De Boca en Boca: la preferencia hacia ciertos alimentos tiene una base biológica

La comida es más compleja, la comida soy yo, con mi historia y mis asociaciones positivas o negativas, son los demás porque alguien me alimento, a la vez que doy de comer y comparto mi comida, mis experiencias, lo que me gusta.

 A Andrea no le gustan las verduras, bueno en realidad algunas verduras, le hacen acordar a las papillas que le preparaba su mamá con tanto amor, lástima que entraran en su boca tan violentamente a pesar de las lágrimas, mira su plato, intenta no pensar, la invitaron a cenar, al menos hay que probarlas, se dice....no están tan mal... ¿qué tienen queso? Eso me gusta...

La aceptación o preferencia hacia ciertos alimentos tiene una base biológica que hoy sabemos comienza in útero, sabemos además que existe un mapa cerebral de sabores que conectan los receptores de la lengua con células específicas a partir de señales nerviosas, sobre estos nuevos descubrimientos las normas sociales, la cultura, los legados familiares, las construcciones personales y finalmente la industria alimentaria, moldean nuestro gusto, delimitando nuestras preferencias.

Es mucho más complejo de lo que uno se imagina, se entretejen demasiadas cuestiones: los alimentos que elijo comer y gustar me permiten insertarme en un determinado grupo social, también como por imitación y modelado, me definen un tiempo y un espacio, una forma de ser y hacer: yo gusto de determinados alimentos porque aprendí hacerlo, porque no sólo necesito probarlos (varias veces) sino también incluirlos en mi concepción mental, esto se llama seguridad aprendida.

Podemos decir entonces, que la comida es alimento, pero no todo alimento es comida, ya que no todo es culturalmente comestible (Fishler). 

La comida es más compleja, la comida soy yo, con mi historia y mis asociaciones positivas o negativas, son los demás porque alguien me alimento, a la vez que doy de comer y comparto mi comida, mis experiencias, lo que me gusta.

La comida, no ya como alimento biológico sino como alimento social, me satisface no sólo por los nutrientes que aporta, sino por la carga de símbolos y significados que doy y me dan al comer, ingiero normas escondidas pre establecidas, mastico recuerdos y me gusta, me gusta ese alimento por que no sólo sabe bien...no hay alimentos buenos ni malos, es comida con un gran aporte de sentido para el que elije degustarla.

Lo dulce es naturalmente aceptado y por ende rico, en cambio los sabores amargos los incorporamos mediante aprendizaje, sorteando la neofobia protectora, así podemos llegar a adultos degustando un rico café, el mate y hasta el vino, no sólo porque nuestro paladar fue entrenado a lo largo de la vida, sino porque asociamos algunos alimentos con momentos de bienestar, como compartir un café con un amigo, tomar esta infusión en épocas de frío nos reconforta y cobija, tomar café es de grandes y de gente seria por eso no falta en reuniones de negocios.

Hoy los alimentos están altamente procesados, suelen tener sabores y olores uniformes y adictivos, poseen símbolos inventados, como los de las comidas caseras en forma de polvos deshidratados, intentan aproximarse a la comida, pero son sólo alimentos....

¿Será por eso que no satisfacen, no llenan? ¿Será que estamos comiendo mucho alimento y poca comida?

 Noelia Giorlando:  noeliagiorlando@gmail.com 

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25 de mayo de 2018 | 14:51
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