El papa Francisco y la decisiva cumbre entre obispos

El pontífice apela al valor para afrontar este encuentro, del que participan 270 cardenales y obispos y se hablará de divorcio y homosexuales, entre otras cosas.

El papa Francisco pidió esta mañana a los líderes de la Iglesia católica que no tengan miedo a discutir abiertamente sus diferentes puntos de vista durante la cumbre de obispos que se celebra hasta el 25 de octubre.

En el conocido como Sínodo de la Familia, en el que participan 270 cardenales y obispos, las cuestiones relacionadas con el divorcio y los homosexuales protagonizarán algunas de las polémicas. No se espera de esta cumbre un cambio en la doctrina de la iglesia, pero sí se aspira a revisar cómo adaptar sus enseñanzas al estilo de vida moderno.

En el discurso de apertura, Francisco instó a los presentes a "tener el valor" de enfrascarse en un debate abierto y franco y les pidió que eviten comportarse como los políticos, que sólo buscan encontrar un mínimo común denominador.

"El Sínodo no es un parlamento, sino una expresión eclesial, es decir, la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de dios", dijo el pontífice. El único camino posible es abrir el corazón al espíritu santo con "coraje apostólico, humildad evangélica y oración confiada".

Uno de los asuntos más polémicos de la cumbre es si se levanta o se mantiene el veto para que los divorciados casados de nuevo puedan volver a comulgar. Algunos de los cardenales más relevantes ya han advertido de la posibilidad de un cisma grave en el corazón de la Iglesia por este asunto.

Por otra parte, el posicionamiento de la Iglesia con respecto a las parejas del mismo sexo promete ser también uno de los asuntos más controvertidos del Sínodo. El pasado sábado, el Vaticano se veía sacudido por la decisión de uno de sus teólogos de confesar a un diario italiano su homosexualidad y el hecho de que vive con otro hombre.

El teólogo, monseñor Krystztof Charasma, fue automáticamente destituido de sus funciones tras la confesión, y el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, calificó su decisión de "muy grave e irresponsable" por colocar en el centro de la presión mediática a los participantes en la cumbre de la institución católica.

Aparte de estas dos grandes controversias, se espera que durante las semanas que durará el evento la Iglesia se enfrente a otros grandes retos como el uso de métodos anticonceptivos, la vida en pareja fuera del matrimonio o el efecto negativo de la pobreza y la migración en el núcleo familiar.

Durante la misa del domingo en la Catedral de San Pedro, el pistoletazo de salida al Sínodo de la Familia, el papa afirmó que el matrimonio es un compromiso inquebrantable entre un hombre y una mujer y que la Iglesia no debía dejarse influir por "modas pasajeras u opiniones populares".

Sin embargo, el pontífice hizo también un llamamiento a una Iglesia misericordiosa, capaz de ser "un buen samaritano que ayude a la humanidad", para después afirmar que una Iglesia cerrada limita su misión y, lejos de ser un puente, la institución se convierte entonces en un obstáculo.

Fuente: Alvise Armellini, Dpa. 

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15 de agosto de 2018 | 10:16
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