Los franceses vivieron un 2015 que nunca olvidarán

El año arrancó con un ataque de extremistas islámicos a la revista satírica Charlie Hebdo y culminó con el mayor atentado islamista en la historia del país.

 La masacre de mayor magnitud, el peor ataque en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar el 13 de noviembre, con una serie de ataques coordinados en París y en la periférica Saint Denis, en la que hubo 130 muertos, 89 de ellos en la sala de conciertos Le Bataclan, y casi 370 heridos.

Los ataques en los barrios frecuentados por la juventud parisina fueron reivindicados por el Estado Islámico (EI), que había amenazado a Francia muchas veces por su campaña de bombardeos aéreos en Irak, iniciada en agosto de 2014, y en Siria, lanzada dos meses antes de los atentados, en septiembre pasado.



Pero el año fue sangriento desde sus comienzos. El 7 de enero, los hermanos Said y Chérif Kouachi, de 34 y 32 años de edad, irrumpieron fuertemente armados en una de las sedes de Charlie Hebdo, donde asesinaron a 12 personas, incluidos cuatro de los caricaturistas más famosos de Francia. Stéphane Charbonnier (Charb), Cabu, Tignous y Wolinski.


CHARLIE HEBDO 1

Tras una fuga que mantuvo al país en vilo, los hermanos Kouachi fueron abatidos dos días más tarde en una imprenta al noreste de París en la que se habían atrincherado.

Ese mismo día, fue abatido un cómplice de los dos hermanos, Amedy Coulibaly, quien la víspera había asesinado a una agente de policía y después tomó rehenes en un supermercado judío de la capital a una decena de rehenes, cuatro de los cuales murieron.

 El ataque a Charlie Hebdo fue reivindicado por Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), la rama yemenita de la organización islamista, mientras que Coulibaly afirmó en un video difundido tras su muerte haber actuado en nombre del EI.

La afrenta contra la libertad de expresión, las fuerzas del orden y la comunidad judía, que elevó la alerta antiterrorista a su máximo nivel, despertó en la sociedad francesa una indignación sin precedentes, que se resumió en la frase #JeSuisCharlie (Yo soy Charlie) y en multitudinarias manifestaciones en todo el país.

El 19 de abril, apenas superada la conmoción, las fuerzas de seguridad desbarataron un atentado que tenía como objetivo dos iglesias al detener de forma fortuita al presunto atacante -se disparó por error una bala en la pierna antes de iniciar los ataques-, un estudiante de electrónica argelino que recibía órdenes desde Siria y a quien se responsabiliza del asesinato de una mujer.

La decapitación de un hombre el 26 de junio en Saint Quentin- Fallavier, en el centro de Francia, cuyo cuerpo fue rodeado de banderas del EI disparó nuevamente la alarma entre las autoridades.

 Esa muerte se produjo dos días después de que el Parlamento francés aprobara con carácter definitivo una polémica ley "antiterrorista", que da cobertura a la acción de los servicios secretos para luchar contra el extremismo.

La sombra del yihadismo reapareció el 21 de agosto, cuando un ciudadano marroquí armado con un fusil automático, una pistola y un cúter protagonizó una nueva tentativa de ataque en un tren de alta velocidad Thalys que unía Ámsterdam con la capital gala.

Atentados en París


Tres pasajeros estadounidenses, junto a otro británico y uno francés, consiguieron reducirlo y recibieron la máxima condecoración francesa: la Legión de Honor, en reconocimiento a su valentía.

Pese a que cada ataque o tentativa llevó a incrementar la seguridad, de nada sirvieron las draconianas medidas instauradas tras el atentado en Charlie Hebdo para impedir los ataques de noviembre, que dispararon la paranoia e instalaron la sensación de vulnerabilidad permanente entre los franceses.

A partir de las 21.20 de ese viernes 13 de noviembre, tres atacantes suicidas se inmolaron en las afueras del Stade de France, en Saint Denis, mientras los seleccionados de fútbol de Francia y Alemania jugaban un amistoso al que asistía el presidente Francois Hollande, quien fue evacuado del estadio.

Una persona murió en esas explosiones, además de los tres suicidas.

Minutos después, un segundo comando atacó a tiros dos bares y un restaurante parisinos, y un cuarto extremista se inmoló con una explosivos dentro de otro café, lo que resultó en la muerte de 40 personas, incluyendo este último atacante.

Casi al mismo momento de este estallido, tres hombres fuertemente armados irrumpieron a los tiros en Le Bataclan y tomaron de rehenes a entre 60 y 100 personas que asistían al concierto de una banda de rock.

Fuerzas de seguridad lanzaron un asalto al lugar podo después que resultó en la muerte de los tres atacantes, entre las 89 víctimas mortales que dejó el ataque.

Al día siguiente, el EI reivindicó los ataques en un comunicado difundido por Internet.

Horas antes, en la noche del 13, al concluir la toma de rehenes en Le Bataclan, el socialista Hollande, en un dramático mensaje a la nación, decretó el estado de emergencia, equivalente al estado de sitio en Argentina. La medida, adoptada primero por una semana, fue extendida por tres meses por el Parlamento el 19 de noviembre.

La decisión de declarar el estado de emergencia fue criticada por asociaciones y organismos de derechos humanos, por considerarla un retroceso para las libertades individuales que llevaba a Francia a incumplir con los compromisos de derechos humanos adquiridos con la Unión Europea (UE).

Cinco días después, el belga Abdelhamid Abaaoud, sindicado como el cerebro de estos atentados, fue abatido en una redada policial en Saint Denis en el que murieron otros dos yihadistas.

Días después, autoridades dijeron que esa célula planeaba un nuevo ataque en el distrito financiero parisino de La Défense.  

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18 de agosto de 2018 | 13:20
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