Para Sanz, el éxito de Macri depende de una mejor oposición

Según el mendocino -miembro de la mesa chica del presidente- el problema radica en que el núcleo que enfrenta a Cambiemos "busca la implosión del sistema más que la conducción de este".

Alejado de los medios (y de la función pública) desde hace algún tiempo, el radical mendocino Ernesto Sanz esbozó a través de una columna de opinión su visión sobre la actualidad política del país y los desafíos que enfrenta Cambiemos, la alianza de gobierno que él mismo ayudó fundar.

El sanrafaelino consideró superada la era del bipartidismo en un mundo que avanza o bien en el diseño de "coaliciones competitivas" virtuosas o de hegemonías breves que aprovechan su momento de poder para avanzar sin consenso alguno.

Sanz destaca la primera alternativa como la más sana ya que permite "cumplir los preceptos republicanos" a partir del "equilibrio y la alternancia", según destacó en un artículo de opinión publicado este miércoles en el diario La Nación. Estas coaliciones competitivas representan " dos dispositivos políticos con capacidad y ambición para ejercer el poder y, también, con aptitud de control y vocación de construir acuerdos".

En este sentido elogió el fortalecimiento de Cambiemos, ratificado con el triunfo en las legislativas de octubre del año pasado, pero consideró que para poder avanzar con éxito necesita de una "coalición competitiva" en la vereda de enfrente, cosa que hoy no sucede.

"El gobierno de Cambiemos, legitimado en las urnas pero sin mayorías parlamentarias a pesar de haber incrementado sensiblemente su contingente legislativo, tiene ante sí el desafío de promover las necesarias reformas pendientes y, al mismo tiempo, enfrentar la ausencia de una coalición opositora competitiva y cooperativa, lo que puede generar un escenario políticamente desgastante y socialmente tensionado", reflexionó Sanz.

En este sentido, consideró que no se podrá avanzar en políticas de Estado mientras la oposición busque más destruir el sistema que tomar las riendas del mismo dentro de un proceso democrático.

 Para Sanz no se podrá avanzar en políticas de Estado mientras la oposición busque más destruir el sistema que tomar las riendas del mismo dentro de un proceso democrático. 

"El margen para construir políticas de Estado se estrecha si el principal núcleo opositor tiene como norte la implosión del sistema más que la conducción de este. Oficialismo y oposición necesitan mutuamente de un esquema virtuoso", consideró el radical.

La columna completa de Sanz: "Por un sistema político equilibrado"

Con la crisis de principios de siglo implosionaron en la Argentina dos sistemas: el económico construido bajo la regla de la convertibilidad y el político cimentado durante largos años en un bipartidismo clásico.

El kirchnerismo en el poder pretendió resolver ambas tragedias a su estilo. Sobre las ruinas de una economía que venía del extremo pendular del mercadocentrismo, se trasladó hacia el otro extremo del péndulo: el estadocentrismo. Y sobre los escombros del tradicional bipartidismo radical-peronista pretendió construir un sistema que -en rigor- no era novedad, ni siquiera en América latina, replicando el régimen de partido único, al estilo del PRI mexicano que imperó por más de 70 años.

Está claro que la Argentina desde 2015 hacia acá está transitando una etapa de reformulación de ambas dimensiones. En la economía, buscando salir del péndulo, y en política, reconstruyendo un sistema que restituya equilibrio y alternancia, dos valores esenciales al Estado democrático.

Estas reflexiones no pretenden abordar el tema económico. Pero sí su relación con el aspecto político, pues la reconstrucción de un sistema confiable y previsible determina -en buena medida- el desarrollo económico y, mucho más que eso, la resolución de buena parte de los problemas estructurales que nos acompañan desde hace varias décadas.

Alejada la idea, por irreal, de recuperar el bipartidismo clásico de PJ y UCR, el escenario se cubre con dos variantes. Por un lado, un diseño electoral, como el que funciona con razonable éxito en nuestros países vecinos, de coaliciones competitivas. Esto es, dos dispositivos políticos con capacidad y ambición para ejercer el poder y, también, con aptitud de control y vocación de construir acuerdos.

O un esquema de hegemonías sucesivas que ejercen el poder público por períodos limitados de tiempo, a veces con mayoría propia y, cuando no disponen de ella, beneficiándose de oposiciones desarticuladas e inorgánicas.

Las diferencias entre las dos opciones son relevantes. En el diseño de las coaliciones competitivas se está más cerca de cumplir los preceptos republicanos, por el solo hecho de que el equilibrio y la alternancia generan una disputa virtuosa, con contrapesos naturales en los que el poder difícilmente pueda concentrarse y por tanto deformarse.

En el otro caso, el ejercicio del poder está sometido a una suerte de "estrés político" permanente. Si se tiene mayoría propia, como pasó hace poco tiempo en la Argentina, el riesgo es la concentración de poder y, también, la discrecionalidad y la arbitrariedad en el ejercicio del gobierno.

El gobierno de Cambiemos, legitimado en las urnas pero sin mayorías parlamentarias a pesar de haber incrementado sensiblemente su contingente legislativo, tiene ante sí el desafío de promover las necesarias reformas pendientes y, al mismo tiempo, enfrentar la ausencia de una coalición opositora competitiva y cooperativa, lo que puede generar un escenario políticamente desgastante y socialmente tensionado.

Ofrecer previsibilidad no es tarea exclusiva de un gobierno, debe ser el propósito de todo un sistema político. En tal sentido, en la medida en que el gobierno de Cambiemos luzca fuerte pero su oposición no se exprese comprometida y articulada, el país no completará el ciclo virtuoso de la confianza.

El margen para construir políticas de Estado se estrecha si el principal núcleo opositor tiene como norte la implosión del sistema más que la conducción de este. Oficialismo y oposición necesitan mutuamente de un esquema virtuoso. A la democracia recuperada en la presidencia de Raúl Alfonsín le sirvió mucho más la responsabilidad de Cafiero para acordar temas centrales -coparticipación, defensa y política exterior- que la irracionalidad de Saadi. Obviamente, tenerlo a Saadi como contraparte pudo ser conveniente en términos electorales en aquella época. Conveniencia electoral y de corto plazo. Y punto. Cualquier semejanza con estos tiempos es mera casualidad.

La Argentina necesita una oposición articulada y competitiva, que actúe en un Congreso que está socialmente legitimado. Sólo así podremos hacer lo que para la academia en las experiencias comparadas y en los escenarios proyectados resulta conveniente: darnos un sistema político fuerte, equilibrado y marcado por acuerdos que trasciendan las individualidades.

Ex senador nacional de UCR

Opiniones (3)
24 de mayo de 2018 | 23:00
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24 de mayo de 2018 | 23:00
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  1. Sanz es uno de los pocos verdaderos radicales de Yrigoyen que quedan. No un radikal como Kornejo y Kobos
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  2. La Argentina necesita una oposición articulada y competitiva tanto, como un oficialismo que exhiba los mismos niveles de madura sensatez. Por ambos, será mucho pedir?...
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  3. Me aventuro a decir que el éxito de Macri es más probable en la medida que se separe de tipos como Sanz.
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