Sociólogo mendocino cuenta la crisis de los refugiados desde Grecia

Martín Cecchi, profesional que vive en Italia, escribió para MDZ sobre lo que sucede en la isla de Kos, perteneciente a Grecia pero que se encuentra a pocos kilómetros de las costas de Turquía.

El drama de los inmigrantes que huyen de la guerra en el Cercano Oriente y Asia Central hacia Europa es cada vez mayor, debido a los cada vez más numerosos contingentes de refugiados que cruzan al Viejo Continente, las carencias que sufren y las divisiones que esta situación genera en el seno de los países de la Unión Europea.

Martín Cecchi, un sociólogo mendocino que vive en Italia, escribió para MDZ sobre lo que sucede en la isla de Kos, perteneciente a Grecia pero que se encuentra a escasísimos kilómetros de las costas de Turquía. Esto la convierte en uno de los principales focos receptivos de refugiados en el Mar Mediterráneo oriental.

A continuación, la crónica completa.

La devastadora violencia que sacude sus países se tornó tan infernal durante los últimos meses que decidieron tirar, aún más, del ya delgadísimo hilo que sostiene sus vidas. Tuvieron que dejar todo, atravesar países y enfrentar el crudo mar en precarias embarcaciones de goma, con la esperanza de encontrarle un ladrillo flojo a una de las murallas más duras de nuestros días: las fronteras de las regiones más ricas de este mundo. Y entonces pasó que los límites de Europa (que, como carroñeros selectivos, devoran exclusivamente cuerpos "extracomunitarios") volvieron a mostrar los colmillos, cobrándose la muerte de muchos.

Los que sobrevivieron llegaron a la Europa turística, la de las bellas playas y el mar recreativo, donde miles de personas paladeaban la suerte de haber nacido del lado correcto del mundo. Intentan sobrevivir a una cruel guerra apoyada y fogueada por las potencias de Occidente, con Estados Unidos a la cabeza. Más allá de los gestos de buena voluntad de algunos países europeos, es claro que las acciones diplomáticas necesarias para detener la masacre no se están realizando. Organizaciones humanitarias entregando agua. Isla de Kos, Grecia, 07-09-2015

Foto refugiados kos grecia 2

  ONG's humanitarias entregando agua en Kos, Grecia, 07-09-2015  

Por su parte, la prensa europea define el problema como "crisis migratoria", dejando en evidencia que los tentáculos del eurocentrismo siguen plenamente activos: el eje de la tormenta no parece ser la destrucción humana en Medio Oriente, sino el hecho que las víctimas del desastre se las arreglen para llegar a Europa.

La mayoría de los refugiados parte de Siria, el epicentro bélico del momento, atraviesa el Líbano y llega a Bodrum (sudoeste de Turquía), desde donde se aventuran al mar para probar la entrada a Grecia. Pero también hay iraquíes, iraníes, paquistaníes y afganos, entre otros. 

Los números son imprecisos y cambiantes: las estimaciones hablan de más de 30.000 refugiados llegados a las costas de Kos en lo que va del año, pero llegan barcas nuevas todos los días, y nuestros entrevistados afirman que hay muchas personas demoradas en las costas turcas esperando cruzar las aguas. La última semana ha registrado un ingreso de personas sin precedentes, lo que ha convertido el turístico centro citadino en un gran campamento.

Muchos de ellos nos contaron que intentan escapar de la guerra hace meses, algunos hace años, pero no habían reunido el dinero necesario para costear el viaje: sólo pasar desde Bodrum, en Turquía, hasta la Isla de Kos, en Grecia, cuesta entre 1500 y 2500 dólares, dependiendo de las características de la embarcación. Los barcas más baratas son las eléctricas, mientras que las de motor a combustión son prácticamente un lujo de elite en materia de seguridad. 

Si a eso le sumamos todo el dinero necesario para llegar hasta Bodrum, entenderemos que sólo algunos privilegiados tienen la suerte de abandonar la zona de guerra y arriesgar sus vidas intentando entrar a Europa. 

Después de la supervivencia, su mayor preocupación en cuanto llegan al continente es registrarse ante las autoridades locales para obtener los documentos que les acrediten como refugiados y poder embarcarse hacia una nueva vida. La mayoría de ellos esperan llegar a Alemania.

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Refugiados aseándose. De fondo, las costas turcas de Bodrum, desde donde parten en la última etapa de su éxodo.  

Los informes de organizaciones humanitarias definen las condiciones como deplorables y nuestra observación directa lo confirma: los refugiados, entre los cuales se cuentan cada vez más niños, han recibido poco más que carpas y baños químicos. Deben soportar el calor extremo, el sol directo y la falta de agua potable e infraestructuras adecuadas. La sufrida experiencia del multitudinario grupo se prolonga por un periodo medio de aproximadamente diez días, antes de poder partir hacia nuevo destino.

El pavoroso contraste entre el bienestar material y cívico de los ciudadanos globales de primera clase y la realidad de aquellos que hoy mueren intentando buscarse la vida es tan claro e indecente que resulta casi una banalidad describirlo. Sin embargo, los límites de Europa, a fuerza de muertes, sufrimiento y degradación humana, se diluyen cada vez más. 

El desborde de la violencia y el hambre en el Tercer Mundo, muchas veces redituablemente estimulado por las potencias occidentales, es hoy claro para todos, aunque Europa y Estados Unidos lo vean sólo como un problema de inmigración.

Hoy las fronteras son el espacio político por excelencia, donde la falta de instituciones adecuadas para canalizar los conflictos de la globalización se materializa más claramente que en ningún otro territorio. 

Si bien la prensa global aparenta alarmarse por el drama humano que se vive hoy en Grecia, es evidente que ésta es sólo una postal más en el nutrido álbum de tragedias migratorias globales. Entre las otras "puertas de entrada" a Europa, las costas de Italia y España se disputan el primer lugar en el funesto ranking. 

La cruel e ineficaz respuesta de Europa ha sido, por el momento, poner un ladrillo más en la pared, intentando contener la llegada de personas. Resulta cada vez más claro que es necesario articular una nueva respuesta.

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20 de junio de 2018 | 20:58
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