Dos décadas después, Bellatin revisita su mejor obra

El escritor mexicano revela en su celebrada "Salón de belleza" cómo el protagonista resigna su búsqueda estética para asumir un mandato ético velando por los moribundos.

Publicada en 1994, Salón de belleza es la novela más importante del mexicano Mario Bellatin, considerada por muchos de sus exégetas como un clásico contemporáneo de la literatura latinoamericana. 

Consciente del peso que tiene este libro en su obra siempre marcada por la innovación y el riesgo artístico, el creador de la Escuela Dinámica de Escritores la pulió hasta el mínimo detalle para devolverla aggiornada a una nueva generación de lectores. "Fue como devolver su esplendor a un antiguo jardín", analiza Bellatin acerca de este trabajo de "desbrozo, exhaustivo hasta casi llegar a lo invisible".

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Salón de belleza es el símbolo de una mutación. O de dos, para ser más precisos. El espacio físico en sí, donde funcionaba una peluquería que deviene en "moridero"; una aproximación al limbo donde aquellos que tienen los días o las horas contadas encuentran un lugar para morir en paz.

La otra transformación tiene que ver con quién creó ese salón con ínfulas estéticas y que al cabo de los años encuentra el sentido de su vida en darle a la muerte una recepción acorde con su trascendencia.

La soledad acechante, el desamor, la necesidad de no empatizar con los moribundos, definen a un protagonista que encuentra su razón de ser en ese ir muriendo paralelamente a sus eventuales inquilinos.

Basada en un hecho real, Bellatin cuenta cómo fue su encuentro con la historia madre: "Partí de una noticia que encontré en un diario. Allí decía que había un peluquero que recogía enfermos de sida en un barrio marginal de Lima. Esta anécdota me pareció que podía ofrecer un espacio rico para crear. A partir de ese momento ingresó mi propia invención".

Una invención que se nutre de las escapadas nocturnas del peluquero para travestirse sin frenos ni culpas, su afición por los acuarios domésticos y los peces ornamentales y la presencia excluyente de esos cuerpos putrefactos que son la contracara de aquella belleza a la que aspiraba en los comienzos su emprendimiento comercial.

Un fragmento de Salón de belleza define su núcleo y su credo: "Como creo haber dicho en algún momento, los médicos y las medicinas están prohibidos en el salón de belleza. También las yerbas medicinales, los curanderos y el apoyo moral de los amigos o familiares. En ese aspecto, las reglas del Moridero son inflexibles. La ayuda sólo se canaliza en dinero en efectivo, golosinas y ropas de cama. No sé de dónde me viene la terquedad de llevar yo solo la conducción del salón".

En esa batalla personal por hacer algo para sí haciéndolo por los demás, el peluquero humanitario sabe que haber evitado que sus protegidos "perecieran como perros en medio de la calle" no es más que un antídoto contra su propia soledad. Él también podría ser uno más de los que mueren sin testigos, bajo el silencioso amparo de la noche.

Rubén Valle

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Salón de belleza

Mario Bellatin
Alfaguara
96 páginas
$229


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19 de julio de 2018 | 17:10
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