Los sonidos nómadas de Mânick

El próximo viernes 4 de mayo, el violinista Mânick Nur vuelve al escenario, con acordes que nacen del juego, el amor y el viaje interior.

Mânick termina de tocar y quedan notas en el aire. Respira profundo y baja lentamente el violín. Aún tiene los ojos cerrados, quizá con algunas lágrimas, y poco a poco va "llegando", como si acabara una travesía. Se sienta, pone en sus piernas el violín y dice "Lo llamo Rudolf, porque su sonido es un poco rudo, pero se ha ido suavizando". Entonces dice que después de haber abandonado el instrumento volvió a encontrarse con él y ahora lo considera su maestro.

Este retrato de un instante describe a este singular artista. Su técnica proviene de la formación clásica, por la cual descubrió su amor por el violín. Su sensibilidad lo llevó a renunciar a la música por una década, cuando perdió la magia y se embarcó en la vorágine del éxito. Su curiosidad fue guía por diversos países y trabajos, que lo llevaron lejos en distancia pero cerca de su centro. Su conciencia fue atenta cuando regresó a la música, esta vez como camino de autodescubrimiento, juego y elevación.

Hablamos con este talentoso y sensible violinista, quien este viernes 4 de mayo, a las 21:30hs, ofrecerá a los mendocinos la oportunidad de viajar con sonido hacia la sanación, la atención despierta y la creatividad. 

Cuando comencé a estudiar música existía una búsqueda de la pureza

¿Cuál es tu experiencia con el arte y la formación musical clásica?

Cursé estudios en el conservatorio Manuel de Falla de Buenos Aires y me especialicé en violín. Comencé a estudiar música a los 20 años, pero mi primera relación con el arte fue con el dibujo y la pintura. Comencé a estudiar guitarra y estando en la escuela de música me enamoré del violín.

En mi vida nunca había tenido la posibilidad de tener cerca un violín y recién lo vi me enamoré del instrumento. Estudié con una formación clásica y toqué en una orquesta juvenil por tres años y medio.

Luego de cinco años en la escuela de música me retiré, pues no me sentía cómodo con la exigencia. Por diez años dejé de tocar violín, hasta que comencé a interpretarlo con otra conciencia.

¿Qué ocurrió en esos diez años y cómo te reencuentras con el violín?

Hice múltiples trabajos, desde camarero hasta cartero. No tengo casa, voy compartiendo con amigos. El reencuentro con el violín fue casual. Tenía un amigo músico que me venía a visitar. Yo había vendido mi violín y no quería saber nada de él. Sin embargo, un día le dije que yo tocaba un poco y había a la mano un violín. Entonces me instó a tomarlo, toqué y el amor se despertó de nuevo.

En realidad, aquello que se despertó fue lo mismo que sentí al comienzo de mi contacto con el instrumento. Cuando comencé a estudiar música existía una búsqueda de la pureza. Me decía que aunque sólo saliera una nota al aire, ella debería ser perfecta. Después me fui complejizando, entré en el ritmo de la escuela de música y comencé a tener sueños inalcanzables para la edad y fantasmas. En parte estas fueron algunas de las razones que me llevaron a apartarme de la música.

Comencé a jugar e improvisar, encontrando una parte creativa e intuitiva que estaba esperando

¿Cómo comienza la reconciliación con el violín y de qué forma se desarrolla la alquimia con el instrumento?

El reencuentro ocurre hace unos ocho años. Poco a poco comencé a jugar e improvisar, encontrando una parte creativa e intuitiva que estaba esperando. Después de diez años de experiencias era como si mi mente se hubiera limpiado de espejismos y de motivaciones que no eran verdaderas. Del egoísmo de mi tiempo en la escuela de música, comencé en esta nueva etapa a mirar adentro; empecé de cero, con humildad, considerando al violín como mi maestro.

Portada Nueve senderos sónicos. Diseño: Mânick Nur

Portada "Nueve senderos sónicos". Diseño: Mânick Nur

Cuando describes la grabación de tu disco "Nueve senderos sónicos" dices que tuviste pocos ensayos y llegaste al estudio discográfico sólo con algunas ideas ¿Cómo fue este proceso de creación?

La ausencia de planeación ocurrió porque no surgió casi nada en el proceso creativo y yo había pagado el estudio. Tenía fecha para ir a grabar y la noche anterior, aparte de algunas bases, no tenía prácticamente nada. Usualmente, cuando toco con otros músicos inicio un juego con la música y comienzo a interactuar con los demás artistas. Entonces dije: "Si puedo jugar bien con otros músicos, por qué no voy a poder jugar conmigo".

Me relajé la noche anterior, fui a dormir y soñé un par de melodías. Había dejado los instrumentos alrededor de la cama y cerca de las cuatro y media de la mañana me desperté con una melodía. A partir de allí comencé a construir. El primer día fui a grabar al estudio. Luego llegué en la noche, escuché y sobre esa base improvisé al día siguiente. Fui haciendo el disco de forma intuitiva.

¿Por qué crees que este trabajo ha sido una experiencia sanadora para vos y puede inspirar una experiencia profunda para quien lo escucha?

Para mí este disco es la materialización de algo que estaba; siempre hubo una creación arriba a la espera de ser manifestada. Siento que es un canal entre el planeta y otros planos. En mi vida, este trabajo fue una realización en ese sentido, de cierta forma estaba confundido y este disco me ancló en una misión.

En el plano emocional seguí escuchando el disco durante seis meses, lo oía en casa, en el colectivo o en la bicicleta. Por supuesto, no podía decírselo a todo al mundo porque iban a juzgarme de egocéntrico. Lo escuchaba y me sanaba. Activaba mi creatividad, me ayudaba a pensar mejor y expresarme.

Foto:

Foto: Gonzalo Segovia

¿Qué ocurrirá el próximo viernes 4 de mayo en el concierto "Amor Humano"?

El concierto se llama "Amor Humano" y está relacionado con la idea de amar a la Humanidad. Dejar de buscar tanto afuera la solución y comenzar a amarnos a nosotros mismos. A partir allí, podemos experimentar un amor hacia el planeta. Como dicen los Incas: "encarnar primero la serpiente, para luego elevarla". Esa es la intención del concierto y también es un camino propio. No sólo quiero decir algo a los demás, sino que constantemente me lo estoy diciendo a mí.

Desde el punto de vista musical estaré solo en el escenario, y con una técnica de pedales grabaré en vivo todos los instrumentos. Tocaré violín, pero me acompañaré de piano, sintetizador, kalimbas, flautas de bambú, arpas de boca y cuencos tibetanos.


Concierto Amor Humano de Mânick Nur

Viernes 4 de mayo de 2018, 21:30hs

Lugar: Mediateca Pública "Manuel Belgrano", Calle Antonio Tomba 54, Godoy Cruz

Valor: $100, entradas de venta en la taquilla de la Mediateca

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