Lucha cultural en India: los hindúes radicales atacan

"La cultura de la India, la diversidad y el debate se encuentran actualmente bajo una tormenta violenta", escribió hace una semana la escritora Nayantara Sahgal.

Sudheendra Kulkarni partía con su coche desde delante de su casa, en la metrópolis india de Bombai, cuando unos 15 miembros de partido conservador Shiv Sena lo detuvieron, lo sacaron del vehículo a la fuera y le embadurnaron la cara con pintura al óleo. "Dijeron: No nos has escuchado y esto es lo que nosotros te hacemos", contó Kulkarni con la cara todavía de pintada de negro.

"No es un color, es la sangre de nuestros soldados", señaló Sanjay Raut, portavoz de Shiv Sena. Kulkarni iba a presentar la noche del lunes el libro de un ex ministro paquistaní. Y eso es otra razón para agredir a Kulkarni, pues -según Shiv Sena- hizo causa común con Pakistán, enemigo acérrimo de India.

El partido regional Shiv Sena, que no deja de ser la segunda mayor formación política en el estado de Mahrashtra, suele ser noticia por ese tipo de ataques, con los que consigue así llamar la atención de los medios de comunicación.

La semana pasada obligaron con amenazas a que el cantante paquistaní Ghula Ali, apreciado en la región, cancelase un concierto en Bombay. Todo aquello que en opinión de los conservadores no forme parte de la cultura hindú se tiene que prohibir, reza su credo. Y como el gobierno central y cada vez más gobiernos regionales están dominados por el partido nacionalista hindú BJP, los extremistas hindúes se sienten alentados.

En la capital han dañado iglesias; en Karnataka, en el sur de la India, asesinaron al intelectual y centífico M. M. Kalburgi y amenazaron hasta tal punto al escritor tamil Perumal Murugan que éste acabó declarando vía Facebook su muerte literaria. Además, en un pueblo del norte de la india, una multitud hindú linchó a una persona de la que se sospechaba que había comido carne de una vaca sagrada.

"La cultura de la India, la diversidad y el debate se encuentran actualmente bajo una tormenta violenta", escribió hace una semana la escritora Nayantara Sahgal en una carta abierta titulada la "La supresión de India". En señal de protesta, la sobrina del ex primer ministro Jawaharlal Nehru devolvió al Estado el Sahitya Akademi Award, la máxima distinción literaria del país.

Más de una decena de autores distinguidos con el galardón siguieron su ejemplo, una revuelta nunca antes vista entre los literatos. "Cuando se trata derechos democráticos como la libertad de expresión, la religión o la privacidad, etc. se cierran los ojos y (esos derechos) se limitan o se eliminan", lamentó el poeta Ashok Vajpeyi, quien recuerda que la India es única en su pluralidad de idiomas, religiones, costrumbres, gastronomía y arte.

Y en el centro de las críticas está el primer ministro Narendra Modi, aun cuando su nombre no suela mencionarse. Desde que llegó al poder hace un año y medio ha intentado equilibrar el deseo de ser visto como un gran estadista, como una persona tolerante que se habla de tú con el presidente Barack Obama, con la aparente necesidad de satisfacer a gran parte de sus votantes.

Un 80 por ciento de los indios son hindúes y muchos de ellos tienen una actitud escéptica con los musulmanes. El BJP no ha ordenado la persecución de los piensan de forma diferente, pero tampoco hace nada en contra quienes sí lo hacen, señala el crítico literario y activista Ganesh Devy. "Hubo muchos incidentes en los últimos 16 meses y ¿tan sólo se ha perseguido judicialmente a una persona?", preguntaba retóricamente Devy.

Fuente: Doreen Fiedler, Dpa. 

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15 de agosto de 2018 | 13:59
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