Rita Tula, la madre maravilla del oeste de la Ciudad

Superando enormes escollos personales, esta ejemplar mujer lleva adelante un comedor comunitario en los barrios del oeste de la Ciudad. Madre de dos hijas y abuela, Rita es también protectora de una muchedumbre de niños y abuelos que todos los días se acercan hasta su puerta por un plato de comida.

Rita Tula no esperaba que dos periodistas golpearan a su puerta en una mañana gris y fría, mientras ella, como una maga con poca autoestima, se encontraba pensando cómo hacer para que una enorme olla con agua se convirtiera en una carbonada para alimentar a sesenta niños y un puñado de abuelos.

Afuera, en las calles de La Favorita, suena la ineludible banda sonora de siempre: un cuarteto meloso, un par de perros disfónicos y los gorriones imbuidos de un insólito espíritu primaveral. Una pérdida de agua atraviesa la calle y algunos niños caminan con la naturalidad impar que tienen aquellos que vivirán eternamente.

- Estaba barriendo, ordenando un poco. Usted no mire el lío. ¿En qué lo puedo ayudar? 

Es una mujer maltratada y hermosa. No vamos a preguntarle la edad, pero es evidente que Rita ha vivido mucho. Con oraciones cortas, tratamos de explicarle que queremos tomarla de ejemplo, porque el domingo es el día de la madre y ella es, para nosotros, símbolo de las decenas de miles de madres humildes que hacen que esta provincia no se vaya definitivamente a la mierda.

Nació en San Luis, acá cerca. Sin embargo, un día llegó a Mendoza y nunca regresó a aquel pueblito, Carolina, donde los hombres se entregaban al sueño del oro, con la esperanza de canjear polvo o pepitas, por un chivo o una damajuana de leche para los niños. Rita no tuvo padre ni madre. Tal vez por eso, y porque la constituye una fuerza indómita, ella es madre y padre de decenas de personas que comen en su comedor comunitario.

- Usted se va a reír, pero me gustaba jugar al básquet y estudiar.

No nos reímos, claro. Es que a Rita, desde los 14 años, le falta una pierna. Primero dirá que la atropelló un tren. Después, casi con lágrimas, confesará que, en realidad, se tiró debajo de un tren porque la vida, para ella, no podía ser tan amarga. Sumemos a su desventura que es diabética, que precisa un marcapasos y que su columna está hecha trizas, no obstante, Rita no sabe ni sabrá del descanso. Su vida ha sido otorgada para ayudar a quienes la rodean y su cara, cuando calla, se entristece.

- Mi vida ha sido mucho sufrimiento, mucho dolor, mucha injusticia...

Los años pasaron y la vida, que es bella como Rita, volvió a tener algún sentido y fue madre de dos niñas. Una que ahora tiene 37 años y que le ha dado tres nietos y otra de diecisiete, que la hará abuela por cuarta vez.

Después del terremoto, sola y con su hija mayor, se instaló en una carpa en los que ahora se conoce como “La Nueva La Favorita”.

- Éramos tres familias en carpa, nada más. Y fueron llegando otros y formamos una junta de vecinos. No existía nada acá. De a poco fuimos consiguiendo luz, agua, hace más de veinte años ya… Yo amo los niños, mientras esté viva, voy a seguir con este comedor, aunque prácticamente nadie nos está apoyando.

Rita Tula, esta madre universal, desde hace años, tiene un comedor comunitario en el barrio La Favorita, al oeste de la Ciudad de Mendoza. Imaginarán que las necesidades son muchas: comida, ropa, calzado, vajilla, mesas, sillas, artículos escolares…

Allá, en un rincón de la cocina, silenciosa y dedicada, lava lechuga María Panello, quien junto a Clara Quiroga y Mónica Díaz, forma el trío de coordinadoras de este comedor, que queda en el Acceso 1, Lote 48, del barrio Cipolletti, en La Favorita. Pues bien, si usted tiene ganas de ayudarlas, llame a María Panello al 155386037 o acérquese al comedor, que será bien recibido.

 

Volvamos a Rita Tula.

- ¿Sabe cuál es mi sueño? Poder asegurar la comida de los niños y empezar a dar apoyo escolar. Espacio tenemos y niños sobran, pero nos falta apoyo, mesas, sillas, cuadernos… Usted sabe…

Dejamos a Rita. En una hora, empezarán a llegar decenas de bocas a su casa. Algunas serán enviadas por sus madres, otras, por las directoras de las escuelas y otras vendrán solitas nomás, atraídas por el rumor de una carbonada mágica que, no sabemos cómo, Rita y sus mujeres harán brotar para dar sustento a una muchedumbre de enanos marrones.

Desde aquí, para Rita y el resto de las madres maravillosas de La Favorita, un feliz día lento y dulce, que será realmente feliz si, como regalo, reciben comida, ropa y calzado para los chicos del barrio.

Para ellas, la felicidad es la sonrisa de los otros.

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25 de febrero de 2018 | 01:21
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