Las huellas del Camino de Santiago

Danila Delgado, psicóloga e instructora de yoga, comparte un hermoso paralelo entre su peregrinaje por el Camino de Santiago de Compostela y el caminar por la vida.

Luego de caminarlo, uno entiende que no hacen falta detalles. Uno comprende que al decir al otro "hice el camino", hay un respetuoso silencio, una sonrisa que vale más que mil palabras y que une corazones como plasticola al papel.

Es difícil de explicar la experiencia, como tantas otras cosas que requieren de una vivencia, porque se siente con todos los sentidos y para cada uno es diferente. Sin embargo, el Camino de Santiago tiene la particularidad de dar cuenta de una forma simple, clara y profunda, cómo somos realmente y qué vinimos a aprender.

Las historias alrededor del Camino incluyen a diversas religiones, múltiples culturas y miles de seres, quienes han transitado los mismos senderos y han dejado huellas invisibles. Hoy tengo la posibilidad de unir mi voz a estos relatos, aunque la experiencia aún la esté descubriendo meses después de haber cruzado el puente y dado el primero de muchos pasos.

Podemos estar tranquilos. No hace falta retirarse a un monte ni meditar en silencio, no hace falta irse a ningún lugar. Podemos hacer el Camino en nuestra ciudad o en la naturaleza, porque podemos encontrarnos al otro lado del mundo o en la punta de la nariz.

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Un Camino y varios senderos

En teoría existe un camino llamado "Camino de Santiago de Compostela", ubicado en su mayor parte en España. Digo en su mayor parte, porque en realidad el camino comienza en la puerta de nuestra casa y, como afirmó el poeta Machado, se hace "camino al andar". En este sentido, son variados los senderos y multicolores las banderas.

Históricamente, los romanos consideraban el Cabo Fisterra o Finisterre (en España) el "final de la tierra", porque era considerado el lugar más austral del continente europeo. Desde este tiempo existen evidencias de que las personas llegaban hasta este lugar. A pie o a caballo viajaban hasta allí, donde este último pedacito de tierra acariciaba el mar. Como es de imaginar, los caminos se fueron trazando a medida que se iban recorriendo y algunos llegaron a ser más comunes que otros.

No obstante, la popularidad del recorrido sólo ocurrió con el descubrimiento de las reliquias atribuidas al Apóstol Santiago en el año 812. El culto se extendió al resto de Europa durante el siglo IX, y para el siglo XV ya era uno de los centros emblemáticos de peregrinación de la cristiandad. Pero el cruce de culturas en este territorio hizo que, transitando los mismos senderos, pisando la misma tierra, mezclando intereses y religiones, se encontraran cristianos, moros y judíos.

Durante siglos, el Camino de Santiago de Compostela se ha convertido en un destino de creyentes, caminantes y curiosos. Se dice que es la ruta más antigua y concurrida del Viejo Continente y en 1993 fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Foto: Danila Delgado


La elección y las metáforas

Existen al menos cuatro caminos, que son los más conocidos y transitados: el Primitivo, el Francés, el del Norte y el Portugués. Todos llegan hasta la Catedral de Santiago de Compostela y se les asigna un lugar de inicio. Cada uno varía según los kilómetros, la cantidad de monumentos, los paisajes naturales, la disponibilidad climática, las opciones de traslado y la exigencia física.

Cuando afirmo que el camino comienza en la puerta de la casa del peregrino, quiero señalar el estrecho paralelismo entre el Camino, la elección de la ruta y la vida, puesto que en nuestra existencia diaria:

· Hacemos el camino

· A diario elegimos la distancia que queremos recorrer

· La compañía es opcional, no necesaria

· El tiempo es relativo

· Es necesario seguir las señales

Foto: Danila Delgado


El encuentro con el mismo camino

Desde hace algunos años mis rutinas cambiaron: los lugares que frecuentaba, la comida, las amistades, los trabajos, las relaciones, las ideas, la forma de verme y de ver la vida. Decidí hacer el Camino de Santiago antes de poder viajar y decidí comenzar el peregrinaje antes emprender la marcha.

Hacer el Camino implica caminar con lo justo y necesario, llevar lo mínimo e indispensable. Implica cargar con el propio peso y llevar la casa sobre la espalda. Se camina igual con lluvia, viento, sol, comida en la panza o sin ella. Se camina solo, en compañía, con niños, ancianos o perros.

Peregrinar implica que no existen domingos ni feriados, sólo una meta clara, como ese hilo de luz al amanecer. Una meta para la cual no existe preparación capaz de anticiparnos el encuentro con nuestra mente y cuerpo, que trabajan deliberadamente juntos.

Caminar vuelve la mirada hacia lo diminuto, detiene el ritmo del tiempo que los pasos están acostumbrados a dar. Marca la diferencia entre seguir las señales o seguir el celular que nada sabe sobre ellas.

Hace falta mucho amor para transitar todos los extremos y las polaridades que cada camino propone

"Dicen que todos los caminos conducen Roma". Podríamos ser un poco más generosos y decir: todos los caminos conducen a un mismo camino. Un mismo camino que incluye el acierto y el error, abraza el desvío y la ruta marcada, y nos pone de cara a nuestros miedos profundos y alegrías livianas. Un mismo camino que nos invita a ver la bondad de una cama después de un largo día y el privilegio de una ducha de agua caliente. Un camino al que no le importa el punto de llegada, sino el disfrute entre un albergue y otro.

Aprendí que nuestra grandeza para seguir caminando consiste en aceptar todo aquello con lo cual no podemos y amarnos. Amarnos más en la enfermedad que en la salud, en la adversidad que en la prosperidad. Amarnos, y este punto requiere una pausa, más en la pobreza que en la riqueza. Hace falta mucho amor para transitar todos los extremos y las polaridades que cada camino propone.

Existe un camino que nos enseña a compartir y tolerar las diferencias. Un camino que no sabe de clases sociales ni cuentas bancarias. Un camino que tiene un diccionario donde las palabras ayer y mañana aparecen borradas.

En este camino se saludan desconocidos, se habla de lo mismo en muchos idiomas, se confía y se cuida a la naturaleza. En este camino todos se reconocen peregrinos, se saben pasajeros y prescindibles. En este camino nadie es mejor ni peor por recorrer más kilómetros o llevar más tiempo despierto. Existen varios caminos que te llevan a un mismo lugar.

No importa cuál elijas, deseo que el escogido sea un BUEN CAMINO

Foto: Danila Delgado

Danila Delgado: Licenciada en Psicología. Instructora de Ashtanga Yoga. Cursa un Posgrado en Psicología Transpersonal. Hace algunos años comenzó su interés por los modos como familias y comunidades enseñaban a los niños y cómo en este proceso los adultos comenzaban a ser más conscientes de su verdadero ser y más amorosos con el entorno que los rodeaba. Actualmente, acompaña consultas personales, familiares y grupales, procesos de transición que incluyen la psicología, la meditación, la alimentación y la consciencia del propio cuerpo.

Contacto: Facebook: Danila Del Instagram: @daniladel