Arreo: Dos años de elogio a la autenticidad

Luego de dos años de su estreno nacional, los creadores del multipremiado documental "Arreo" compartieron su travesía con el público mendocino.

El 16 de diciembre de 2015, en el teatro Imperial Maipú, el documental Arreo tuvo su estreno nacional. Después de dos años, nueve premios, veinte festivales y miles de espectadores en el mundo, el Director Néstor "Tato" Moreno y la productora Claudia Gaynor compartieron con el público de Mendoza el viaje de esta producción, las sorpresas, los desafíos y las lecciones de vida.

Fue el sábado pasado. Nos dimos cita en Caléndula, el nuevo polo de cocina consciente y cultura de la ciudad. La puntualidad nos dio el privilegio de apreciar a Claudia haciéndose cargo de los últimos detalles: ajustó la imagen, cuidó de unos cables y hasta sugirió a Tato un cambio de camisa (sí, al Director, pero sobre todo a su compañero de vida hace 35 años).

Por su parte, Tato se detuvo, nos saludó y en pocos minutos nos regaló en palabras dos tomas, que pusieron nuestros corazones en el sitio justo y sirvieron de trailer de estos dos años. La primera imagen se rodó en los paisajes imponentes de Malargüe, allí donde transcurre el filme. Las palabras evocaron los ritmos lentos, la vida simple y el trabajo fuerte. Tato nos dijo: "El puestero en las alturas separa sus chivos de los del vecino, nadie lo observa, nadie lo obliga, existe un código interno de respeto". La segunda toma nos lleva a comienzos de este año, en Innsbruck (Austria), durante el Festival Internacional donde Arreo recibió el Premio del Público. Tras la proyección, una mujer se acercó al Director y le dijo: "Usted despertó en mí algo que estaba dormido". Así, con estas dos escenas, un doble viaje: documental y existencial.

Foto: Cortesía Caléndula

Foto: Encuentro con Tato Moreno y Claudia Gaynor, Cortesía: Caléndula

La parición

Es primavera y el puestero Eliseo Parada se prepara para la época de trabajo más ardua, la parición. Eliseo es hijo de gauchos, esposo de Juana Moyano y padre de dos hijos, Facundo y José Abel, quien vive en la ciudad. Las chivas dan a luz, se deben separar las crías y buscarle a cada una su madre.

En el 2008, mientras rodaba De idas y vueltas en Malargüe, Tato comenzó a interesarse por la vida de los puesteros, la partida de los jóvenes hacia la ciudad y la problemática de tierras. Personas de la región lo pusieron en contacto con Francisco "Pacho" Parada, hijo de puesteros, locutor de LV19 Radio Malargüe e historiador, con quien comenzó a buscar una familia. Después de meses de infructuosa búsqueda, un día Pacho sugirió detenerse para visitar a su hermano. En esa visita, Tato conoció a Eliseo, orgulloso arriero y hombre de visión clara sobre el futuro de su oficio. Eliseo manifestó que desde tiempo atrás había tenido el sueño de que alguien contara su historia. Tato encontró su protagonista, un hombre de su edad, padre como él de dos hijos y defensor de una forma de vida mileraria.

Foto: Facundo, Eliseo, Juana y José Abel, cortesía Tato Moreno

Foto: Facundo, Eliseo, Juana y José Abel, archivo particular

La veranada

Llega el verano y el hijo pródigo vuelve de la ciudad. La familia prepara los pertrechos para el viaje de cinco días, rumbo a las tierras altas. Parece un festival: cientos de chivos y ovejas, perros, mulas, bombachas gauchas y poesía improvisada. Los días transcurren entre ladridos, flores y ríos serpenteantes. Las noches de estrellas se pasan con mate, historias de padres e hijos y canciones.

El viaje de rodaje de Arreo duró dos años y medio. Siempre se empleó un equipo mínimo. En ocasiones sólo estaba Tato, a veces lo acompañaba Sergio Martínez en cámara y otros momentos lo asistía como sonidista Julia Moreno, hija del Director y la Productora. Tato afirma que siempre buscó esa mirada íntima, respetuosa y digna. Quiso evitar la perspectiva antropológica, distante o la voz en off que guiara al espectador. No hubo guiones ni preparación, Tato y su lente acompañaron con cuidado y paciencia la trashumancia de la vida sincera. La espera dio a luz los relatos, las tensiones y las enseñanzas: José Abel, después de un año de ver imágenes de su padre, decidió volver a hacer el viaje de veranada, como una forma de reencontrarse con su padre; Juana aceptó hablar en cámara después de dos años de filmación, para dar un valioso mensaje acerca de la independencia de los hijos, y Eliseo improvisó varias décimas (canciones populares en rima). Sobre este último aspecto, Tato resaltó la relación con el arte en el campo: "No existe una separación entre el arte y la gente; el arte es parte de tu actividad y se manifiesta de muchas maneras. El arte es cotidiano". 

Tato y su lente acompañaron con cuidado y paciencia la trashumancia de la vida sincera

Los brotes tiernos

Las tierras altas los albergarán por tres meses. Los colores de la cordillera contrastan con mantas verdes de brotes tiernos. Se dividen las cabras entre propias y ajenas, se cuece el pan, se doman los potros y se protegen los animales de la tormenta. La tonada de Eliseo acompaña cada labor: "La gente del campo siempre tiene que hacer".

Después de cuatro años y medio, de la laboriosidad de Claudia con sesenta horas de grabación y de un cuidadoso trabajo de postproducción, en 2014 comenzaron a aparecer los brotes tiernos con una primera estatuilla en México. Luego vinieron el estreno nacional, los festivales y los premios. Algunos de estos reconocimientos son: Mejor Largometraje Documental Internacional, en el Festival Internacional de Cine de Mérida y Yucatán (México); el Log to Green Movie Award, un galardón por hacer visible la ecosostenibilidad, Verona (Italia); Mejor Largometraje Documental, en el Chesapeake Film Festival, Maryland (EE.UU.), y el mencionado Premio del Público en Innsbruck, Austria. Eliseo y su familia asistieron a algunos estrenos, hablaron por Skype con el público de Miami y conmovieron con décimas a los italianos.

Foto: Tato Moreno, Festival de Innsbruck (Austria), archivo particular

Foto: Festival de Innsbruck (Austria), archivo particular

La invernada

En marzo ocurre el regreso. La polvareda y el desafío se conquistan con risa y canción. Y mientras se revelan los problemas de la tierra, entre el derecho y la propiedad; el posible fin de un oficio milenario; la llegada del cemento de las carreteras por donde han pasado los ancestros, y el ciclo de vender barato lo que costó sudor, vuelven los llamados: "En la ciudad no están tan bien como piensan".

En estos dos años se conservaron: la amistad entre Tato y Eliseo; la reacción del público, que frente a un relato local reaccionó conmovida por la universalidad de la experiencia, y también la preocupación del Director y el Protagonista por un modo de vida que, entre otros aspectos, podría ser una clave para conservar la biodiversidad.

Cambiaron: Eliseo, quien volvió a cantar, tiene nuevos aires para defender su oficio e incluso quiere protagonizar otro documental. La relación entre Eliseo y José Abel, que ahora es de "profunda aceptación del uno y el otro", en palabras del Director. También cambió Tato, pues ahora sueña con un intercambio entre trashumantes cuyanos y pastores de otras latitudes. Pero, sobre todo, cambiamos nosotros, los espectadores, pues Arreo sembró hondo una suerte de nostalgia por una vida que nunca hemos tenido. Esta paradoja, de extrañar aquello que nunca se experimentó, fue resuelta por el Director al cierre del encuentro: "De alguna manera todos sentimos que nuestro mundo está en problemas, muchos sentimos que estamos como mareados y perdimos la relación directa con lo que somos". Arreo seguirá su travesía y continuará conmoviendo, porque es cómplice de un reencuentro con la sencillez del Ser y la belleza de la Autenticidad.