"Te toca"... el juego de terror que aún me acosa

El Sr. Zantata nos cuenta cómo vivió en carne propia la experiencia de jugar a un juego que aún hoy lo persigue en las tinieblas.

Hace aproximadamente unas tres semanas surgió una conversación mas que interesante en el grupo de Whatts App del Mendo. En ella se debatía sobre la existencia de brujas, fantasmas, entes paranormales, etc. Varios de mis compañeros de Staff concuerdan con mi opinión, de que tales cosas no existen.

A pesar de que a mi me fascina el terror y el horror, yo soy una persona escéptica al tema. Se me hace imposible creer que exista algo en este plano, por así decirlo, que forme parte del mundo espiritual. Para mi todo lo relacionado con el oscurantismo y brujería es simplemente un método para sacarle plata a la gente a través de la desesperación y la sugestión mental. Algo muy parecido a la iglesia, solo que en menor medida. Con esto no quiero decir que sea ateo. Por el contrario, creo en Dios. He leído la biblia completa, por tal motivo es que no creo en la iglesia y en lo que dice representar.

En ese momento, iba a dar mi opinión sobre lo que estaban hablando, pero para no generar mas debate decidí guardármela para mi mismo.

Muy bien ya dicho esto, la razón por la que hago este descargo es porque desde que surgió esta conversación hay un recuerdo que me molesta, algo que no me deja concentrarme. Me ha perjudicado en todo momento cuando me siento a escribir. Me perjudicó en el final de "La Tormenta", mi último relato escrito para el Mendo y en una novela larga que llevo escribiendo ya hace mas de un año. Después de tanto renegar contra mi mismo, creo que ya es hora de contar lo que me pasó ese día...

La causa por la que creo que me molesta, es que muy a mi pesar, no he podido hallar una razón científica que explique lo que sucedió esa noche. Varias pesadillas me han despertado con un sudor frío a las tres mañana, con la infantil sensación de que hay algo debajo de mi cama.

El recuerdo que yo creía haber escondido en un rincón de mi mente, vuelve una y otra vez repentinamente a lo largo del día. Es una espina clavada en mi psiquis que me voy ah extirpar en este momento.

Antes de seguir con el relato, te voy a hacer una advertencia. Ni yo, ni el Mendo, nos haremos responsables por lo que decidas hacer después de que termines de leer esto. Te pido que si eres un imbécil impulsivo, por favor dejes de leer y sigas con la próxima nota o vuelvas a la anterior, porque lo que te voy a contar es REAL. Es un hecho verídico que me sucedió a mi ya hace 11 o 12 años.

Se que es una advertencia muy superficial, pero por favor te lo pido, por favor, si terminas de leer la nota no hagas nada, porque puede que pongas tu vida en riesgo por querer comprobar una estupidez.

Te voy a contar todo sin describirte sensaciones vacías de personajes inventados, lo voy a contar tal cual paso y con todos los detalles, como si estuviéramos tomando una cerveza en la esquina en la noche y este tema saliese por casualidad.

Hace ya algún tiempo, yo tenia un grupo de amigos que creía inseparables, el mismo estaba integrado por mi primo llamado Alejandro, otro llamado Diego, el más gracioso del grupo y el más pequeño de los cuatro, Pablo.

Teníamos una tradición en nuestra amistad que empezó mas o menos cuando yo tenia cinco años, nuestros padres todos los años iban a un o pueblo cercano conocido como Tres Porteñas. En este pueblo, los abuelos de Pablo tenia un chalet de más de 100 años, hecho de alambre y guano pisado. No vayas a creer que por la descripción de los materiales del lugar este carecía de belleza. Era una mansión de dos pisos, tres baños, siete habitaciones, dos cocinas y una sala de estar mas grande que mi casa actual.

En la parte trasera de la propiedad había una pileta y un quincho con capacidad para 50 personas aproximadamente. Al principio nuestros padres nos llevaban, pero a medida que fuimos creciendo, comenzamos a ir por nuestros medios, íbamos en micro, remis trucho, etc. Hasta que mi primo comenzó a manejar el Fiat Regatta de su papa, lo que nos facilito nuestro traslado para ir casi todos los días.

Los abuelos de Pablo eran muy hospitalarios, llegaron a dejarnos la casa sola cuando salían de vacaciones, fue en ese lugar donde mis amigos y yo nos emborrachábamos las primeras veces.

La ultima vez que fuimos, recuerdo que fue mas o menos por esta época, 26 o 27 de diciembre, llevamos asado, vino y cerveza, además de un videojuego. Llegamos cerca de las 19, la casa estaba pulcra y limpia. Solo el paisaje que se asomaba por el este era amenazador... una tormenta eléctrica que se dirigía hacia nosotros, la nube parecía un hongo nuclear, la parte superior se perdía en la altura, era casi imposible divisarla.

Mi primo me aconsejó que hiciera el asado temprano y tuvo razón. A las 21, un aguacero acompañado de a ratos por granizo azoto a todo Tres Porteñas. Por suerte yo ya había terminado el asado y estábamos comiendo adentro. Nos reíamos de estupideces y nos emborrachábamos de a poco, hasta que el suministro de energía eléctrica se fue. Dejamos de comer para poner velas en toda la casa. La misma era tan grande que nos demoramos varios minutos en dejar los sectores que usaríamos bien iluminados.

Terminamos de comer, conversamos un rato de la vida, la muerte, fantasmas, el diablo, dios, etc. Ya no quedaba mucho por hablar y a tormenta no parecía ceder. Estamos comenzando a aburrirnos. Entonces Diego tuvo la idea de jugar a "María sangrienta", el equivalente del "Charly, Charly" de hoy en día. Yo le dije que era una estupidez ese juego. Recuerdo que me miró un poco disgustado y sugirió jugar a la copa. Le expliqué que yo ya había participado de una sesión y que yo mismo movía la copa. La cara desarticulada ya no era solo parte de Diego, se traslado a los otros dos también.

Al ver la situación, les propuse jugar a otra cosa. En esa época era uno de los pocos en mi barrio que tenia servicio de internet y recuerdo que la red social You Tube estaba empezando a hacerse popular. Un día vi un video de un canal que ya no existe, en el cual te explicaba como llevar a cabo tres juegos de espiritismo. El primero era algo complicado, se necesitaban muchas cosas y muchas precisión. El segundo era la ouija, la versión "cheta" de la copa y por ultimo el juego que llamó mas mi atención. El juego se llamaba: Te toca.

Los materiales que se necesitan para hacerlo son tan sencillos, que hasta te seduce la idea de probarlo. Se los comenté, les encantó la idea y Pablo me proveyó de todos los materiales sonriendo como un demente.

Lo primero que necesitas es un cuchillo muy afilado el cual te servirá durante todo el juego. Debes tomar el cuchillo, rajar el vientre de una muñeca de plástico, rellenarlo de arroz y luego cocerlo con un hilo rojo. Después de hacer esto, solo debes ir a un lugar de la casa por donde corra el agua, dejar ahí a la muñeca, apuñalarla tres veces en el vientre, tirar el cuchillo sobre ella y decir, fuerte y claro: "Te toca".

Una vez iniciado el ritual, tienes solo cinco minutos para esconderte toda la noche. El juego comienza en cualquier horario, pudiendo terminar en el amanecer, arrojándole un vaso con agua salada o... mejor no lo digo, se me encrespa la piel solo de pensarlo.

Llevé a la muñeca conmigo hasta el baño, mis amigos atrás se cagaban de la risa, por la ebriedad y la adrenalina del momento. La apuñalé, le grité "¡te toca!" , le arrojé el cuchillo y salimos corriendo como estúpidos al segundo piso.

Nos metimos en la habitación matrimonial de los abuelos de Pablo. La tormenta volvía a refusilar y la luz de los rayos por momentos nos cegaba adentro de la habitación. Pasaron los cinco minutos, media hora, una hora y la provisión de alcohol se nos terminó. Por estúpido que parezca, me había olvidado del juego.

Lo invité a mi primo para que me acompañara a buscar el envase de tetra que quedaba en la heladera de la cocina. Él tenia en esa época un Nokia 1100, supongo que recordaran que ese celular tenia linterna.

Bajamos a la cocina cuidando no golpearnos con la escalera. Tomamos la caja de vino y mi primo me sugirió ir al baño para corroborar si la muñeca seguía ahí. Sonreí al darme cuenta que me había olvido del ritual por completo, caminamos empujándonos y riendo como dos adolescentes en la salida de un boliche. Cuando mi primo abrió la puerta del baño, su rostro se desfiguró, la muñeca no estaba ahí y lo peor de todo... el cuchillo tampoco. Nos miramos y corrimos a toda velocidad al segundo piso, me golpeé en dos o tres lugares y casi caí por la escalera. Tenia la sensación que alguien me miraba y me perseguía.

Al llegar pateamos la puerta de la pieza, esta se atoraba en ocasiones y solo Pablo conocía la maña para que se abriera. Logró abrirla, sentía que me iba a morir, el corazón me latía en todo el cuerpo y me ardía la vista. Le contamos lo sucedido y la expresión en sus rostros fue de pánico.

Tanto Diego como Pablo, no lo podían creer, les expliqué qué teníamos que hacer, era una estupidez separarnos, debíamos bajar todos juntos. Después de un rato los convencí. Salimos de la habitación lentamente y corrimos a la cocina. Tomamos cuatro vasos con agua salada y nos pusimos los cuatro espalda con espalda. Teníamos que subir otra vez a la escalera y lo haríamos de uno, cuidándonos las espaldas. Cuando mi primo subió e iba por la mitad de la escalera y solo quedaba yo, la energía eléctrica volvió. Solo a dos metros de mi, se encontraba la muñeca, amenazante con el cuchillo entre las manos. Al verla mi cuerpo se pegó contra la pared, entonces Alejandro, Diego y Pablo lanzaron el contenido de sus vasos. Mi primo en realidad lanzó el vaso con agua y todo. La muñeca cayó de espaldas al suelo. Recién ahí pude reaccionar y le lancé el contenido de mi vaso y solo así soltó el cuchillo.

Lo pateé y se lo saqué de su alcance, después la tomé de los pelos y la lancé al piso superior. Tanto mis amigos como yo transcurrimos frenéticos lo que quedaba de la noche apuñalándola y rompiéndola. Un detalle llamo mi atención, el arroz en el interior se ennegreció.

Cuando el alba asomó y la tormenta ya se había marchado salimos al exterior. Tomamos las partes que quedaban de la muñeca y la quemamos. Los juegos de las ultimas horas, donde la golpeamos y rompíamos, eran en realidad una pared que le pusimos a nuestro miedo. Después de quemarla, tomamos nuestras cosas, limpiamos la casa y nos fuimos. Se me hace muy extraño lo que pasó esa noche. Se me hace difícil creer que invocamos un espíritu que nos quería apuñalar... a veces pienso que mis amigos me hicieron una joda.

Lo raro de todo, es que esa fue la ultima vez que los cuatro nos juntamos, algo terminó ese día. Fue un antes y un después en nuestra amistad.

La ultima semana sufrí un accidente por el cual no he ido a trabajar, las pesadillas y la sensación de ser perseguido y observado han aumentado. Entonces me puse en campaña y trate de organizar una juntada. Ninguno quiso verse, entonces fui a la casa de cada uno. Me tomé una cerveza, dos según la ocasión y les pregunté que pasó esa noche o que recordaban. Con los tres me pasó lo mismo, inventaron una excusa y se fueron rápidamente.

Llegué a la conclusión de que si, me hicieron un chiste... muy bien hecho, porque años después todavía no me dicen la verdad, aunque pensándolo bien estaban tan o quizás mas asustados que yo...

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24 de junio de 2018 | 12:23
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