La crisis de refugiados que puso en jaque a la Unión Europea

Europa enfrentó este año un desafío inédito que puso en discusión la libre circulación de personas, con la llegada de más de un millón de refugiados o migrantes.

En la primera mitad de 2015 predominaron los arribos por mar al sur de Italia desde el norte africano, mientras que en la segunda el grueso de los migrantes llegó a Europa desde Turquía, cruzando el Mediterráneo a Grecia y luego siguiendo la ruta de los Balcanes hacia el ansiado y próspero norte europeo. 

En la primera mitad de 2015 predominaron los arribos por mar al sur de Italia desde el norte africano, mientras que en la segunda el grueso de los migrantes llegó a Europa desde Turquía, cruzando el Mediterráneo a Grecia y luego siguiendo la ruta de los Balcanes hacia el ansiado y próspero norte europeo.

Tras un breve período de fronteras abiertas y abrazos solidarios, casi todos los países de la ruta de los Balcanes comenzaron a imponer controles limítrofes, a militarizar esas zonas e, incluso, a levantar vallas, entre ellos Alemania, República Checa, Austria, Hungría, Eslovenia, Croacia, Serbia, Macedonia y Bulgaria.

Budapest migrantes refugiados


La UE se reunió varias veces para buscar una solución a lo largo del año, pero sólo logró consensuar un reparto de 160.000 refugiados en un período de dos años, un acuerdo con Turquía para detener el paso de los cientos de miles que escapan de conflictos armados, represión y pobreza antes de que lleguen a las fronteras del bloque regional, y una nueva interpretación restrictiva del concepto de refugiado.

A fin de año, después de nueve meses de desembarcos cotidianos de cientos de familias y personas en las costas del sur de Europa, sólo los ciudadanos sirios, iraquíes y afganos podrán intentar en 2016 seguir camino hacia el norte del continente y, quizás, conseguir un asilo político permanente.

Refugiados inmingrantes migrantes


Luego de ir rompiendo récord tras récord, la cifra de refugiados o migrantes llegados a Europa en 2015 superó la marca de un millón (1.005.554) el 21 de diciembre pasado, según informó al día siguiente la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que agregó que nunca antes en 70 años Europa se había visto enfrentada a un arribo tan masivo de personas en busca de protección como este año. 

 El precedente más cercano se remonta precisamente a la Segunda Guerra Mundial, y el acelerado ritmo de llegadas supera ampliamente el causado por los conflictos relacionados con la desintegración de la antigua Yugoslavia, en la década de 1990.

Un poco más de la mitad de los recién llegados a Europa son sirios que escapan de una de las peores guerras de los últimos tiempos, mientras que un 20% son afganos y un 6% iraquíes, estos dos últimos sobrevivientes de países que viven las trágicas secuelas de dos largas ocupaciones militares estadounidenses fallidas, según cifras del organismo de refugiados de la ONU (Acnur).

La masa de recién llegados también incluyó a decenas de miles de africanos que escapan de la represión estatal en Eritrea y de conflictos sectarios y religiosos en Nigeria, Somalía, Sudán y Mali, entre otros países.

Niños migrantes


Los flujos de refugiados e inmigrantes de África y Medio Oriente al continente europeo ya habían empezado a crecer en los últimos años, pero desde el segundo trimestre de 2015 las llegadas masivas a las costas de Italia y Grecia se multiplicaron.

La crisis de refugiados tuvo dos momentos críticos que dominaron la atención de los medios de comunicación.

Primero en abril, cuando unos 1.100 refugiados e inmigrantes murieron ahogados en dos naufragios en el Mediterráneo, intentando llegar a las costas europeas, incluyendo a 700 fallecidos al hundirse su embarcación el día 19 de ese mes, en la mayor tragedia de su tipo en todo el año.

refugiados sirios


Pese a la continua llegada de familias desesperadas y varios naufragios masivos del año anterior, la UE había desfinanciado la operación marítima de Frontex, la agencia europea encargada de proteger las fronteras del bloque.

La UE tomó nota de su error y refinanció la operación de vigilancia y rescate de Frontex en el Mediterráneo, pero eso fue todo.

Con la llegada del verano en el Hemisferio Norte, el número de recién llegados creció exponencialmente hasta inundar las costas de Italia y Grecia, dos países sumidos en una crisis económica de larga data, y luego copar rutas, trenes y plazas de pueblos, ciudades y capitales de los Balcanes, Europa central y finalmente algunos de los países más ricos del Viejo Continente, como Alemania.

La crisis de refugiados explotaba finalmente frente a los ojos de los europeos, pero no fue hasta el 2 de septiembre, cuando la foto del pequeño Aylan Kurdi ahogado, boca abajo sobre una playa turca dio la vuelta al mundo, que los líderes de la UE reaccionaron.

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El niño sirio kurdo tenía apenas tres años y falleció luego que él y su familia naufragaran en un precario bote en el mar Egeo, a poco de abandonar la costa turca con destino a una de las islas griegas cercanas.

Casi de inmediato, los gobiernos involucrados en las llamadas rutas de los refugiados dejaron de ignorar a los recién llegados y pusieron micros y trenes a su disposición para que alcancen sus destinos finales. Para la gran mayoría, su meta era Alemania.

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Durante dos semanas, como una suerte de primavera esperanzadora, cientos de miles de refugiados atravesaron una frontera tras otra, recibieron la calurosa bienvenida, ropa, alimentos y agua de miles de ciudadanos europeos y finalmente se instalaron en los países del Norte con la esperanza de construir una mejor vida.

Pero cuántos más refugiados llegaban, más crecían las críticas de la derecha y la extrema derecha europea, liderados por el gobierno ultranacionalista de Hungría, y más se multiplicaban las agresiones xenófobas a refugios o extranjeros, principalmente en Alemania.

A menos de dos semanas de abrir sus fronteras y de mostrar al mundo pequeñas multitudes de personas con carteles de bienvenida, la canciller alemana Angela Merkel anunció el establecimiento de controles fronterizos, frenó los trenes internacionales y de a poco sus vecinos la fueron imitando.

Refugiados somalíes crisis alimentaria pobreza hambre N


Pese a las restricciones y el rechazo de todos aquellos que no sean sirios, iraquíes y afganos, las masas de refugiados e inmigrantes siguieron llegando a Europa y los naufragios en el mar Egeo se volvieron cotidianos.

Más de 3.600 personas murieron este año en el Mediterráneo intentando llegar a Europa y, según la organización Save the Children, más de 120 chicos se ahogaron desde el 2 de septiembre, cuando el mundo se indignó por la muerte de Aylan Kurdi y Europa prometió dar una respuesta a los refugiados.  

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21 de mayo de 2018 | 01:03
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