Entrevista

Mano a mano con Zuleta Puceiro: ¿Qué hay detrás de Servini y el PJ?

La semana posterior a la intervención del Partido Justicialista, el reconocido analista político pone en relieve cuestiones que, hasta ahora, no se mencionaron.

Ya pasó una semana desde que la jueza María Romilda Servini decidió la intervención del Partido Justicialista a escala nacional. El caso ha dividido más que unir a los peronistas y genera una diversidad de puntos de vista. Por otro lado, devuelve a los políticos a la actividad meramente partidaria, lo que impacta en el "diálogo" de la sociedad en forma negativa: no les gusta verlos de entrecasa.

Para analizar el tema, hablamos con Enrique Zuleta Puceiro:

-Al cabo de una semana en que la jueza Servini decidió intervenir el PJ, no se entiende muy bien qué quiso hacer. ¿A qué cree que respondió la decisión?

-Es difícil conocer las razones que primaron en la decisión de una jueza como Servini, experimentada y acostumbrada desde hace muchos años a intervenir directamente en la vida interna de los partidos políticos argentinos y, muy especialmente, del peronismo. Servini es, en efecto, la persona del Poder Judicial que mejor conoce la situación y dinámica política del peronismo, sus personajes principales y sus vericuetos internos. Cultiva relaciones de amistad con muchos de sus principales dirigentes y consulta y es consultada permanentemente por los operadores, informantes, periodistas y expertos en la compleja realidad del peronismo. Debemos descartar la hipótesis de una decisión apresurada, desinformada o producto de presiones externas. La explicación debe transitar otros caminos, que tienen que ver precisamente con su familiaridad y trato directo con casi todos los protagonistas del episodio.

En los últimos meses, se sabe que recibió y consideró varias iniciativas de sectores interesados en recuperar la institucionalidad del PJ nacional de cara a un proceso electoral que será largo y difícil y en el que existe una coincidencia casi unánime entre todos los que tienen algún peso, acerca de la necesidad de reabrir el partido y asegurar una plataforma neutral para la convergencia de todos los sectores. Hoy sabemos que Servini exploró antes la posibilidad de acudir a dirigentes peronistas de su mayor confianza, menos controvertidas que Luis Barrionuevo. La decisión final contó seguramente con el interés objetivo y seguramente algún guiño cómplice del gobierno y de casi todos los sectores del peronismo. Tampoco es de descartar operaciones de inteligencia del tipo a que nos tienen acostumbrados los jueces federales. Lo que debemos descartar es la impericia y la superficialidad. Todo lo contrario.

El rechazo casi unánime hacia la medida debe relativizarse. Es lo políticamente correcto hacia afuera, mas allá del secreto interés de muchos en desbaratar el compromiso del aparato formal en cabeza de José Luis Gioja con los sectores afines al kirchnerismo. La demanda a la que atiende la intervención es la de abrir algunas puertas a los intentos todavía incipientes de facilitar el reingreso al tronco común de algunos de los dirigentes descarriados en los últimos años.

-Si los argumentos de Servini se validaran, en el caso de Mendoza, con una docena consecutiva de horribles derrota, ¿qué habría que hacer con el PJ? ¿Bombardearlo? ¿Es la intervención una medida atinada?

-El contenido y los argumentos de la medida judicial no resisten el análisis. La decisión marca un hito en la avanzada de los gobiernos sobre la vida interna de los partidos acelerada desde la constitucionalización de los partidos en 1994. Hay pocos precedentes en las democracias que funcionan de semejante nivel de intervencionismo estatal. Se ve agravada en el caso argentino por el protagonismo desmesurado del poder judicial en los conflictos electorales. Cuesta imaginar un síntoma mayor de los desbordes de la judicialización de la política que la decisión de intervenir el primer partido de oposición y encomendar su gestión a un de los dirigentes más agresivos contra su actual conducción oficial.

La argumentación y motivación de la medida ha suscitado rechazos unánimes, aunque, como ya dijimos, en el fondo poco sinceros. El tenor de la resolución se limita prácticamente a una reproducción tosca de los fundamentos expuestos por quienes solicitaron la medida cautelar de intervención -supuestamente el sector encabezado por Barrionuevo-. La performance electoral de un partido jamás puede ser aceptada sin más como un síntoma de descomposición o de un tipo de desequilibrio que justifique la intervención del Estado. Igual rechazo suscita, en otro plano, la designación de un dirigente como Barrionuevo, situado en las antípodas de la conducción actual. Son aspectos que seguramente llevaran a la revisión por parte de la Cámara Federal Electoral, una vez que se cumplimente el trámite de apelación.

Barrionuevo

"Servini exploró antes la posibilidad de acudir a dirigentes peronistas de su mayor confianza, menos controvertidas que Luis Barrionuevo"

-¿Qué se busca en el peronismo? ¿Abrirles las puertas a los que se fueron o cerrarlas selectivamente?

-Por lo que puede concluirse de las consultas iniciales, realizadas entre algunos dirigentes del peronismo, coexisten una variedad notable de motivaciones, entrecruzadas y contradictorias entre sí. Contra lo que suele pensarse, pocos centran su interés en una unidad a toda costa. Prima más bien la idea de erradicar de la conducción oficial a lo que se ve como residuos del cristinismo. Devolver al cristinismo al llano es visto como un paso previo para avanzar en objetivos imprescindibles, tales como posibilitar el recambio generacional, la capitalización hacia la opinión pública de las buenas gestiones provinciales y municipales, la consolidación de las nuevas figuras que emergen en el parlamento nacional y, sobre todo, el afianzamiento del poder de negociación y la buena relación con el gobierno.

Más que la necesidad de unificar al peronismo alrededor de un líder común que hoy por hoy aún no se divisa, se coincide en la necesidad de proteger los enclaves territoriales, amenazados por la consolidación política de Cambiemos. Existe un interés también compartido en desarrollar líneas de convivencia con un gobierno que, ahogado por la coyuntura, hace y deja hacer a los gobernadores, al tiempo que negocia en el Congreso hasta sus planes más importantes. Esta estrategia de "aproximación indirecta" ha permitido, por ejemplo, paralizar la reforma laboral del gobierno, un objetivo que difícilmente se hubiera logrado desde una perspectiva de pura confrontación.

En este sentido, un proceso que facilite la vuelta de líderes como Massa o la coexistencia pacífica entre caudillos locales y figuras emergentes presenta perfiles mucho más promisorios que una política de adversarios que solo puede terminar en la construcción de ese adversario frontal, casi caricaturesco que tanto necesitan las estrategias del PRO. En estos términos, la intervención operara como un factor de distensión y polarización que solo puede traer ventajas a las desconcertadas y desarticuladas fracciones internas de un peronismo derrotado que tarda en asimilar los resultados de la elección intermedia.

-¿Cuál cree que fue el impacto de la medida, que hasta el titular del radicalismo, Alfredo Cornejo, rechazó?

-Los rechazos fueron unánimes, pero insisto que muy poco sinceros. En el peronismo, de prosperar la intervención, todos ganan con el clima de distensión y con la posibilidad de que se consolide, ante un electorado muy prevenido contra el retorno del pasado, un peronismo renovado, institucional, sin caudillos ni figuras desgastadas y capaz de devolver al kirchnerismo a la intemperie.

En el gobierno se cree que intervención dispara la pirotecnia interna y genera una imagen de descontrol y perdida de rumbo. La imagen deseada es la de un peronismo que no puede consigo mismo, incapaz de recuperar un eje vertebrador, y que se debate en una lucha mortal entre facciones que se aferran a una simbología casi surrealista y a ideas ya superadas en la sociedad. Cualquier dirigente de primera línea de Cambiemos sabe bien que sus posibilidades de triunfar en primera vuelta dependen primariamente de la división del peronismo y especulan con que el shock de la intervención agudice las diferencias internas y conduzca a enfrentamientos aún mayores.

-¿Está Macri o algún sector del macrismo detrás?

-En el gobierno hay análisis diferentes y encontrados. Los operadores electorales trabajan para asegurar una oposición dividida, capaz de trasladar las peleas entre los dirigentes al plano del electorado. Especulan con la posibilidad de que una división de peronismo en tres o cuatro pedazos asegure una victoria en primera vuelta. Otros dirigentes, políticamente más experimentados apuntan con razón al hecho de que un peronismo abierto en su abanico de tres o cuatro fuerzas estará en condicione de atraer más votantes que un peronismo vertical, unido detrás de una figura de poca significación o bien de fuerte rechazo social de un 60% del electorado como podría ser Cristina Kirchner.

Está claro que quienes cuentan con mejores argumentos son los que piensan de esta segunda manera, en función sobre todo de la información política disponible. En los últimos meses los indicadores de intención de voto en caso de segunda vuelta han vuelto a mostrar una fuerte paridad, frente al registro de los últimos dos años que situaba a Mauricio Macri con alrededor del 55%, ante cualquier posible candidato del peronismo y a pesar de sus dificultades para alcanzar los registros de evaluación de desempeño con que comenzó su mandato.

No es de descartar que los operadores electorales del gobierno hayan favorecido el clima que llevo a la intervención. Sin embargo, no creo en una responsabilidad directa del gobierno, aunque descuento su entusiasmo inicial.

Creo que una lectura más atenta de las tendencias de voto generará en los próximos días mayor preocupación, lo cual incidirá en el temperamento a adoptar por la Cámara Electoral. Un peronismo con varios frentes -el populismo de CFK, la liga de gobernadores, los bloquees del Congreso, el peronismo sindical, los intendentes, entre otros colectivos emergentes- suma mas y mejor que un peronismo abroquelado en la resistencia a todo trance frente a un gobierno que cuenta con apoyos sociales escasos, aunque por ahora suficientes para congregar a una opinión independiente que lo lleve desde el 35% propio a los diez puntos adicionales, necesarios para un triunfo en primera vuelta.

-¿Ha podido medir la repercusión social de la intervención?

-La espectacularización de la política es un factor decisivo en la generación de sentimientos y reacciones anti políticas. Nadie cree en la seriedad y profundidad de los enfrentamientos que genera una situación del tipo de la intervención. Las querellas entre los dirigentes son vistas más bien como un torneo de egos y vanidades sin mayor sustancia ni trascendencia real para los intereses de la gente. Una larga serie de estudios internacionales demuestra que la primera y mas importante de las causas de apartamiento y rechazo a la política es precisamente esa sensación de que los enfrentamientos solo buscan manipular y polarizar al electorado. Sin embargo, la política profesional desdeña la importancia de este tipo de impacto.

Los políticos descuentan que ya no cuentan con la adhesión, la admiración y la confianza de la gente y solo aspiran a retener a cualquier costo el control de la agenda política y la capacidad para golpear al adversario. Es una lucha por el centro de la escena, sin importar las consecuencias y el precio político del esfuerzo.

-Ver a la dirigencia política ocupada y preocupada por algo tan trivial para el común de la ciudadanía, ¿no vuelve a restarle puntos a la política?

- No hay todavía estudios que permitan medir en profundidad el impacto de la intervención. Es probable que la Cámara Federal revoque la decisión y es entonces cuando convendrá sacar una fotografía más detallada del proceso y, sobre esa base, avanzar hacia conclusiones más profundas del episodio.

Si la Cámara mantiene la medida, estaremos entonces ante un síntoma inequívoco del secreto interés del gobierno en la continuidad de la intervención, con lo que tendremos un poco más claro el cuadro de responsabilidades. Está claro que aun manteniéndola, difícilmente pueda soslayar la necesidad de nombrar una figura neutral como interventor judicial. La idea de que una figura de ostensible militancia en uno de los extremos en pugna controla el proceso de normalización partidaria es sencillamente indefendible.

Sin embargo, la información social hasta ahora disponible permite estimar que todo lo que conduzca a reflejar mejor los matices de la identidad del peronismo será positivo para su proceso de recuperación. Es lo mismo que ocurre hoy por hoy en el radicalismo, con sectores que pugna por diferenciarse, en la seguridad de que la demanda social no pasa tanto por partidos unidos a toda costa detrás de un líder sino más bien por todo lo contrario.

Cuanto mejor estén reflejadas las diferencias y el pluralismo de orientaciones, mayor será la posibilidad de que los partidos, piezas fundamentales de cualquier sistema democrático, vuelvan a atraer a un electorado independiente, cada vez mayor en cantidad y calidad.

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26 de mayo de 2018 | 22:48
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