Corea del Norte, bajo la lupa en San Sebastián

Barack Obama, presidente de EEUU, ha dicho: “Si son capaces de intimidarnos por una película satírica, imaginen qué no harán por un documental”.

Ya lo dijo el año pasado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a propósito de la polémica "The Interview": "Si son capaces de intimidarnos por una película satírica, imaginen qué no harán por un documental". Se refería, claro, a Corea del Norte, uno de los regímenes más herméticos del mundo. Pero ese documental ha llegado.

Dirigido por el español Álvaro Longoria, "The Propaganda Game" se estrena mundialmente estos días en el Festival de San Sebastián y ha suscitado tanto interés que ya tiene acuerdos de distribución en decenas de países. No es para menos: aunque no es el primer documental sobre este Estado comunista, Longoria es uno de los pocos privilegiados que ha conseguido pasar 10 días filmando allí donde ningún periodista logra acceder.

Cómo lo consiguió es una historia sorprendente: Longoria, que como productor había trabajado junto a Oliver Stone en el documental sobre Fidel Castro "Comandante", tenía otro proyecto con el ganador de tres Oscar: entrevistar al entonces líder norcoreano Kim Jong-il. "Yo me dedicaba a intentar contactar con la embajada de Corea del Norte ante la ONU, pero les enviábamos cartas y nos las devolvían sin abrir", cuenta en entrevista con dpa.

El proyecto quedó aparcado hasta que hace dos años leyó un artículo sobre Alejandro Cao, un español que resulta ser delegado especial del régimen para las relaciones culturales con el extranjero. Lo contactó por Facebook y ahí sí hubo respuesta, aunque las condiciones para rodar fueron estrictas: siempre se moverían acompañados, dejarían de filmar cuando se lo pidieran -o les quitarían el material- y no podrían grabar a militares.

Como, especialmente después de "The Interview", el nombre de Oliver Stone no gustaba en Corea del Norte, él acabó poniéndose al frente del proyecto. Aunque su relación con Cao siempre fue "complicada". "Él es una máquina de propaganda con una misión: transmitir un mensaje", explica. "Tiene mucho poder allí y es muy sólido, no hay quien rompa su discurso. Sólo se emociona cuando se habla de la muerte del líder, que para él es como su padre".

En "The Propaganda Game", Longoria narra en primera persona y en inglés su periplo de 10 días por este último bastión del comunismo en el que viven 24 millones de personas y que, según Amnistía Internacional, "debería contar con categoría propia" en cuanto a violaciones de los derechos humanos. Su cámara captura desde imponentes desfiles militares a niños jugando entre bloques de hormigón o una boda en la mal llamada "zona desmilitarizada".

"Al principio pensé que iba a conseguir contar de verdad lo que pasa en Corea del Norte, pero pronto me di cuenta de que eso era imposible", confiesa Longoria, que como director ya filmó a Javier Bardem en el documental sobre el conflicto saharaui "Hijos de las nubes". Por eso, decidió utilizar la "energía de la propaganda" a su favor y rodar Pyongyang "casi como lo haría Leni Riefenstahl", célebre por sus producciones de propaganda nazi.

"The Propaganda Game" funciona como un "estudio casuístico" de la propaganda en tres niveles: los que ejerce el régimen hacia su empobrecido pueblo y hacia el exterior y el que se maneja desde Occidente para contar lo que supuestamente ocurre en Corea del Norte. Un buen ejemplo de esto último es cómo se narró la ejecución que Kim Jong-un ordenó de su tío: "Empezó como una broma de un blogger chino y al final salió en medios muy serios", apunta.

"Lo fascinante es que nadie analizaba que Kim Jong-un, de 28 años y recién nombrado líder supremo, se acababa de cargar a su tío que era supuestamente su mano derecha". Sólo se hablaba "del cómo", de si se lo habían comido los perros. "Me parecía muy interesante esa simplificación de la información, su reducción a titulares", añade. Y cree que eso se debe a la fascinación que ejerce el país, que en su opinión es ya "un icono pop".

Desde el otro lado, la propaganda del régimen de Pyongyang gira en torno a un enemigo causante de todos sus males: Estados Unidos. Longoria deja que los norcoreanos expliquen las bondades de un sistema donde la educación, la sanidad y la vivienda son gratis, para después dar voz a expertos que hablan de falta de medicinas, manipulación en los contenidos escolares y casas en las que no se puede preguntar por la cena, pues no hay respuesta.

No obstante, y pese al férreo discurso comunista, Longoria cuenta que el capitalismo "va entrando" e incluso encontró sorpresas como una máquina de vending de Coca-Cola. Y afirma que el mejor momento, que no pudo introducir en el documental, fue cuando entró en la embajada alemana: "Cuando me llevan a una habitación que es como una caja fuerte me dicen: 'Estás en el único sitio en todo Pyongyang donde no te están escuchando'".

Si los norcoreanos creen de verdad todo lo que les cuentan es algo complicado de responder. "Pasé allí diez días y el síndrome de Estocolmo ya se nota: hay momentos en los que la presión es tal y el bombardeo tan fuerte que no puedes estar en contra de todo. Allí te lo quieres creer porque si no, no puedes vivir", explica. Y apunta que incluso los disidentes que salen del país "siguen amando al líder". Al final, "la propaganda funciona".

Fuente: Elena Box, Dpa.

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18 de agosto de 2018 | 09:21
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