Qué debemos entender por vejez satisfactoria

Con el envejecimiento pueden despertarse alteraciones mentales de edades anteriores. Todo depende de la concepción de vejez que tengamos.

"Jamás un hombre es demasiado viejo para

recomenzar su vida y no hemos de buscar

que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será"

Miguel de Unamuno

"Mi papá ya no es el mismo. Antes era activo, sociable. Ahora no quiere salir. Le molesta que venga gente a casa"; "Estoy más irritable, discuto mucho con mi esposa, no tengo ganas ni de leer". Muchas veces por día escuchamos en consultorio quejas como estas.

Mi mamá siempre dice que la gente no cambia y que con los años, los defectos se acentúan. Saber popular o intuición, no está muy lejos de los descubrimientos de la ciencia.

Con el devenir de los años nos enfrentamos a un insufrible declive biológico, el deterioro somático es lo primero que se hace notar: arrugas, canas, dolores aquí y allá, generan una crisis de identidad, que suele ir acompañada de: alteraciones en las aptitudes físicas, dificultades económicas asociadas a la jubilación, cambios en las relaciones íntimas, disminución del interés, modificaciones en la vida familiar, disminución de la sensación de control sobre los acontecimientos, tendencia al aislamiento, etc. Todo este "paquete" puede generar vivencias de soledad e inseguridad, que modifiquen las conductas.

Abuelos tercera edad activos

Así, la vejez pasa a ser el período de los duelos, de la necesidad de establecer nuevas metas y desafíos, nuevos estilos de vida, nuevas relaciones. El éxito en lograr esto dependerá del el modo de ver la realidad. Del cómo percibamos los cambios dependerán las acciones que tomemos. Esta etapa de la vida no puede evitarse, sí podemos modificar el cómo envejecemos.

Según autores, una vejez sana va de la mano con la autonomía, con la independencia y lo ideal es que a esta altura de nuestras vidas aumenten la motivación y el interés, es lo que se denomina "vejez positiva", "vejez activa" o "vejez satisfactoria".

El modo en que envejecemos está determinado, en parte, por los sucesos vitales (todos aquellos momentos lindos y difíciles que hemos debido atravesar), por nuestra inteligencia y por nuestro estilo de vida. Una alimentación equilibrada, actividad física, desarrollo cognitivo, ausencia de malos hábitos (alcohol, cigarrillo) sumado a emociones positivas, garantizan salud y longevidad.

Por supuesto que el ambiente también influye, un medio restrictivo y con escaso apoyo a la tercera edad, determina y condiciona actitudes y hábitos.

Izal y Montorio (2007) definen tres formas de envejecer: reorganizadora (ancianos muy activos, que amplían su mundo de intereses y de relación); concentrada (personas que acotan su rango de preferencias pero pueden desarrollarse en una o dos actividades) y desvinculada (sujetos que se aíslan en su mundo de "viejo sin posibilidades", añoran sus años dorados de productividad, no pueden procesar las pérdidas y, por ende, no son activos).

Las personas que se encuentran en el último grupo son los sujetos que a lo largo de su vida han enfrentado las situaciones difíciles viendo el vaso "medio vacío" y no han podido desarrollar una actitud positiva frente a los cambios. Como consecuencia no hay salida posible, no hay opciones. Son más proclives a desarrollar alteraciones emocionales como ansiedad o depresión, que se asocian con alta mortalidad, aumento de riesgo de padecer demencia y otras enfermedades y suicidio.

Soledad vejez atardecer adultez abuelos

La ansiedad es un estado emocional que se caracteriza por síntomas de malestar, aprensión y preocupación excesiva ante los acontecimientos que se conciben como de amenaza potencial. Suele acompañarse de trastornos somáticos como taquicardia, tensión muscular, cefaleas, sudoración, sensación de ahogo, fatiga, alteraciones del sueño y digestivas, etc.

A través de varios estudios realizados (Robins y Regier, 1991; Beekman y cols., 1998; Saz y cols., 1995) se ha concluido que globalmente los trastornos de ansiedad afectarían al 10-12% de las mujeres mayores de 65 años y al 5-6% de los varones.

La depresión se caracteriza por una tristeza profunda, sentimientos de culpa, autoimagen negativa. Es importante diferenciar la tristeza ocasional, relacionada con las pérdidas, que sería una respuesta lógica de un duelo, de la tristeza patológica, en la que el pesimismo, la pérdida del interés, disminución de energía, fatiga, insomnio, alteración del apetito, baja autoestima, pérdida de memoria, lentitud, apatía, cobran protagonismo. La depresión es considerada como altamente discapacitante en la tercera edad y como predictora de aumento de enfermedades físicas y riesgo de muerte.

En ambos casos, para realizar un correcto diagnóstico resulta imprescindible la valoración del estado físico del paciente, de la medicación, de la historia vital, del funcionamiento cognitivo, para poder diagramar una terapéutica adecuada.

Resumiendo, una vejez autónoma, rica en experiencias y posibilidades, se asocia con actividad física, buena alimentación, ausencia de malos hábitos y, por sobre todas las cosas, actitud positiva frente a los cambios. De esto último dependerá que se perciba a la tercera edad no como una etapa de pérdidas, sino como una etapa de nuevos desafíos.

Porque lo triste no es envejecer, lo triste es perder la pasión.

Lic. Cecilia C. Ortiz /Mat.: 1296

licceciortiz@hotmail.com

Opiniones (1)
18 de junio de 2018 | 01:47
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18 de junio de 2018 | 01:47
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  1. "Es importante diferenciar la tristeza ocasional, relacionada con las pérdidas, que sería una respuesta lógica de un duelo" ¿Tristeza ocasional la pérdida de un ser amado? ¡Ésta no tiene idea! Cuando pierda alguien directo como un hijo, reverá su planteo teórico.....
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