durante el Mundial serán analizadas por laboratorios de la AMA fuera de Rusia. Aunque según dijo el año pasado a la BBC la secretaria general de la FIFA, Fatma Samoura, el fútbol ruso tiene un problema extendido de doping.

Desde 1966 se realizan pruebas antidoping en los Mundiales. La FIFA ratificó el código antidoping de la AMA antes del Mundial de 2006 y en 2014 comenzó a implementar el pasaporte biológico. Muestras de sangre y orina fueron tomadas a todos los 736 jugadores de cada Mundial como parte del programa y adicionalmente se controló a dos jugadores por equipo y partido. Todas dieron negativo.

Asimismo, todo jugador participante en la Copa Confederaciones de Rusia 2017 fue sometido a tests de sangre y de orina y también en todos los casos el resultado fue negativo.

De todas maneras, el fútbol -y el Mundial mismo- han tenido sus casos de doping, aunque menores que en otros deportes y muchas veces vinculados más a drogas recreativas que a las típicas sustancias para mejorar el rendimiento.

El caso más notable sigue siendo el de Diego Maradona en el Mundial de Estados Unidos 1994. El astro argentino fue suspendido por 18 meses por el consumo de efedrina. Maradona también fue sancionado por 15 meses en 1991 después de que se le detectara cocaína en su muestra cuando jugaba en el Napoli.

Algunos especialistas sugieren que el doping era muy común en el fútbol en el pasado, cuando había poco o ningún control y el uso de algunas sustancias no era tomado tan en serio como hoy.

Después del informe McLaren, el diario británico "Mail on Sunday" informó el año pasado que la FIFA estaba investigando si los 23 miembros de la delegación rusa en el Mundial de 2014 se habían beneficiado del programa de doping estatal. El medio señaló que McLaren identificó más de 30 muestras provenientes del fútbol, algunas de jugadores extranjeros en Rusia, que "podrían haberse beneficiado potencialmente de la manipulación".

Mientras aún era el organizador jefe del Mundial en diciembre, Mutko, sin embargo, fue firme en su defensa de los deportistas rusos, negó rotundamente cualquier programa de manipulación de doping y sugirió que una conspiración occidental estaba detrás de las acusaciones. "No hay manipulación en nuestra selección nacional de fútbol. Nunca la habrá y nunca la hubo", sostuvo con un incómodo Infantino a su lado.

El seleccionador de fútbol ruso, Stanislav Cherchesov, también insistió en una entrevista reciente con dpa que la selección nacional está libre de doping. El uso de drogas que aumentan el rendimiento "no nos concierne", dijo.

De todas maneras, el doping es sólo una de las múltiples controversias vinculadas al Mundial. Rusia debió responder a las críticas desde su misma elección junto a Qatar 2022 en una polémica votación en 2010. A ello se suman las denuncias de racismo en el fútbol ruso, cuestiones de derechos humanos y una creciente tensión política. El conflicto de Ucrania, con la anexión de Crimea por parte de Rusia, y la escalada en Siria han llevado a Moscú a enfrentarse con las grandes potencias occidentales. Y tras el envenenamiento en el Reino Unido de un ex espía ruso, algunos políticos británicos llamaron incluso a boicotear el Mundial.

La FIFA, golpeada por los escándalos de corrupción de la era del ex presidente Joseph Blatter, no puedo permitirse fracasar en el Mundial. Para Rusia y para su presidente, Vladimir Putin, también sigue siendo un proyecto de enorme prestigio, más aún después del informe de doping de los Juegos de Sochi. Ese interés particular acercó a Infantino y a Putin. Tienen "una relación personal muy cálida y constructiva", dijo un portavoz del Kremlin cuando ambos se reunieron en febrero. Nadie quiere que se hunda el barco.

Barry Whelan (dpa) 


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16 de agosto de 2018 | 14:56
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