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Reveco: el tiempo no para

El mendocino nada debería tener para reprocharse, porque dio todo hasta el límite de su potencial, de su presente y de sus circunstancias.

El mendocino Juan Carlos Reveco nada debería tener para reprocharse, puesto que todo lo dio hasta el límite mismo de su potencial, de su presente y de sus circunstancias: perdió, y de forma categórica, ante un rival, el filipino Donnie Nietes, que lo superó anoche en ciencia, en lozanía y en capacidad de ejecución.

Cinco fueron los rounds en los que "Cotón" Reveco persistió en la iniciativa y en la búsqueda de dominar a un adversario que parecía moverse en cámara lenta y dosificaba el lanzamientos de golpes, eso sí, que destacaban por la pureza de su factura.

Y tanto fue y fue Reveco, con escaso rédito, y tanto administró Nietes, que buena parte de los espectadores que se dieron cita en el Forum de Inglewood se sintieron defraudados e impulsados al hiriente abucheo.

¿Resulta que las maravillas que se hablaban de Nietes y sus deseos de pisar fuerte en los Estados Unidos eran equívocas golondrinas de los videos de YouTube?

Y no, resultó que no, resultó que se trataba de un meditado plan de desgaste que el argentino sufriría por imperio de dos factores inapelables: una carrera fatigosa y la mella de una actividad intensa sin correspondencia entre la cantidad y la calidad.

Apenas si a cuentagotas el "Cotón" encontró la distancia adecuada para descargar los ascendentes de zurda, sus preferidos, al tiempo que el campeón mosca de la FIB insinuaba una apreciable superioridad técnica y una derecha certera y picante.

Certera, picante y contundente, al cabo, la que llegó al rostro de Reveco a punto de terminar la sexta vuelta.

Lo que quedó, ese puñado de segundos de la séptima, no fue más que un protocolo que terminó de poner las cosas en su lugar: ya no había pelea, Nietes la aseguró y desde el rincón de Reveco llegó el oportuno y piadoso pedido de persianas bajas.

Nietes, va de suyo, tendrá la posibilidad de escribir otras páginas luminosas en clave de desmentida al prejuicio de que los nacidos en las Filipinas deben de ser peleadores frontales de destrezas escasas: el hombre boxea muy bien, extremadamente bien.

Y Reveco, que ya en su otoño (34 años) cumplió con su sueño de subir a un cuadrilátero en el meca del boxeo, tropezó con la doble oposición de la excelencia del adversario y la inclemencia del Padre Tiempo, debería ahora disponer de varios caminos a mano, bien que se los ha ganado.

Pero ojalá que no sea el de la mortificación: ha labrado una campaña excepcional, poblada de triunfos, de títulos y de un lustre que nada ni nadie habrán de quitarle.

Walter Vargas (Télam)


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25 de mayo de 2018 | 14:38
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