El calvario de los migrantes en el Mar Egeo

Todo aquel que logra desembarcar en la isla griega grita de alegría, ya sean niños pequeños, mujeres embarazadas u hombres jóvenes. Han sobrevivido.

Es temprano por la mañana en la playa de la Isla de Cos: los refugiados que vienen desde la cercana costa de Turquía llegan en botes inflables, barcas precarias, incluso en motos acuáticas.

Todo aquel que logra desembarcar en la isla griega grita de alegría, ya sean niños pequeños, mujeres embarazadas u hombres jóvenes. "Agradezco a dios haber logrado llegar hasta aquí", dicen muchos.

A las islas del este del Mar Egeo arriban siempre nuevos migrantes pero nadie está preparado para su llegada. Los municipios y las administraciones locales se ven desbordados, los ayudantes y los asistentes se desesperan.

El alcalde de Cos, Giorgos Kyritsis, advierte que la situación se volvió insostenible y se podría llegar a un "derramamiento de sangre". La crisis económica en Grecia dificulta aún más las cosas.

Para los refugiados, en Grecia empieza una nueva pesadilla. Las autoridades tienen que registrar a la gente pero no hay dónde hacerlo.

Afuera el sol de verano arde sin piedad. Los refugiados aguantan el día entero delante de la comisaría. Muchos se desmayan. "Deshidratación" o "insolación" son los dignósticos más frecuentes.

Quien consigue un "papel de la libertad" está un paso más adelante. Así es como llaman a la hoja que esperan recibir con nombre, foto y huella digital del dedo índice derecho. Pero una vez que la obtienen, acceden al punto de partida de una nueva odisea.

Los refugiados tienen que esperar todo el día a un ferry que los lleve hacia Grecia continental. En temporada alta, los barcos turísticos están completos. Desde hace algunas semanas, el Estado griego puso a disposición ferrys adicionales exclusivos para transportar a los migrantes desde las islas hasta el continente.

Miles son llevados al puerto del Pireo. Allí encuentran alojamiento por un par de días en la casa de parientes o en hoteles baratos. Quien carece de dinero tiene que aguantar a la intemperie. Hay un pequeño campo de refugiados en el barrio ateniense de Votanikos pero puede albergar solo a 800 personas aproximadamente.

Después, el largo viaje continúa. Pequeñas agencias de viaje de autobuses hacen grandes negocios. Por 30 o 35 euros se puede ir a la frontera con Macedonia. El cruce de Gevgelija está a alrededor de 550 kilómetros de distancia.

Los taxistas se frotan las manos y aprovechan la oportunidad. "También hay migrantes ricos. Por 500 euros los llevo con gusto hasta la frontera", dice un conductor de unos 25 años. Esta semana ya lo hizo tres veces, según cuenta. ¿Hacia dónde quieren ir los migrantes? "Germanía (Alemania)", responde el taxista.

Pero el sufrimiento de los refugiados sigue en la frontera. El viernes, por ejemplo, la policía macedonia tiró gas lacrimógeno para impedir la entrada de cientos de ellos. El domingo los dejó pasar. La mayoría huyen de la guerra civil en Siria y esperan una nueva vida en Europa occidental.

Fuente: Takis Tsafos, Dpa.

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27 de mayo de 2018 | 09:29
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