Siete palabras bellas para vestir el mundo

¿Sabés qué significa "ataraxia", "melifluo" o "petricor"? Explorá la profundidad de estos términos y su capacidad para cambiar el pensamiento.

Vivimos en un mundo fluctuante y crítico. También se lo puede definir como: complejo, peligroso, ruidoso, inseguro o acelerado, y así podríamos continuar con una lista extensa de adjetivos con connotaciones negativas para definir nuestra realidad.

Los relatos del mundo y las palabras que se usan en medios, redes sociales y comunidades imprimen características a nuestro entorno, lenguaje y mirada. Si observamos con detenimiento, de nuestras bocas a veces surgen adjetivos, descripciones y juicios que son una continuación de la narración dominante. Estas visiones de la realidad tienden a centrar el foco en aquello que falta o es defectuoso, y el resultado pocas veces contribuye a la construcción de armonía, belleza o paz.

El camino fascinante de autoconocimiento pasa también por reconocer nuestras palabras, definiciones y concepciones.

El filósofo y escritor norteamericano Daniel Dennett afirmó: "No hay paso más grande, más explosivo ni más trascendental en la historia del diseño de la mente que la invención del lenguaje". Las palabras configuran nuestro pensar, sentir y actuar. Nos ayudan a definir, diferenciar, comprender imaginar; nos posibilitan conectar, disentir, amar, unir, y nos guían a diseñar, proyectar, dirigir, ejecutar.

Foto: Dustin Lee

Foto: Dustin Lee

El camino fascinante de autoconocimiento pasa también por reconocer nuestras palabras, definiciones y concepciones. Ellas revelan la historia de nuestras ideas y la forma como habitamos el mundo. Sin embargo, esta travesía por nuestro lenguaje no es solo de análisis, también es de acción. Tenemos el poder de ampliar nuestro léxico, nombrar experiencias que usualmente pasan desapercibidas y usar el lenguaje como arcilla para modelar nuestras ideas, emociones y creaciones. En palabras del poeta inglés Samuel Jhonson: "El lenguaje es el vestido de los pensamientos".

Hoy proponemos cultivar la riqueza del lenguaje: explorar su sonoridad, diversidad y capacidad para ampliar nuestra mirada. Asumamos una búsqueda de la belleza en las palabras, para que nuestro entorno adquiera color.

Compartimos siete bellas palabras para comenzar a probar nuevos vestidos para nuestro pensamiento:

Ataraxia: Palabra de origen griego, que significa imperturbabilidad, serenidad.

Bonhomía: Proveniente del francés, define la sencillez, bondad y honradez en el carácter.

Inefable: Adjetivo de raíz latina que expresa aquello que no se puede explicar con palabras.

Melifluo: De origen latino, significa originalmente "que destila miel". Se emplea para calificar alguien dulce, suave, delicado y tierno en el trato o en la manera de hablar.

Petricor: Término de origen anglosajón empleado para definir el olor que produce la lluvia al caer en los suelos secos.

Resiliencia: Palabra que llega a nuestro idioma del inglés, pero tiene raíces latinas. Hace referencia a la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.

Serendipia: Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.