¿Atentos ante una gran erupción volcánica en Argentina y Chile?

Lo publicó el diario "El Mercurio" y alientan a tomar medidas oportunas de prevención. El fenómeno se detecta por un sistema de alerta temprana.

"La siguiente gran erupción volcánica que se presente en el Cono Sur no debería tomar por sorpresa a Chile y Argentina", afirma el periodista Richard García en la edición de hoy del diario trasandino "El Mercurio".

El artículo insiste en destacar la labor de un sistema de red de alerta temprana que articula información desde 2013, con apoyo de la agencia de Japón (JICA). Los investigadores ahora pueden saber si las cenizas de una erupción de esta tipo pueden afectar qué lugares a ambos lados de la cordillera.

Hace hace un tiempo este sistema de prevención podía demorar hasta 4 horas en advertir el flujo de las cenizas, aunque ahora en apenas, según el área a tratarse, puede saberse entre 15 y 30 minutos.

"Lo normal es que los vientos se llevan la ceniza hacia el lado argentino porque en altura el viento que predomina es el que viene del oeste", explica en la nota la meteoróloga chilena Marta Caneo.

Hoy existen 8 estaciones de medición y esperan habilitar dos más. Argentina concentra el 70 % de estos laboratorios. La ceniza volcánica no había sido tenido en cuenta por nadie en el mundo, gasta que en 2010, la explosión del volcán Eyjafjallajökull, en Islandia, paralizó la actividad aérea en toda Europa. Un año más tarde, en Argentina, sucedió algo similar con el Caulle Pullehue.

"Toda la información meteorológica no era suficiente para detectar un fenómeno que se producía en altura, no podíamos decir dónde estaban y qué concentración tenían las cenizas", agregó Caneo. De ahí que el proyecto SAVER-Net se encargue de instalar instrumentos que permitan recoger esos datos.

"El más avanzado es el LIDAR, una fuente de luz láser que envía un pulso al espacio, el que permite saber tanto la altura a la que se encuentra la nube de ceniza como su espesor, ya que la luz se reflecta al encontrarse con una partícula.

"La información es tan fina que los investigadores pueden determinar a qué altura se desplaza la pluma volcánica, su densidad y si realmente puede afectar las operaciones aéreas. El nivel que alcanza la pluma no es trivial, ya que si desciende mucho, las partículas pierden estabilidad y en cierto punto se precipitan al suelo, lo que cubre campos, afecta el ganado y deja paralizados los aeropuertos y caminos.

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14 de agosto de 2018 | 18:22
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