Turquía, en la primera línea de la crisis de los refugiados sirios

El país ha recibido más de 2 millones desde el inicio del conflicto sirio en 2011. De ellos, sólo 260 mil se encuentran en campamentos.

Hace dos años la plaza Taksim, en el centro de Estambul, se convirtió en el corazón de las protestas contra el gobierno del entonces primer ministro Recep Tayyip Erdogan. Hoy la explanada está siendo remodelada y luce tranquila. Atrás parece haber quedado la tensión que llevó a algunos a hablar del inicio de la “Primavera Turca”. Sin embargo, el lugar no puede ocultar el nuevo drama que vive Turquía y toda la región: los cientos de miles de sirios que escapan a diario de la guerra en su país.

“Me gustaría ir a Europa, pero no tengo dinero”, dice Jalid en un rudimentario inglés mientras camina por la plaza pidiendo dinero junto a dos de sus hijos de cuatro y siete años. Como él, más de dos millones de sirios intentan rehacer sus vidas en Turquía o esperan el momento adecuado para emprender viaje hacia Europa, donde sólo este año ya han arribado más de 350 mil inmigrantes. Algunos pierden la vida en el camino, como el pequeño Aylan, cuya imagen se convirtió en símbolo del drama.

Desde el inicio del conflicto en Siria, en marzo de 2011, Turquía, Jordania y Líbano figuran en la primera línea de la crisis de refugiados. En los últimos cuatro años más de 11 millones de sirios, la mitad de la población del país, ha debido abandonar sus casas, según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Y de ellos, cuatro millones dejaron Siria, creando la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. 

Según cifras oficiales, cerca de dos millones viven hoy en Turquía -cuya población alcanza los 77 millones-, aunque extraoficialmente la cifra se eleva a casi 3 millones. “Hay provincias, especialmente en el sur, donde la mitad de la población es siria”, dice Erkan Doganay, Jefe del Centro de Manejo de Desastres y Emergencias del gobierno turco. 

“Es la mayor población que ha aceptado Turquía en su historia”, agrega, sin descartar tensiones sociales a futuro. Por su parte, Mehmet Ozkan , director ejecutivo del Centro Internacional de Terrorismo y Crimen trasnacional, dependiente de la Academia de Policía turca, sostiene que “sólo el 24% de los refugiados que entran a Turquía van a otra parte, el resto se queda en el país”.

“Tengo vecinos sirios, mis hijos juegan con niños sirios en la plaza. Así está impactando el tema en la vida real”, comenta M. Alkam, editor del diario Huber Turk, quien no duda en asegurar que la actual guerra en Siria y el avance del Estado Islámico está cambiando el mapa de la región. Hoy, el Estado Islámico, por ejemplo, ocupa un territorio que atraviesa dos países, desde Siria en el oeste, hasta Irak en el este.

En el sur de Turquía se han levantado 25 campos de refugiados o centros de protección como prefieren llamarlos las autoridades turcas. Pero estos sólo acogen a 260.536 personas. El resto, más de 1 millón 600 mil sirios -según las cifras oficiales- carece de la ayuda básica y debe buscar la forma de sobrevivir con permisos de protección temporal que los habilitan a trabajar legalmente o -aquellos que no los obtienen- logrando un empleo en forma ilegal. “El 75% de los refugiados tiene edad para trabajar, un número muy grande”, dice Doganay. En especial para una economía con más de un 10% de desempleo y un crecimiento que se ha desacelerado en los últimos tres años.

La mayor parte de la población siria se ha instalado en las provincias del sureste del país. Sin embargo, como centro urbano, Estambul es la ciudad que concentra la mayor población siria en Turquía, con más de 200 mil personas. Una cifra que, en todo caso, varía constantemente porque la antigua capital del Imperio Otomano es el paso obligado para cientos de miles de sirios que sueñan con ir a Europa. 

La llegada de refugiados ha cambiado la demografía de varias zonas de la ciudad, en especial en el sector de Askaray, convertido hoy en una “Pequeña Siria”. Allí el árabe parece ser la lengua oficial y los restaurantes de comida siria se multiplican uno junto al otro. “Yo estoy bien, abrí mi negocio y no quiero partir”, dice un comerciante sirio en la puerta de su local. Otros, sin embargo, llegan allí sólo con la intención de contactar a los traficantes de personas que los ayudarán a llegar a Europa.

“Todos hablan de la crisis de refugiados en Europa, pero se olvidan de Turquía”, dice Doganay. El gobierno asegura haber gastado más de US$ 6 mil millones en ayuda a los refugiados y sólo ha recibido US$ 417 millones en cooperación internacional. Aunque a nivel oficial pocos lo quieren reconocer, el país vive tensionado por el aumento de la población siria. 

Incluso, según el ex embajador de la UE en Ankara y actual miembro del centro de estudios Carneggie, Marc Pierini, “el gobierno turco ha cerrado los ojos a los traficantes que operan en sus costas”. Unico camino para intentar descomprimir en algo la presión interna que genera ese número de refugiados. Por ello, la Comisión Europea le ha pedido a los países del bloque que aumenten su cooperación con Turquía para que ese país pueda asistir a los refugiados y se pueda contener el flujo hacia Europa.

“En un principio Turquía pensó que el conflicto en Siria no duraría y los refugiados regresarían pronto”, comentó al diario Le Monde Dogus Simsek, del Centro de investigaciones sobre migración de la Universidad Koc de Estambul.

Mientras tanto, Edirne, en la frontera con Grecia, es el destino final de aquellos que buscan llegar a Europa y no tienen el dinero para pagarle a los traficantes que los ayudan a llegar por mar a las islas griegas. Pero en Edirne, la frontera turca está cerrada desde la semana pasada y por ahora miles de sirios permanecen en sus calles y plazas o pernoctan en la estación de Bayrampaa en Estambul. Esperan. Sólo quieren que les den luz verde y los dejen subir a un tren rumbo a Europa. (La Tercera=

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20 de julio de 2018 | 19:51
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