Más oportunidad que conflicto: el papa une Cuba y Miami

La Iglesia en la isla quiere una transición, pero también un aterrizaje sereno, tal el pragmatismo que siempre caracterizó a la Iglesia y que se aplica al vínculo EEUU y La Habana.

Medicinas y rosarios en lugar de manifestaciones y protestas. Los casi 200 peregrinos que viajan de Miami a Cuba para ver al papa Francisco representan el cambio del exilio, que no ve la visita del pontífice a la isla como un motivo para la división, sino como una oportunidad para la reconciliación.

Las 189 personas que vuelan desde la capital del exilio cubano en Estados Unidos portan en las maletas rosarios que repartirán en la Plaza de la Revolución de La Habana, sede el domingo de una misa multitudinaria. Hermandad en Miami con apenas unas pocas voces críticas.

Nada que ver con el ambiente previo al viaje de Juan Pablo II a Cuba en 1998, cuando 10.000 personas se echaron a la calle en Miami para protestar contra la visita y contra la idea del arzobispo Thomas Wensky de fletar un crucero para que los peregrinos cruzaran el Estrecho de la Florida.

"Había un temor a que (el papa) fuera manipulado por el comunismo, pero creo que hubo resultados positivos. Los que tenían objeciones modificaron sus puntos de vista", dijo la pasada semana Wensky, que vuelve a liderar la peregrinación como en el caso de Juan Pablo II y de Benedicto XVI en 2012.

"La Iglesia en Cuba quiere una transición, pero también un aterrizaje sereno", afirmó, reiterando el pragmatismo que siempre caracterizó a la Iglesia y que parece haberse instalado en el exilio, cada vez menos radicalizado y en mayoritaria sintonía con el acercamiento entre los gobiernos de Estados Unidos y de la isla.

"La estrategia del exilio ha sido equivocada", dice a dpa María, una peregrina de 69 años que prefiere no usar su verdadero nombre hasta volver de Cuba.

Cuando salió de la isla con sólo 14 años, María era católica y lo sigue siendo. Pese a ser crítica con el gobierno de Raúl Castro, reconoce cambios -"la Iglesia está ganando espacio"- y ha decidido aprovechar la oportunidad para ahondar en la reconciliación, que será seguramente el principal mensaje de Francisco a partir de mañana.

María viaja con sus tres hijos, que pese a tener 42, 41 y 37 años, respectivamente, nunca fueron a Cuba, el país de sus padres. Incluso vieron mal que su madre regresara por primera vez hace tres años. Además de ver al Santo Padre, el viaje servirá para cerrar un poco la brecha que divide familias desde hace décadas.

No pudo aguantar tanto la distancia Felice Gorordo. "A los 18 años tuve una crisis de identidad y viajé a Cuba", cuenta a dpa el hijo estadounidense de padres cubanos. "Fue una peregrinación personal para reencontrar mis raíces y conocer a la familia que se quedó, para reconciliar a la familia de acá y la de allá", dice antes de regresar a la isla el fin de semana para ver a Francisco.

Ahora lo hará junto a su madre, que ha dejado a un lado sus reticencias y vuelve a Cuba por primera vez en 46 años. "Hasta mis padres han evolucionado", refleja Gorordo, de 37 años, la transformación del exilio de Miami.

Gorordo, que promueve las relaciones EEUU-Cuba a través de la organización Raíces de Esperanza, no espera que Francisco ofrezca un mensaje político contra el gobierno de Castro.

María, en cambio, sí desea que el pontífice se implique con los disidentes y con la lucha por los derechos humanos. "Tiene que decir algo. Ojalá que sea un poco más fuertecito que lo que dijo cuando fue a Latinoamérica", pide.

También espera una posición clara Ramón Saúl Sánchez, figura reconocida en el exilio cubano en Miami que se ha declarado en "ayuno de conciencia" para pedir al papa que ayude a acabar con la división de las familias, tan bien reflejada por los peregrinos.

"El papa es bienvenido. Es bueno (que vaya a Cuba), pero existe el sufrimiento del pueblo cubano y sería bueno que encuentre la manera de aliviarlo", dice a dpa Sánchez, que no quiere que su acción se vea como una protesta ni una recriminación, sino como una apelación al papa, a Estados Unidos, a la Unión Europea y al gobierno de Cuba.

"No es una medida de coacción", destaca el activista, que busca llamar la atención sobre la reunificación familiar que de alguna manera el papa ya está favoreciendo con su viaje antes incluso de pronunciar una palabra.

Fuente: Daniel García Marco, Dpa. 

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21 de julio de 2018 | 18:52
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