Con un libro, San Carlos homenajeará a una inolvidable reina de la Vendimia

El tributo a Nuri Donnantuoni se titula "Poemas a una Reina" y su autor es Juan Manuel Gallardo. Aquí, un adelanto de los textos que evocan a la soberana fallecida en 2015 en un accidente.


Nuri Oriana Donnantuoni, la recordada reina nacional de la Vendimia 2005, tendrá su merecido tributo. La exsoberana, quien murió en un accidente de tránsito en febrero de 2015, será homenajeada a través de un libro, titulado Poemas a una Reina, escrito por Juan Manuel Gallardo Morales.

La comuna de San Carlos honrará a su añorada representante haciéndose cargo del costo de la publicación, para lo cual ya realizó la licitación pertinente.

Para acortar la espera, el año pasado Gallardo creó en Facebook una página para recordar a Nuri. Allí adelanta algunos de los textos del libro y también cuenta que fue un largo proceso -algo más de dos años- hasta darle forma a este merecido tributo a una representante vendimial que dejó su sello.

Nuri Donnantuoni 2

Escribe Juan Manuel: "Quiero agradecer a todos los que de alguna manera u otra han dado forma a Poemas a una Reina. Hoy, después de muchos meses, de días intensos, se comienza a vislumbrar con creces lo que comenzó como un tímido proyecto, un simple homenaje a la última Reina Nacional de la Vendimia de San Carlos. Tal vez la más representativa para muchos a lo largo y ancho de la geografía provincial, y que nos enorgullece saberla nuestra. Era indispensable el compartir su vida loable, su vida de ensueño, de chica 'común' pero enraizada de destellos angelicales. A todos y cada uno, un gracias inmenso por cada palabra, cada anécdota aportada y compartida para cantarle, de algún modo, a las jornadas de ella; nuestra Reina eterna... Nuri".

A continuación, un adelanto de Poemas a una Reina.

Debe ser el vals aquel
de dulces acordes criollos
que en tonos aturquesados,
airoso se deja ver,
capturando del cielo
la tierna sonrisa
y los vestigios del ayer,
cuando la cuyana monarquía
tuvo gestos populares
susurrados por alguien al viento,
mientras del manantial de vino nuevo
los bohemios trovadores,
se disponían a beber.
Debe ser la más delicada de las zambas,
imponiéndose en los cerros,
o la magia de la Vendimia, tal vez,
pero mi alma va latiendo
porque ha llegado el tercer mes.
Y una tonada reza
así como la pasión del contratista,
soñador en las hileras, pues,
y con su canto enraizado
pronuncia en hondos versos
que ella, la Reina eterna,
jamás se fue...

------ . ------

Mientras se refleje
el brillo de la corona en las compuertas.
Mientras en los surcos,
palpite lo que acarrean las acequias;
una voz gritando y clamando por mil cosechas.
Mientras canten los humillados
una tonada para su Reina,
entonces, han de entender
los cansados contratistas,
que nadie se aleja
cuando con dicha se lo recuerda...
Que la Vendimia es vida
y su verso más puro,
a pesar de su tinta esencia,
es el que tiene su perfume,
el que ha escrito ella.

------ . ------ 

Y en un minuto
fue el cielo despejado, cubierto luego.
Las nubes danzando, la tormenta.
La lluvia en los rostros, la lluvia fresca.
Y en un minuto fue el callejón,
la huella arada y la compuerta.
La acequia con hinojo,
las corridas veraniegas
descalzos en la tierra.
Y en un minuto
fue de agosto, su casi primavera.
El silencio constante,
las travesuras de la siesta.
La serenidad del campo
y del arroyo, su silueta perfecta.
Y en un minuto
fue el viento agitándole el cabello,
y sus rulitos de pequeña.
Las muñequitas en cajas
y en su cuello la gomera.
Y en un minuto fue su sonrisa
iluminando a los que riegan,
a los sufridos de mil soles,
del frío que penetra.
Y en un minuto
fue la escondida, la mancha,
el encaramarse a los árboles,
trepar al menos un ejemplar
de cualquier alameda.
Y en un minuto fue su voz
pronunciando poemas,
los que escribió la luna,
los que en Pareditas
leyó un poeta.
Y en un minuto
fue el vestido rojo de los cinco,
las rosas rococó, la torta con cintas,
el paso por la escuela.
Y en un minuto
la Río Negro fue recuerdo,
el Huerto apenas un par de anécdotas.
Y en un minuto
el amor palpable, amor creciente,
la juventud diciendo adiós
a la pasada adolescencia.
Y en un minuto
la fe, el orégano...
Y en un minuto
el sueño de un Pueblo,
su trayecto por las viñas,
su dulce mirada turquesa.
Y en un minuto
fue el barullo citadino,
el asedio a las tiernas muchachitas
de la mendocina realeza.
Y en un minuto
fue su mano en alto,
fue bien sancarlina la proeza.
Y en un minuto
la multitud coreó su nombre,
la serenata fue tonada,
fue vals de tonos grises
y fue una sentida cueca.
Y en un minuto
el mundo de Cuyo
vio como una fina princesa
se convertía en el prólogo de marzo
en flamante soberana, en Reina eterna.

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