R. Badaloni

Llega a juicio el caso del médico del Central que intentó matar a su mujer

El 16 de noviembre de 2015, recién se levantaban de la siesta, habían dormido separados. La discusión comenzó cuando él le recriminó el tatuaje que Rosana se había hecho en su cuello.

Mañana, la enfermera Rosana Sosa (44) volverá a enfrentarse al hombre que quiso matarla. Su marido durante 13 años y el padre de sus tres hijos, el médico del hospital Central, Fernando Fernández (41), está acusado de intento de femicidio y arriesga una pena de 15 a 25 años de cárcel. Casi dos años después del feroz ataque a puñaladas que la dejó 40 días internada por graves lesiones en el abdomen, el pulmón, las piernas y los brazos, la Primera Cámara del Crimen de Mendoza resolverá si condena al médico que está detenido en el penal de Boulogne Sur Mer.

El 16 de noviembre de 2015, recién se levantaban de la siesta, habían dormido separados. La discusión comenzó cuando él le recriminó el tatuaje que Rosana se había hecho en su cuello: tres pájaros volando que representaban a sus hijos: una nena (7 años) y dos varones (15 y 12 años). El médico furioso de celos por no saber que ella había decidido tatuarse, esa misma tarde, quiso matarla.

fernando fernández

Fernando Fernández.

La enfermera, que trabaja en el hospital Español, estuvo varios días en terapia intensiva, superó tres operaciones y fue sometida a numerosas transfusiones de sangre. La víctima teme que su agresor reciba una pena leve y que, por buen desempeño carcelario, salga pronto en libertad y vuelva a atacarla o pueda agredir a alguno de los chicos. La investigación penal del caso que conmovió a los mendocinos y tuvo repercusión nacional, estuvo a cargo del fiscal Fernando Guzzo. Desde mañana, la resolución está en manos de la Primera Cámara del Crimen, que preside Víctor Comeglio.

Rosana recibió cinco puñaladas en el pecho y la espalda y varios cortes en el resto del cuerpo. Estaba en su casa, eran las 18, cuando los vecinos escucharon gritos en el interior del departamento, ubicado en el edificio Portal Alto, en el municipio de Las Heras. La mujer pedía auxilio, mientras era atacada con un cuchillo de carnicero por su marido, jefe de residentes de terapia intensiva del Central. La dramática escena fue vista por la hija menor del matrimonio, que entonces tenía sólo 5 años.

La enfermera sufrió la fractura de una costilla derecha, lesiones en el pulmón y el diafragma; y su hígado fue seccionado. Estuvo tres semanas en terapia intensiva y luego fue trasladada a una terapia intermedia.

El ataque

rosana sosa

Sosa con su marido.

"Si tenés plata para hacerte el tatuaje, pagá la patente del auto o andate en micro a trabajar", recordó Rosana que él le decía. Su respuesta fue decirle: "Estás loco". Y se resguardó en la habitación. Fue entonces cuando su marido tomó un cuchillo de más de 20 centímetros de filo y la amenazó. "Empecé a defenderme con los cajones de un mueble y a gritar auxilio", recuerda. Pero cuando ya había arrojado todos los cajones y él continuaba acechándola, la enfermera interpuso las manos y los brazos. Aún conserva las cicatrices de su acción de defensa. Su ex marido es robusto y mide 1,80 metro y ella, 1,60 y muy delgada. "Vi como me clavó la primera puñalada en el abdomen. Me recuperé y seguí defendiéndome. Apoyé la mano en su hombro para detenerlo y con su otra mano, él me da la puñalada en el pulmón derecho", describió horrorizada.

La mujer tapó con su mano la herida para que el aire del pulmón no saliera, mientras le pedía a su hija que corra a pedir ayuda a Jorge, el portero del edificio. La primera en llegar fue una vecina, alertada por los gritos de Rosana. La mujer luego declaró que se cruzó con el médico en la escalera y que no intentó detenerlo porque "llevaba aún el cuchillo ensangrentado".

"Me acostaron en el pasillo y les pedí a mis vecinos que me taparan la herida. En un momento me dio mucho sueño, pero yo sólo pensaba en resistir hasta que llegara la ambulancia. Pedía que cambien la cerradura de la puerta para que no volviera y pudiera agredir a los chicos", relató. En el momento del ataque sólo recuerda que miró a los ojos a su marido con la intención de que se detenga, pero él "volvió a apuñalarla".

Después de intentar asesinar a su esposa, el médico escapó en su auto hacia el hospital Central. A sus colegas, les habría dicho que se había accidentado con su moto. Fue asistido por sus compañeros y cuando lo dejaron solo, se encerró en una habitación donde descansan los médicos de guardia. Allí ingirió varios medicamentos con la intención de suicidarse, pero logró intervenir otro médico del hospital y llamar a la Policía. Fernández quedó detenido pero internado en el hospital debido a los fármacos que tomó y su estado de sedación. A los pocos días, el fiscal Giunta lo imputó de femicidio en grado de tentativa. El médico fue trasladado a la cárcel de Boulogne Sur Mer, donde permanece detenido.

"Le tengo miedo"

Rosana sosa

Rosana Sosa.

Rosana conoció a su pareja en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo. Ella estudiaba la licenciatura en Enfermería y él cursaba el último año de la carrera de Medicina, ya había empezado sus prácticas en el hospital Central de Mendoza.

La mujer declaró ante el fiscal que ya existían hechos violentos en su hogar. Dijo que el médico le había destrozado prendas de vestir a ella, que una vez la apuntó con una escopeta de aire comprimido y que había golpeado a sus hijos.

Para la defensa de Rosana, a cargo de los abogados Viviana Beigel y Pablo Salinas, el conocimiento como médico y capacitador de residentes en la principal terapia intensiva de accidentados, baleados y acuchillados de la provincia, este hombre sabía perfectamente el daño que podía causar si tocaba órganos vitales, como el estómago y el pulmón. "Rosana sobrevivió a un ataque machista brutal, es un ejemplo de vida y fortaleza. Su caso, como el de tantas otras mujeres, necesita un verdadero acto de justicia", dice su abogada.

Sobre el juicio, la enfermera dice: "Voy a declarar y animarme a enfrentarlo. Quiero saber por qué actuó así. Necesito Justicia, no sólo por mí, sino por mis hijos. Quiero que al menos lleguen a la mayoría de edad y él no pueda lastimarlos".

Rosana ha vuelto a trabajar y a mantener su hogar. Impacta su entereza y su espíritu de superación: "Pasé tres días críticos, donde nadie arriesgaba si iba a vivir. Me llevaron al hospital Lagomaggiore, directo a terapia y a realizarme una cirugía. Pidieron 30 dadores de sangre porque había perdido mucha. Cuando después fui a agradecerles, el médico de guardia me contó que no sabían cómo había resistido". Está convencida de que pudo recuperarse por la ayuda de sus amigos, sus compañeros de trabajo y sus hermanastros.

Llora cuando recuerda lo emocionante que fue ver a sus hijos en el hospital. "Yo estaba irreconocible, muy flaca, conectada a distintos aparatos. Los chicos no hicieron preguntas. Sólo rogaban que esté viva", contó. Y por fin se animó a apostar a una nueva vida: "Mis hijos me pedían volver a casa. Tomé fuerzas. Por ellos y porque no tenemos otro lugar donde vivir, volvimos".

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