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Independiente perdió la Recopa en los penales

El Rojo aguantó con diez más de la mitad del partido, llevó al equipo de Porto Alegre a la definición pero falló el tiro del final. Cayó 5 a 4 pero vale resaltar el esfuerzo y la actitud que lo mantuvo cerca de la hazaña.

En el fútbol no hay un manual y pocas veces manda la lógica. No siempre gana el que juega bien y, mucho menos, aquel que es merecedor. Sin embargo, en Brasil primó el sentido común: Independiente jugó mal, no elaboró juego, no fue protagonista ni tuvo la pelota y, aunque hizo un esfuerzo enorme y dejó el corazón en la cancha, se quedó sin la Recopa Sudamericana tras caer ante Gremio en la definición por penales.

Bastaron los primeros minutos del partido para ver que, a diferencia del duelo de ida en Avellaneda, esta vez el Rojo sí jugaría el encuentro como juegan la mayoría de los equipos en una final: con mucho nerviosismo y muy poca claridad. 

Fue una sombra del que se vio en el 1-1 en el Libertadores de América, ese que les permitió a sus hinchas soñar no sólo con la estrella 18 que le permita alcanzar a Boca en títulos internacionales, sino también con la posibilidad de ir por la Copa más importante del continente.

Los de Holan no presionaron, no tuvieron la pelota ni crearon sociedades. Para colmo, sobre el final del primer tiempo, el VAR volvió a dejar al conjunto argentino con uno menos: Amorebieta fue expulsado correctamente por un planchazo a Luan.

Sin embargo en el complemento, cuando se creía que Gremio se aprovecharía de la superioridad numérica y de la ansiedad del visitante, el Rojo aguantó. Tuvo eso que muchos dicen que hay que tener en una final. 

Algunos lo llaman mística copera, otros le dicen "garra". Los más racionales, en cambio, dirán que Independiente fue inteligente. De una u otra manera, lo logró: sostuvo el resultado, con algunos sobresaltos que pudo amortiguar Campaña, y obligó a ir al alargue.

Y en esos 30 minutos Independiente hizo soñar a su gente. Quizá fueron las palabras de Ariel Holan, que reunió a sus muchachos en el pequeño descanso que tuvo antes del segundo tiempo suplementario, las que estimularon al Rojo para seguir aguantando hasta la definición por penales. 

Tal vez fueron las enormes atajadas de Campaña, que le permitieron seguir con vida o la jugada que no pudo terminar Figal, que sólo la tenía que empujar, que le dio esperanzas hasta el final al conjunto argentino. O fue todo eso junto.

Lo cierto es que el esfuerzo de los jugadores, su convicción e inteligencia -y el arquero uruguayo- le dieron al equipo argentino una oportunidad más en Brasil. Pero, en la definición desde los 12 pasos, Marcelo Grohe le contuvo el tiro a Martín Benítez y Gremio gritó, merecidamente, campeón. (Goal)

El último penal 

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21 de julio de 2018 | 18:41
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