Las causas menos conocidas de la obesidad

Los altos niveles de estrés e incertidumbre generan ansiedad, depresión y también malas decisiones alimentarias. Déficit de sueño y otras razones de esta epidemia.

 La obesidad es una enfermedad compleja. En realidad se trata de una escandalosa epidemia de muerte lenta.

La diversas presiones a través de la evolución han programado a la especie humana de manera de proteger las reservas de grasa. Por tanto, a medida que nuestra alimentación se torna alta en energía y nuestra vida sedentaria disponible, la obesidad y las enfermedades asociadas aparecen.

A un nivel de análisis simple la obesidad esta causada por un balance positivo: más ingreso que gasto calórico.

Sin embargo, muchos otros factores determinan la pandemia. En principio el entorno establece normas de consumo caracterizadas por una disponibilidad constante de productos altos en calorías en porciones gigantes, y normas de movilidad restringida debido a las largas jornadas escolares y laborales, elevada criminalidad, intensa mecanización, un alto desarrollo tecnológico y la enorme competencia entre el mercado del entretenimiento y la práctica de actividad física.

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Por otro lado los altos niveles de estrés y de incertidumbre generan no solo ansiedad y depresión sino también malas decisiones. Se trata de exceso de “comida de confort” harinas con grasas dulces y saladas.

Simultáneamente es frecuente que se prescriban medicamentos que aumentan la ingesta y el peso. La flora intestinal -microbiota- genera más calorías a partir de la fibra que comemos y un grado moderado de inflamación.

Adicionalmente, padecemos una deuda de sueño: dormimos menos de 7 horas por noche. Este fenómeno aumenta el hambre y disminuye el gasto energético.

Además los humanos mantenemos una temperatura corporal por encima de la ambiental. Y a medida que la sociedad se ha habituado a permanecer en espacios térmicamente neutros y constantes, la demanda energética se ha minimizado y ha facilitado la obesidad.

Por otro lado ciertos químicos que están en todos lados como el bisfenol A, los ftalatos, los pesticidas ingresan con los alimentos y el agua facilitan el aumento de peso al interferir con la señalización hormonal.

Repasando los múltiples determinantes de obesidad, sorprende tanto la ausencia de programas de prevención de obesidad como las propuestas absolutamente unifocales, como los impuestos a ingredientes, que no han mostrado poseer impacto sobre el control del peso.

Es urgente abandonar las estrategias del siglo XX, barajar y dar de nuevo porque lo que necesita la epidemia actual de muerte lenta es acertar ¡aunque sea en el último round!

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Fuente: Dra. Mónica Katz

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23 de abril de 2018 | 02:13
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