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Esto dijo el único obispo que habló de abusos en el Próvolo

Afecto a la escritura, la reflexión y las redes, sin escaparle ni esconderse de su rol, el obispo de San Francisco, Sergio Buenanueva, dijo esto.

Fue en la edición de noviembre de la revista católica Criterio, pero vale. Quien fuera obispo auxiliar de Mendoza cuando una serie de casos de abuso ocurrían en dependencias de la Iglesia, Sergio Buenanueva, recordó esta semana aquel artículo, a raíz de las polémicas abiertas por la visita papal a Chile y el caso del obispo Juan Barros en el caso Karadima. "Abusos sexuales en la Iglesia: romper el silencio", se llama, y mencionó allí lo sucedido en el Instituto Próvolo de Luján de Cuyo que aun está bajo investigación judicial, en una causa bastante enredada.

Buenanueva ya había sido tajante en marzo del año pasado: "Los abusadores tienen que ir a la cárcel", dijo.

"Como ocurriera ya en otras latitudes -escribió Buenanueva- algunos casos concretos han sacudido a la opinión pública, animando a las víctimas a sacar a la luz el drama vivido. El largo proceso del Padre Grassi o las investigaciones en curso al Instituto Próvolo de Mendoza son algunos de los más clamorosos. El efecto dominó generado, según mi opinión, recién está tomando impulso". 

Abusos iglesia

Luego, enumeró los tres aspectos, "distintos, pero vinculados entre sí", de los casos de abuso: "En primer lugar, al daño sufrido por las personas abusadas que intentan sobrevivir a esa experiencia (menores, discapacitados, adultos vulnerables y sus familias). En segundo lugar, a la inadecuada respuesta de los responsables de la Iglesia (obispos y superiores) que se ha mostrado no solo errada sino verdaderamente fatal. Por último, la situación de los clérigos y consagrados que se han precipitado en estos delitos y cuyo deterioro humano, espiritual y moral nos deja punzantes interrogantes".

Buenanueva consideró que "con distinta intensidad, estos tres aspectos han sacudido fuertemente a la sociedad generando ira, desazón, desconfianza y rechazo hacia la Iglesia. Las víctimas, y quienes les son cercanos, suelen añadir también una nota de fuerte escepticismo hacia las declaraciones de la Iglesia sobre el tema, incluidas las del mismo Papa. Obviamente, todo esto ha despertado el interés de los medios de comunicación. Su tarea de investigación y difusión, sobre todo las más rigurosas y documentadas, combinada con la valentía de las víctimas en denunciar, ha sido factor decisivo para que esta crisis tomara estado público, obligando a la Iglesia, a las autoridades civiles y a la misma sociedad, a hacerse cargo de este problema".

El impacto hacia adentro de la Iglesia

Buenanueva consideró, además, lo siguiente:

 Sergio Buenanueva

Buenanueva con el papa Francisco.

- "No tenemos que minimizar tampoco el impacto de esta crisis en la misma comunidad eclesial: en los sacerdotes, en las comunidades cristianas, en los laicos. La crisis sacude fuertemente la conciencia creyente de los católicos. ¿Podría ser para menos? Tanto sufrimiento ¿no tiene que convertirse en un grito de indignación dirigido a Dios? Superados los primeros momentos de sorpresa y desconcierto, han comenzado a surgir inevitablemente algunas preguntas incisivas: ¿cómo ha sido posible todo esto? ¿Cómo puede ser que un cura desbarranque de esta manera? ¿Qué dinámica espiritual se ha desatado en un consagrado para llegar a semejante abuso emocional, de conciencia y finalmente sexual? ¿Nadie vio ni dijo nada? ¿Qué hicieron nuestras autoridades eclesiales? ¿Y las casas de formación? ¿Cómo fue posible que perdiéramos de vista la real gravedad del problema que no está en la credibilidad y buen nombre de la Iglesia, sino en la víctima agredida y en el inmenso daño infligido?".

- "En muchos casos, la sorpresa inicial ha devenido en sana rebeldía e indignación. Lo cual no es malo. Sobre todo, si los "indignados" son laicos. He podido observar que esa indignación suele desembocar, al menos en algunos, en un compromiso de fe más adulto. Sienten a la Iglesia como "su" Iglesia, y se descubren interpelados a dar su aporte en la lucha contra los abusos. Es, a mi modo de ver, uno de los signos más alentadores que está dejando esta crisis en las Iglesias que ya la han vivido. Podemos aprender de esta experiencia".

- "Ha sido fundamental que, en todo este drama, se rompiera el silencio y comenzáramos a discutir esta problemática, más honda de lo que hubiéramos imaginado. Nos ha llevado a la oración. Solo el Silencio del Dios Crucificado puede arrojar luz sobre la oscuridad de este mal. Este "romper el silencio" ante los abusos no es solo condición indispensable para que los casos salgan a la luz y se haga justicia, sino que también es un criterio de fondo para el capítulo fundamental de la prevención".

- "Los hechos de abuso sexual protagonizados por clérigos son la punta de una trama más enredada que es necesario desenmarañar. Sacan a la luz no solo problemas personales, sino dinámicas eclesiales deformadas que necesitamos identificar para corregir. Los abusos sexuales suponen un sistema inadecuado de relaciones que los favorece y hace posibles. No es un dato menor para la comunidad eclesial. Pensemos, por ejemplo, en la docena de fundadores de nuevos institutos religiosos que están hoy involucrados en estos aberrantes delitos, en lo que viven los miembros de esas comunidades y la deriva de sus obras. ¿No vamos a preguntarnos a fondo porqué pudieron prosperar durante tanto tiempo en la Iglesia? Es una pregunta que, sobre todo los pastores, no podemos eludir".

- "Si nos sobreponemos a la repulsa de pensar en un adulto violentando sexualmente a una persona vulnerable, es posible ver con mayor claridad teológica el núcleo del problema. Aquí, el comportamiento sexual transmite un mensaje a decodificar. Si toda forma de abuso sexual, protagonizada por célibes y no célibes, es básicamente un abuso de poder, lo que está en cuestión es, en definitiva, el modo de vincularnos las personas, cómo nos percibimos y que uso hacemos de la natural asimetría que se da, por ejemplo, entre un sacerdote y un joven, entre un formador y un seminarista, entre un obispo y sus fieles".

- "Este dato, para la conciencia eclesial, es precioso. La Iglesia es sacramento de comunión que involucra a las Personas divinas con las personas humanas. Además, el ministerio pastoral ubica al ministro ordenado en una rica trama de relaciones. La figura del pastor es esencialmente relacional y al servicio de la comunión. El servicio no es, primariamente, un imperativo moral. Es un rasgo cristológico que define la naturaleza de la Iglesia y del ministerio pastoral. ¿Cómo se ayuda entonces a un seminarista a asumir como forma de existencia personal la forma servi de Cristo? El pastor es signo sacramental de Cristo Cabeza. Pero, para ser cabeza y pastor de la comunidad debe vivir antes la condición de hermano, esposo y servidor, a imagen de Jesús. En la Iglesia, sacramento universal de salvación, lo humano es esencial: es la expresión visible del misterio de comunión. Cuenta, por tanto, la buena salud del sistema de relaciones que constituye la trama de una iglesia diocesana, de una parroquia o de un seminario".

- "Los obispos argentinos tenemos la problemática de los abusos en nuestra agenda desde el año 2010. Después que Benedicto XVI mandara que cada conferencia episcopal adaptara la nueva normativa canónica sobre los abusos, la Conferencia Episcopal Argentina, preparó unas Líneas Guía, aprobabas en 2013. Con el visto bueno de la Congregación de la Fe constituyen el protocolo de acción hoy en vigencia para responder a las denuncias. Estas Líneas han sido muy bien recibidas por los obispos. Dan claridad y agilidad a un proceso que antes se mostraba más oscuro y engorroso. Son, sin embargo, perfectibles. Entre otros, hoy se discuten estos puntos: sentido exacto del secreto pontificio, pronta colaboración con la justicia secular, transparencia e información a las víctimas de los procesos en curso, información a la opinión pública, etc. Un capítulo aparte es el de las penas proporcionadas a este delito. Por una parte, soy de la opinión que el recurso a la justicia secular es indispensable: el clérigo abusador debe responder ante ella. Tenemos que trabajar proactivamente para mejorar nuestra colaboración con la justicia de nuestro país. Desde un punto de vista eclesial, opino que, un solo caso de abuso afecta la idoneidad del clérigo para ejercer el ministerio. La pena adecuada no es otra que la dimisión del estado clerical. De todos modos, existe hoy una saludable discusión en la Iglesia sobre estos temas".

- "Recientemente se ha abierto otro capítulo en el abordaje del problema por parte de la Conferencia Episcopal Argentina. En la 113 Asamblea Plenaria del pasado mes de mayo, los obispos aprobamos la creación de un "Consejo pastoral para la protección de Menores y Adultos vulnerables". Su finalidad fundamental es abordar la prevención de los abusos. Hemos aprovechado la experiencia de otros episcopados y de la Santa Sede en esta materia. Entre sus objetivos está la capacitación de agentes de pastoral: desde los propios obispos hasta los laicos que trabajan en parroquias y colegios católicos. El criterio básico es romper el silencio. El abuso es visto como abuso de poder que se expresa a través de comportamientos sexuales. El enfoque es sistémico, atento a todas las dimensiones de esta compleja realidad. Busca también trabajar en red con el estado y otras organizaciones civiles que se ocupan de este problema social. Busca procurar también que cada diócesis constituya una comisión similar. Las arquidiócesis de Paraná y Mendoza han dado pasos en esta materia. Habrá que observar su aprendizaje".

- "¿Son suficientes estos pasos? ¿Están en la buena dirección? ¿Qué camino tenemos por delante en la Iglesia argentina? ¿Qué decisiones y pasos a dar en la Conferencia Episcopal, en cada diócesis, pastores y comunidades?".

Agregó al final de su nota:

- "Amedeo Cencini acaba de publicar una investigación que lleva el sugerente título: "¿Ha cambiado algo en la Iglesia después de los escándalos sexuales?" (Sígueme 2016). Repasa con realismo los pasos dados, pero también los numerosos escollos que todavía quedan por superar. En breve: hay declaraciones de los Papas y normas canónicas muy claras. Sin embargo, la cultura que hizo posible los abusos y su encubrimiento sigue presente en demasiadas mentalidades, tanto laicales como clericales. El trabajo por delante se presenta arduo".

- "Al inicio de este artículo me he preguntado si la Iglesia en Argentina estaba preparada para esta crisis. No tengo una respuesta sencilla y definitiva. Yo mismo me lo pregunto, una y otra vez. Puedo dar testimonio de la seriedad con que los obispos argentinos han asumido el tema. Me ha tocado guiar sus reflexiones en varias ocasiones, siempre con la sensación de estar provocando mucho dolor e inquietud. He podido constatar también que esta dolorosa y difícil problemática necesita tiempo para que madure la conciencia sobre las dimensiones del problema, se superen algunos enfoques parciales o errados y, sobre todo, se asuman con humildad los errores y, de esta forma, se esté en condiciones de aprender a dar una respuesta no solo eficaz sino profundamente evangélica a los desafíos que esta crisis ha sacado a la luz. Experimento en todo este proceso un fuerte sentido penitencial como camino de una Iglesia en estado de purificación. O de conversión pastoral, como señala Francisco".

- "El punto clave, desde el Evangelio, es enfocar esta crisis con la mirada de Jesús, el buen samaritano, que es la mirada de las víctimas. En algunas diócesis del país se han dado pasos en esta dirección. No es fácil, pues en esta fase de la crisis, las víctimas desconfían de nosotros, de nuestras reales intenciones y de la capacidad que tengamos de cambiar realmente. Sin embargo, hasta tanto no se dé esta apertura a las víctimas - como ya lo han experimentado otras Iglesias hermanas y los mismos Papas Benedicto y Francisco - no vamos a estar en condiciones de procurar una respuesta a fondo a este drama humano que sacude a la Iglesia. Porque la Iglesia ha sido herida: las víctimas de los clérigos abusadores son, en su inmensa mayoría, bautizados que nos fueron confiados y a quienes no supimos proteger. Como creyente y como pastor escucho aquí la llamada del Señor".

Opiniones (2)
21 de agosto de 2018 | 15:16
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21 de agosto de 2018 | 15:16
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  1. Hay tres pasos a seguir: 1- reconocer el error 2- buscar donde está el origen y 3- dedicarse a destruirlo. El celibato debe ser ejercido por quienes tienen ese estado espiritual avanzado y en la mayoria de los casos debe constituirse una familia y paralelamente ejercer la vocación quien esté en condiciones de hacerlo para evitar estos abusos. Ayer tuvimos la inquisición y hoy es la inquisición sexual. El pasaje de Jesús fué de humildad sin dogmas ni misterios y hoy todavía estan los mercaderes dentro del TEMPLO, ejerciendo la prostitución a las ideas DIVINAS. LLegará la Nueva Religión Mundial para la Humanidad, cuando estemos trabajando para eliminar de nuestras MENTES la gran herejía de la separatividad. El CREADOR está por sobre todas la religiones antropomórficas . Cuando empecemos a mirar a nuestro PADRE como el padre de toda la humanidad. Volveremos a encontrar la senda que dejó el carpintero de judea. UN ABRAZO A TODOS MIS HERMANOS
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  2. Curita. El estudio sicólogo te lo aclarará. Esta el cura macho hombre libre se sexo nunca será pedófilo. El cura macho nunca será pedófilo pero se come a tu hermana o tu vieja si lo buscan. Esta el cura gay pedófilo que como antes eran rechazados socialmente se metían a cura y su naturaleza los traicionó el problema es que se les arma la cagada con el inadi que hace efecto mordaza. Mdz sigan censurando!!!
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