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Champions: lógicas y fantasmagorías "coperas"

La mística copera del Real Madrid prevaleció sobre los millones que invirtió Paris Saint-Germain para conquistar su obsesión: "la Orejona".

La plena demostración de autoridad que dio el Real Madrid en el Parque de los Príncipes ofrece el doble valor de despabilar a quienes habían cometido la osadía de descartarlo como un posible ganador de la Champions League y al tiempo pone sobre la mesa un elemento abstracto que, sin embargo, en el fútbol es más verdadero que la mismísima verdad: la estirpe copera.

Estirpe, linaje, prosapia, como se llame, que es inherente al Real Madrid en general y a su impronta ganadora en particular, valores que en el específico caso del París Saint-Germain jamás han trascendida las fronteras de la liga francesa.

No aludimos, claro está, a una pugna de ricos versus pobres, nada más lejos de eso: Real Madrid/París Saint-Germain, en el orden que se prefiera, son dos de los clubes más poderosos de cuantos hay.

Pero mientras el Real Madrid ostenta 116 años de historia y una virtuosa persistencia en las competencias internacionales, con un equipo actual de rodaje y aptitud probados en el más alto nivel, los jóvenes 47 años del París Saint-Germain y la montaña de euros desembolsados por su dueño qatarí apenas si dan para conquistar la Liga 1, y no siempre: en la que está en curso ya le ha sacado 14 puntos al Mónaco pero en la inmediata anterior el campeón fue Mónaco.

La Champions, se sabe, es la tortuosa obsesión de Nasser Al-Khelaifi, ex tenista, magnate petrolero dueño de la cadena Bein Sports, uno de los 100 hombres más ricos del planeta y el hombre que a comienzos de la temporada ni pestañeó a la hora de poner 400 millones de euros para quedarse con las destrezas de Neymar y Kylian Mbappé, así como antes había puesto otros 464 por Edinson Cavani, Ángel Di María, Javier Pastore, Thiago Silva, Marquinhos, sigan firmas, sin contar el sideral contrato de Unai Emery, el entrenador vasco que había llevado al Sevilla a la conquista de la Europa League en tres temporadas consecutivas.

Desazón PSG

Emery, ya en la cuerda floja, había liderada la insólita debacle en el Camp Nou, cuando tras vencer al Barsa 4-0 en París el PSG cayó 6-1 en la revancha tras recibir tres-goles-tres en los últimos siete minutos y así como no dio la talla entonces, tampoco la dio ahora, ni en la correcta elección de los titulares disponibles en un menú copioso, ni en los cambios, ni el mínimo, vital y móvil de dotar a su equipo de variantes estratégicas y al tiempo fomentar la indispensable fórmula de la cabeza fría y el corazón caliente.

Por alguna insondable razón sí de eso sabe Zinedine Zidane, menos entendedor que Emery en el trazo fino del pizarrón, pero en cambio un mucho mejor administrador de egos y motivaciones.

El Real Madrid podrá sufrir caídas pronunciadas, despistes, crisis internas, malas rachas; podrá perder con Betis en el Bernabéu, con Girona, con Espanyol, o empatar con Levante, pero a la hora de entrar a la cancha para jugar un mano a mano de la Champions la pasmosa mayoría de sus de por sí grandes jugadores rinde en su nivel, o incluso mejor de lo que lo venía haciendo, y el todo, el colectivo, el rompecabezas, cobra una armonía y un vigor difíciles de sobrellevar por sus rivales.

Con Cristiano Ronaldo en clave de buque insignia, cuyas marcas, las del luso, en la célebre "Orejona" son de fábula (119 goles y 57 de ellos en octavos, cuartos, semifinal o final), sin que se agoten en él; veteranos como Sergio Ramos, maduros como Casemiro o jóvenes como Marco Asensio se alimentan del riesgo y de la recompensa que supone competir en la máxima pulseada en grado de clubes.

"Nosotros creemos en lo que hacemos", simplificó Zidane, y habrá que saber en qué creyó y en qué cree ahora Emery y en qué creerá el multimillonario Al¬-Khelaifi, decepcionado, cauto ante los micrófonos y a la vez sensato: "Ganar la Champions es un proceso muy lento".

Lento y cada vez más lejano de unos cuantos que supieron ganarla cuando se llamaba Copa de Europa: entre otros el Steaua de Rumania, Estrella Roja de Belgrado, y Hamburgo, Nottingham Forest, Aston Villa, que hoy ni siquiera juegan en la liga mayor de sus países.

Hay más de 300 mil clubes reconocidos por la FIFA, 39 jugaron la final de la Champions por lo menos una vez y solamente 21 coronaron.

Real Madrid es el que más finales ha jugado (15) y el que más veces la ha ganado, una docena.

Eso ya es historia, pero no es historia sino más bien presente pulposo la certeza de que ninguno está autorizado a soñar con dar la vuelta olímpica el 26 de mayo en Kiev; ni el Barcelona de Lionel Messi, ni el Manchester City de Pep Guardiola, ni el Bayern Münich, ninguno, si no sabe cómo podrá hacer para dar cuenta del Real Madrid.

Walter Vargas (Télam)


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17 de julio de 2018 | 18:56
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