El estadio principal, custodiado por el mismísmo Lenin

El estadio emplazado en Moscú, que albergará entre otros el partido inaugural y la final, no es un lugar cualquiera. Conocé su historia.

Fue testigo de aquel magnífico duelo entre Steve Ovett y Sebastian Coe en los Juegos Olímpicos de 1980, en la década de los 90 sirvió de escenario para los Rolling Stones o Michael Jackson y en 2013 vio pasar a un rayo llamado Usain Bolt. El estadio Luzhniki no es un lugar cualquiera.

El 15 de julio, tras una remodelación de 405 millones de dólares, acaparará la mirada de todo el planeta. A las 18:00 (12:00 hora argentina) de ese día empezará a rodar el balón en la final del Mundial de fútbol de Rusia. Con cada gol temblará el estadio. Y temblará Vladimir Ilich Ulianov, mejor conocido como Lenin.

A un puñado de metros del estadio hay una estatua del padre de la revolución rusa. De espaldas al recinto, la representación de bronce mide varios metros y Lenin aparece sujetándose una capa con semblante serio y pensativo.

Lenin Luzhniki

Líder de la Revolución de 1917 y símbolo mundial del comunismo, Lenin será el guardian del principal estadio del Mundial, testigo directo del partido inaugural y de la final de un evento capitalista donde los haya. El que fuera bautizado como Estadio Central Lenin cuando se inauguró en 1956 será empapelado con carteles de Coca-Cola, Visa o McDonalds, patrocinadores de esa máquina de hacer dinero que es la FIFA.

Cuando el estadio se levantó, Rusia era la URSS y Josef Stalin acababa de morir. En 1980 vivió su gran momento con los Juegos Olímpicos y apenas dos años después la tragedia se apoderó del recinto: el 20 de octubre de 1982 murieron casi 350 personas por una avalancha de aficionados en un partido de la Copa de la UEFA. Las fuentes oficiales soviéticas cifran el número de fallecidos en 66.

De aquella obra que albergó después la final de la Liga de Campeones 2008 y los Mundiales de atletismo de 2013 queda únicamente el esqueleto y la impresionante fachada con sus columnas. Todo lo demás es nuevo.

"Estábamos limitados en altura y ancho debido a la estructura histórica. Tuvimos que utilizar grúas enormes para introducir el material por encima de la fachada", comenta el arquitecto de la remodelación, Murat Ahmadiyev. A la fachada se le dio un lavado de cara, restaurando y limpiando las columnas. "Pero todo lo que hay detrás de las puertas es completamente nuevo", insiste el experto.

Dejando atrás el exterior del edificio, en el interior todo es reluciente. La entrada sur, por ejemplo, recuerda al lobby de un hotel de lujo. Mucho vidrio, mucha luz y amplísimos espacios. Una gran escalera de caracol serpentea a través de varios niveles hasta llevar a la zona vip.

Una vez se llega a la zona de asientos, puede observarse que ha desaparecido el anillo olímpico, acercando las gradas al césped. Y el verde tampoco es el mismo. "Cavamos dos metros de profundidad y lo llenamos con capas de arena y grava", cuenta Ahmadiyev. Hubo un drenaje. "Incluso si cayera una lluvia tropical, no vería un charco en el campo, se lo prometo".

Con la última remodelación, en la que participaron 1.500 trabajadores, se amplió el aforo hasta las 80.000 personas. En total, el complejo deportivo ocupa una superficie de 221.000 kilómetros cuadrados. Luzhniki significa en ruso "los prados", debido a que está levantado en la orilla del río Moscova.

Además del partido inaugural y de la final, el estadio Luzhniki albergará otros tres encuentros de la fase de grupos, más unos cuartos de final y una semifinal. Más de medio millón de aficionados pasarán durante el Mundial por el Luzhniki. Y miles se harán fotos y selfies con Lenin. El emblema de la revolución rusa es el guardián de la gran fiesta del fútbol.


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24 de junio de 2018 | 22:11
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