¿Qué es el mobbing y cómo afecta mi cerebro?

Persecución, agravio, presión psicológica...¿puede nuestro cerebro lidiar con esto? ¿O se da por vencido? ¿Qué hacer ante tanta amenaza?

"Los individuos más débiles del grupo se coaligaban para atacar a otro más fuerte", Konrad Lorenz.

Víctima de mobbing, María José me decía: "creo que ha terminado afectando mi forma de pensar, de enfrentar problemas".

"Mobbing" viene del verbo inglés "to mob", que significa atacar con violencia. El etólogo Konrad Lorenz fue el primero en utilizar este término para hacer referencia a las conductas ofensivas de especies de animales pequeñas hacia animales más grandes.

En el año 1990, el alemán Heinz Leymann, doctor en Psicología del trabajo, usó la palabra para referirse a aquellas situaciones en las que "una persona ejerce violencia psicológica de forma sistemática, recurrente y durante un tiempo prolongado en el lugar de trabajo, sobre otra persona (o personas), con la finalidad de destruir su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr que esa persona abandone su lugar de trabajo". En España fue traducido como "acoso laboral", e incluye conductas de ataque físico y/o psicológico.

En nuestro país, la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OVAL) realizó un informe estadístico en 2006, que acusó que, la mayoría de personas que sufren acoso laboral se encuentran entre los 26 a 45 años de edad, siendo la mayor proporción, mujeres. El 89 por ciento de los casos son de violencia psicológica.

El profesor Iñaki Piñuel, especialista en mobbing, trabajó durante mucho tiempo en el proyecto CISNEROS (destinado a detectar este fenómeno dentro de las empresas). Descubrió que es común en aquellos casos en los que no puede despedirse al trabajador. El inicio del acoso suele ser sutil, a modo de comentarios o conductas "inofensivas". La persona que lo sufre suele ser criticada por su incapacidad para llevar a cabo ciertas tareas. Cabe aclarar que es altamente probable que nunca antes haya recibido reproches por esto.

Al principio, la situación puede ser tomada de manera liviana, pero cuando se perpetúa en el tiempo, se hace difícil de soportar. Esto se agrava cuando la reputación entra en juego.

La situación lleva a innumerables consecuencias psicológicas, como irritabilidad, tristeza, culpa, tendencia al aislamiento, todo repercute en el ambiente familiar y social. Las personas pueden llegar a modificar su forma de ser. Obviamente, la autoestima se ve minada.

Desde luego que el rendimiento laboral también se resiente y la relación con los compañeros se hace difícil.

Mobbing chismes acoso laboral

¿Qué ocurre a nivel cerebral? El estrés que genera la violencia hace que aumenten los niveles de cortisol (hormona secretada por la glándula suprarrenal). Está demostrado que la alta disponibilidad de esta hormona atrofia una estructura llamada hipocampo, que se encarga de consolidar información, con lo cual, aparece disminución de memoria a corto plazo, dificultad para aprender información nueva, alteración en la atención y la concentración.

Por otro lado, los niveles altos de cortisol también inciden negativamente sobre la corteza frontal de nuestro cerebro, dificultando la inhibición de emociones (volviendo más propensa a la persona a reaccionar violentamente), la organización, planificación y toma de decisiones.

No debemos olvidar que el estrés sostenido conduce a sensación de agotamiento.

En un estudio llevado a cabo en el año 2005 por Bruce Mc Ewen, neurofisiólogo, se llegó a la conclusión de que el cerebro es altamente sensible al estrés y a la violencia, modificando su estructura ante estas situaciones. ¿Qué quiere decir esto? Que nuestro órgano superior es sumamente plástico y busca adaptarse constantemente a las situaciones. Entonces, en circunstancias de estrés y violencia, el cerebro, literalmente, se altera, cambia.

Mobbing laboral

Ambas situaciones, estrés y violencia, son sumamente tóxicas para nuestro Sistema Nervioso Central, conduciendo a dificultades serias para recordar, para aprender y para modular emociones. Así, los pensamientos y la forma de percibir y concebir problemas también se alteran. Es común que las personas que sufren mobbing terminen asumiendo responsabilidad y culpa en la situación, intentando soluciones que sólo conducen a más de lo mismo, es decir, a perpetuar el problema. Desde ahí, el salto a los problemas psicológicos como la depresión, por ejemplo, es inevitable. Por supuesto, la relación con el mundo se resquebraja.

Actualmente, existen pruebas neuropsicológicas y de imágenes que pueden complementar el diagnóstico de mobbing laboral, y ayudar a las personas a tomar decisiones acertadas y que disminuyan el sufrimiento emocional.

Víctor Pauchet, Doctor en medicina, decía que "el trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento". Si el ambiente laboral resulta amenazante, hay que analizar y buscar ayuda, porque, es verdad, María José, el mobbing altera nuestra forma de ser y nuestro cerebro, y, creo, nada puede justificar semejante aberración.

Lic. Cecilia C. Ortiz/Mat.: 1296/ licceciortiz@hotmail.com

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20 de agosto de 2018 | 11:25
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