G20: Putin deja de ser el marginado y Merkel pierde brillo

El año pasado pasó todo lo contrario. En sólo 24 horas repartidas en dos jornadas, los jefes de Estado y de Gobierno de los principales países industrializados se dan cita.

Cómo cambian los tiempos: en la cumbre del G20 de Brisbane, en 2014, Vladimir Putin se encontró aislado y tuvo que soportar agrias críticas, mientras Angela Merkel emergía como brillante mediadora. En la de este año, en Turquía, la canciller alemana llega bajo fuerte presión y el presidente ruso en cambio vuelve a ganar relevancia.

En sólo 24 horas repartidas en dos jornadas, los jefes de Estado y de Gobierno de los principales países industrializados y emergentes del mundo (G20) tienen una inmensa lista de tareas por debatir.

Para empezar, el encuentro del domingo y lunes tiene lugar en un país al que la Unión Europea (UE) acusa de violaciones de los derechos humanos y del estado de derecho.

Y que tiene un vecino como Siria, donde una sangrienta guerra civil está haciendo huir a millones de personas y donde Rusia y Estados Unidos realizan bombardeos aéreos contra el Estado Islámico (EI), pero cada uno con un bando distinto. Moscú apoya al gobierno de Bashar al Assad, Washington a los rebeldes.

El terrorismo y la crisis de los refugiados dominarán la cumbre, pese a que en teoría el G20 se centra sobre todo en asuntos económicos. Los dirigentes, reunidos en la localidad costera de Antalya, abordarán asimismo asuntos de política fiscal, energética y climática.

De cualquier manera, cuando los presidentes de Rusia y de Estados Unidos se sientan a una misma mesa, cosa que no ocurre a menudo, es imposible evitar que el tema que tiene en vilo a gran parte del mundo no centre las conversaciones, pues tanto Putin como Barack Obama son los dos líderes con más poder en sus manos para resolver el conflicto sirio.

Y el G20 es una rara ocasión, sobre todo desde que Putin fue expulsado en 2014 de otro grupo de decisión, el G8, debido a su papel en el conflicto en Ucrania, por lo que este año no se sentó a la mesa en la cumbre -ahora del G7- celebrada en Alemania. Todos los participantes saben sin embargo que no hay salida para Siria sin la participación de Rusia.

El terrorismo y sus consecuencias será el tema de la cena de trabajo que tendrán los mandatarios el domingo, lo que podría arruinar el apetito de más de uno. Desde el inicio de los combates en Siria en 2011 han muerto unas 250.000 personas y más de cuatro millones han tenido que abandonar sus hogares.

Nadie espera que del G20 salga una solución a la guerra, tampoco es el formato adecuado para ello, pero todos ansían que pueda servir para dar pasos en esa dirección, dicen fuentes diplomáticas en Berlín.

El año pasado, Putin tuvo un recibimiento gélido en Australia, mientras que todos querían hablar con Merkel por su posición dura pero a la vez mediadora en el conflicto ucraniano entre Moscú y Kiev.

Ahora es Merkel la que llega bajo fuerte presión porque su política inicial de puertas abiertas a los refugiados es muy criticada dentro de su propio partido y porque la UE se está mostrando incapaz de gestionar la crisis.

Merkel necesita aliados con urgencia. La canciller quiere que en la declaración final se incluya una posición común sobre la crisis de refugiados, para combatir las causas de la migración y la forma de dar acogida a cientos de miles de personas que ya se han trasladado a Europa.

En el G20 vive dos tercios de la población mundial y su producto interno bruto (PIB) equivale al 80 por ciento del total global. Por eso no hay un foro mejor para resolver las causas de la migración, opinan diplomáticos alemanes.

La anfitriona Turquía tiene también un papel destacado como miembro de la OTAN, como vecina de Siria y por acoger a dos millones de refugiados sirios. La UE quiere que haga más para detener la llegada de migrantes a su territorio, un territorio al que sin embargo no le ha permitido sumarse hasta ahora.

Los participantes tendrán por tanto que buscar un complicado equilibrio en sus críticas al presidente islamista conservador Recep Tayyip Erdogan por las restricciones a la prensa y otros derechos, críticas que probablemente serán menos duras que en otros momentos.

En todas las cumbres cada presidencia plantea los objetivos a futuro, que luego firman los mandatarios, pero esta vez Turquía quiere hacer también un balance de lo conseguido hasta ahora.

Su estrategia 2015 está contenida en las tres "I": inclusión, implementación, inversión. Una agenda de crecimiento sostenible debe tener en cuenta a los países más débiles, hay que mejorar la alimentación de más personas y su acceso a la energía y cada país debería reducir el desempleo juvenil al 15 por ciento.

Fuente: Kristina Dunz, Dpa. 

Opiniones (1)
18 de julio de 2018 | 16:07
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18 de julio de 2018 | 16:07
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  1. Gobierno de los principales países industrializados se dan cita. y CFK esta ahi! antes no estabamos integrados internacionalmente
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