300.000 corredores en riesgo de adicción grave al deporte

 Correr está de moda. Algunos saltarán de la silla diciendo que lo hacen "de toda la vida". Otros una vez que arrancan, no pueden parar. El precio por llegar a la meta.

El Doctor Attila Szabo es uno de los mayores expertos en adicción al ejercicio del mundo. Junto a otros dos académicos fue el primero en diseñar una herramienta fiable y sencilla para detectar este trastorno tan difícil de diagnosticar. Los resultados los plasmó en un estudio llamado "La adicción al ejercicio: una nueva y breve herramienta de cribado", con plena vigencia 14 años después. 

Las conclusiones que se extraen de ese instrumento confirman una afirmación inquietante: el 3% de las personas que practican ejercicio están en grave riesgo de desarrollar adicción al mismo.

 

En España unos 300.000 corredores están en riesgo severo de adicción.  El pertinaz consejo de hacer ejercicio en pos de una mejor calidad de vida surtió efecto. En este plan, hasta las empresas incentivan la actividad física de sus empleados, o bien de sus clientes, y lo cierto es que los grupos de corredores que forman son cada vez más cuantiosos.

La ecuación parece cerrar por donde se la mire: porque además de hacer bien a la salud, con todos los beneficios a nivel cardiovascular y metabólico ya conocidos, provoca una sensación de placer gracias a las hormonas -endorfina, dopamina y adrenalina- que se liberan durante el running. 

Es la droga que pega más rápido", suelen decir en chiste los seguidores de este deporte en relación al nivel de euforia que experimentan a la llegada.

Sin embargo, "de tan bueno que es, puede ser malísimo", asegura el profesor de educación física y entrenador de atletismo Ariel Vázquez. Como en todo, el exceso lo vuelve perjudicial; y son pocos los que tienen plena conciencia de los riesgos que acarrea, sobre todo cuando se largan a correr cual Forrest Gump sin un chequeo médico previo ni la supervisión de un experto en el tema. O cuando la necesidad de superarse es tal que los desafíos empiezan a quedarse cortos y la obsesión, a expandirse.

¿Dónde está el límite? ¿Puede convertirse el running en un acto compulsivo? 

Los interrogantes son tan recientes como la popularidad de su práctica. Uno de los primeros en usar la palabra adicción para explicar la dedicación diaria y casi obsesiva de los norteamericanos al jogging fue el doctor William Morgan en la década del 80'. Consciente de la gran polémica que despertó en aquel país con su teoría, el médico introdujo a algunos corredores de maratones en esta categoría al asegurar que la supresión de la actividad les generaba un síndrome de abstinencia similar al de las drogas.

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Es que las características de esta adicción, que aun no fue incluida en el manual de trastornos mentales -DSM-, son similares a las otras. En cualquier caso, se trata de una conducta compulsiva, explica la psicóloga uruguaya especializada en adicciones, Sofía Rodríguez. "Lo que cambia es el objeto: puede ser droga, alcohol, sexo, juego, Internet o deporte. El problema es cómo la persona se vincula con ese objeto". Puede darse el caso de que alguien deje una adicción pero que finalmente desarrolle la misma conducta repetitiva e insana en la práctica del deporte.

Así como un workaholic pasa cada vez más horas en el trabajo, un adicto al deporte necesita aumentar la cantidad de ejercicio porque siente que el entrenamiento actual dejó de surtir efecto. Por tanto, ocupa demasiado tiempo del disponible en la actividad física. Hacer omisión del daño que ocasiona en la salud y seguir corriendo maratones es otro comportamiento típico, extrapolable a cualquier adicción, con o sin sustancias.

Entre las señales de alarma, el descuido de los vínculos es tal vez la más esclarecedora, asegura Rodríguez. "Con la familia se acotan y con los amigos se restringen. Solo se mantienen con los que comparten el mismo gusto por la actividad física, el resto va quedando por fuera".

La profesional habla de distintas fases, "primero es recreativa, sale a correr con el perro y de paso hace ejercicio, o como algo social cuando comparte un grupo de running con otras personas. Después ya involucra el aspecto físico: continúa el entrenamiento porque se siente bien, se ve linda en el espejo; y por último empieza a planificar su vida en torno a esta rutina". Cuando cobra más relevancia que cualquier otra cosa, ¡atención!

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Bien lo sabe Daniela N., preocupada por la obsesión que tiene su cuñado con las ultramaratones. En este caso, no hablamos de 5 o 10K, ni siquiera de 42, este corredor que ya pasó la quinta década le hace frente a más de 300K. Sí, esa cantidad de kilómetros en una sola carrera; y la familia ya no sabe qué hacer para que reduzca los tramos. "Siempre estamos con el corazón en la boca pensando hasta qué punto va a resistir el cuerpo", confiesa.

Al principio lo apoyaban, porque veían su pasión por este deporte que descubrió en 2006 y lo atrapó desde el inicio. Incluso hicieron todo lo posible para que pudiera participar en una carrera que se realiza en Grecia, donde compiten los mejores ultramaratonistas del mundo. "Lo bancamos, juntamos plata para que se fuera e, incluso, lo acompañamos. Pero al año siguiente quiso volver, a pesar de haber sufrido mucho en la anterior. Se fue solo porque nadie estaba de acuerdo con que regresara", relata.

Nadie en el círculo íntimo pensó que llegaría a este extremo. "Cada vez que regresa de una carrera, hecho bolsa, dice que es la última. Pero después no cumple su palabra", advierte Daniela. De hecho, en 2015 ya tiene dos desafíos, uno en marzo y otro setiembre. Entre los dos sumarán más de mil kilómetros, número suficiente para que los seres queridos estén cuanto menos inquietos. "Ya no hablo más del tema con él, para evitar el desgaste de la relación, Solo me remito a decirle que me parece una locura", señala.

Claro, su hermana -la esposa del atleta- es la que se lleva la peor parte, porque la práctica de esta actividad generó un gran revuelo en el seno más íntimo. "Él dice que no molesta a nadie, que no toma, no se droga; que trabaja y corre. Entonces por qué lo jorobamos tanto, nos pregunta", cuenta la cuñada. De ninguna manera acepta su obsesión. "Correr es una droga, pero sana. No estoy loco, me cuido. Estoy pendiente de mis dolores, escucho mi cuerpo", asegura a la revista Paula lejos de una mínima autocrítica. Es más, dice que nada está por encima de su familia.

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Es que al tratarse de un hábito saludable y promovido hasta el hartazgo, resulta aun más difícil que alguien reconozca esta dependencia. "Cuando hablamos de adictos, la gente generalmente piensa en drogas, pero estamos rodeados de personas con conductas adictivas. Culturalmente es difícil aceptarlo; la adicción al trabajo es uno de los ejemplos más claros. Si un persona pasa horas y horas en la oficina, hay algo que no anda bien, y se debe preguntar por qué no puede estar en su casa disfrutando de su familia o saliendo con amigos", explica la psicóloga Rodríguez. Tanto trabajar como hacer deporte gozan de buena prensa, por eso existe el riesgo de que no se perciban como una problemática aunque los síntomas estén a la vista.

En este caso, se parte de la base que la adicción es no decir, es la incapacidad de poner en palabras algo que angustia, explica Rodríguez. El objeto adictivo anestesia ese malestar, entonces pasa de largo y la persona sigue con su vida. Hasta que se complica y ya no le permite continuar, porque esa conducta empieza a repercutir en la pareja, en el círculo de amigos y en el empleo.

Hipermotivados

La complejidad del ejercicio es baja -correr consiste en la repetición de un movimiento simple- pero la motivación, muy alta. Por eso los entrenadores tienen que estar atentos, primero a los que pretenden atravesar Montevideo en la primera corrida. "La gente está hipermotivada y sale como loca. Inmediatamente te das cuenta, entonces le decís: ‘así no mi amiga, suavecito'. La que se apura, corre poco, se lastima y no lo hace más", revela Vázquez, con 37 años de experiencia en su haber.Y segundo, a quienes se pasan de rosca por temor a quedar fuera de carrera, agrega su colega Gonzalo Diez. "Hay personas que quieren correr 21K el sábado y tienen tanto miedo de perder resistencia que la semana anterior se matan y corren otro tanto el martes y el jueves. Están muy equivocadas", dice el profesor de Educación Física y entrenador de grupos de corredores.

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El estímulo es enorme, lo reconoce cualquier runner. La diferencia está en si se realiza para obtener algo o para evitar algo. Cuando se corre para librarse de una fuente de estrés, esclarece el médico e investigador Attila Szabo, el ejercicio se convierte en un mecanismo que en principio permite a las personas superar dicho estrés. Sin embargo, existe un mayor riesgo de padecer adicción al ejercicio, ya que correr no elimina la fuente de angustia, solo regula la respuesta de la persona ante dicho malestar. Una vez que se termina el ejercicio, el estrés regresa.

Gonzalo Diez es capaz de detectar fanatizados en un abrir y cerrar de ojos. Si bien advierte que los casos son contados, al menos entre sus alumnos; que los hay, los hay. Frente a esto, el profesor intenta ir más allá del plan inicial: "Tratás de indagar qué hace los días que no va a clase, si se entrena o no por su cuenta, si hace otro tipo de ejercicio y si se alimenta bien". Esto último no es un tema menor ya que, muchas veces, si la persona está obsesionada con la actividad física suele estar igual de fanatizada con la alimentación.Y algunos muestran trastornos como anorexia y bulimia enlazados a este problema.

Si se llega al extremo de la obsesión, esta puede ir acompañada de mucho sufrimiento físico y psíquico. Pues al erradicar el disfrute, las metas son cada vez más altas, y ya no existe lesión que los frene. Pregúntele al hombre de 44 años que corrió la última triatlón conocida como Iron Man en Punta del Este el pasado diciembre y 250 metros antes de llegar a la meta se desplomó en el piso para finalmente terminar hospitalizado. Si hay algo positivo a rescatar de la experiencia, es que vivió para contarlo.

"Por una cuestión de marketing, muchas personas ven el running como atractivo y se largan a correr. O lo hicieron hace 20 años, arrancan y se dan cuenta del tiempo que ha pasado. Muchas veces se las alienta a empezar un plan de ejercicio, pero este debe ser individualizado en función de la edad, los antecedentes patológicos y su estado físico actual. Si la persona tiene obesidad, por ejemplo, no se recomiendan las actividades de impacto", alerta el experto, quien desde el vamos reafirma que no todos están capacitados para correr.

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A medida que crece el furor por esta práctica deportiva, aumentan las consultas por lesiones: las musculotendinosas, los desgarros y las patologías de rodilla. Si bien es difícil cuantificarlo, se observan con frecuencia y las mujeres son las que se llevan la peor parte. ¿Significa que tienen mayor riesgo que los hombres? "Es discutible. Lo que sí es cierto es que existen factores constitucionales en la mujer, como la cadera más ancha y las rodillas más juntas, que pueden aumentar la predisposición a las lesiones. Eso no significa que no pueda correr, pero es algo a tener en cuenta", precisa Gioscia.

La aclaración es más que válida teniendo en cuenta que el número de mujeres que se inclina por este deporte crece a pasos agigantados. Con decir que en cuestión de tres años, estima el presidente de la Confederación Atlética del Uruguay, Pablo Sanmartino, igualará al de los hombres. Para muestra, basta detallar que en 2010, el 20 por ciento de los corredores eran damas, y hoy esa cifra trepó al 42 por ciento.

Sea mujer u hombre, eso de salir a correr una maratón solo porque lo hace el de al lado y sin un entrenamiento previo es una locura. Vázquez dice que solo el 20 por ciento de los que participan en una carrera de 10K está capacitado para hacerlo. Imagine entonces cuántos estarían en condiciones de hacerle frente a 21 o 42K.

¿A quién no se le aconseja este deporte? A las personas con factor de riesgo cardiovascular o antecedentes de cardiopatía isquémica. Un diabético sí puede realizarlo pero teniendo un especial cuidado en su control metabólico.

"Cuando te empezás a preguntar en el kilómetro 5 qué hago acá, significa que no estabas apto para eso. Aunque llegues bárbaro a la meta, significa que no era bueno para vos", lanza Vázquez. "Correr es tu amigo, abrile la puerta, dejalo entrar, no lo metas de pesado porque te va a doler. Es una actividad divina pero con la intensidad o el volumen incorrectos te lastimás", agrega.

Aquí, como en cualquier orden de la vida, encontrar el equilibrio es la clave. "La idea es hacer algo que forme parte de tu vida. Pero es como todo, ni vas a trabajar 24 horas, ni a comer o a estar ocioso todo el día. Lo mismo sucede con el running. Hay que darle lugar al ejercicio en la misma medida que a otras cosas. Es sentido común".

Mejor prevenir que curar

Si bien existen factores que no influyen directamente en el desarrollo de una adicción, todo suma a la hora de practicar este deporte de manera saludable. Por eso a continuación se detallan algunos consejos vertidos por los expertos consultados:

1. Someterse a un chequeo médico. Se le llama estudio preparticipativo y consiste en un examen clínico y otro paraclínico en función de los antecedentes personales y el ejercicio a realizar. Se observa el nivel de colesterol, la glicemia, la presión, entre otros puntos. A mayor exigencia en el ejercicio propuesto, más exhaustivo será el chequeo.

2. Realizar la actividad bajo supervisión. Un profesor de Educación Física preparado para esta tarea o un entrenador de atletismo son los profesionales idóneos para programar un entrenamiento en base a las características de cada corredor y llevar adelante un trabajo que vaya de menos a más.

3. Evitar por todos los medios los entrenamientos propuestos en páginas de Internet. Se multiplican al ritmo del furor del running, pero son peligrosos porque justamente no contemplan los antecedentes ni el estado físico del corredor.

4. Usar los zapatillas adecuadas. Es fundamental para prevenir lesiones en pies, rodillas, cadera y columna. Todo tiene que ver con la amortiguación y la postura, puede ser muy riesgoso si no se hace de la manera correcta.

5. Elegir la hora y el día de la maratón. Que no haya sol, que la persona se alimente correctamente y se hidrate bien. Y, además, que considere si se preparó lo suficiente como para correr equis cantidad de kilómetros. 

6. El premio se obtiene todos los días al entrenar. Aunque suene extraño, el día de la carrera se debe correr más suave que nunca, ya que no se trata de un examen. Los entendidos dicen que la medalla se gana a diario, el día de la maratón se la va a buscar.

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Fuentes: El Confidencial / Paula

Opiniones (1)
20 de junio de 2018 | 05:11
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20 de junio de 2018 | 05:11
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Los runners son deportistas frustrados que creen que son deportistas reales, cuando en el fondo saben que correr es solo mental y que superando esa barrera el resto es pan comido. La sensación de sentirse alguien, sumado a la liberación de endorfina y adrenalina, da como resultado esta moda que por suerte a pesar de serlo, divulga la actividad física como viento de cola.
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