Fin de año: ¿Por qué nos excedemos (en todo)?

El limite de la regulación aparece cuando se acaba la plata, cuando se termina el alcohol, cuando finalizan las vacaciones...

 Se vienen las fiestas y la regulación parece un desafío. De hecho, el limite aparece cuando se acaba la plata, cuando se termina el alcohol, cuando finalizan las vacaciones... Controlarse para regular los excesos de compras, comida, etc. muchas veces presenta serias dificultades. ¿Cómo pensar lo que sucede para estas fechas?

Para pensar en esto, vamos a hablar del exceso y de cómo se vincula con la sensación de completud, de que nada falte, por lo menos, en este momento del año. Así, los sujetos logran una regulación durante el transcurso del año que al llegar esta época, se dificulta sostenerla... como si hubiese algo que se desatara y que viene a compensar todo lo que no se compró, lo que no se vivió, lo que no se hizo durante el año. Por esto, muchos viven las fiestas como momentos de compensación o frustración. ¿Pero por qué?

Podemos pensar que los sujetos viven las fiestas, las fechas de cumpleaños, los aniversarios, como ciclos que marcan un inicio, y se disponen para evaluar qué funcionó y qué no en ese tiempo. Cada aniversario, cada fin de año, analizan y evalúan para atrás sintiendo en este momento una mayor frustración. 

Para muchos, esa frustración se vuelve intolerable, y aquello que se ha podido manejar durante el año, se desata en una suerte de "sensación de fin del mundo".

Mucho se escucha del "ya fue, tiro la casa por la ventana" o "me compro todo y que Dios los pague"... El borde se flexibiliza tanto, que trae complicaciones para el inicio del año posterior. ¿Podría ser que en este momento del año es cuando más claro nos queda que "todo no se puede"? Todo lo que se proyectó, lo que se planeó, seguramente no pudo cumplirse, y es esa sensación la que invade las fiestas.

En cambio, si lo pensamos desde la regulación, la misma podría aparecer si algo del festejo (espíritu inicial de toda fiesta) fuera protagonista. Festejar lo que se pudo, lo que se logro, festejar lo que se inició y continua latente para seguir elaborando el año siguiente. Festejar por lo que se tiene, con lo que hay, sería regular.

Regular para proyectar, para reorganizar, para evaluar porque no salieron algunas cosas, que hice para que no salieran y que me excede de esto. Regular para organizar el año siguiente y seguir construyendo el año que quiero tener.

En definitiva, regular. No gastarlo todo, no agotar las opciones y así, celebrar con lo que hay.

Brenda Ugalde  -Licenciada en Psicología con formación en Psicoanálisis-

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27 de abril de 2018 | 05:59
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