Indiferencia y curiosidad: Cuba ante la llegada de EEUU

Distintas reacciones ante uno de los acontecimientos más trascendentes en la historia de ambos países después de romper relaciones hace más de medio siglo.

Casi como un día cualquiera, muchos cubanos esperan con normalidad la apertura de la embajada de Estados Unidos hoy en La Habana, uno de los acontecimientos más trascendentes en la historia de ambos países después de romper relaciones hace más de medio siglo.

Los focos de las cámaras se concentrarán en la mañana en el conocido Malecón habanero para retratar ese momento histórico, el día en que con John Kerry un secretario de Estado nortemericano vuelve a pisar la isla tras más de 70 años.

En la nación caribeña, que no ha dado mucha cabida en los medios oficiales a la visita, muchos cubanos miran sin embargo con curiosidad e incluso con indiferencia hacia el día en que la bandera de las barras y las estrellas volverá a ondear en una embajada estadounidense en La Habana.

"Sabía que eso iba a ocurrir", dice por ejemplo César Aroche al otro lado de la ciudad, en el Parque de la Fraternidad. En ese lugar de La Habana Vieja, muy cerca del Capitolio cubano, se encuentra la que es quizá la única estatua en la isla dedicada a un presidente estadounidense: Abraham Lincoln, que puso fin a la esclavitud.

Paradójicamente, es ahora el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, Barack Obama, el que ha decidido abrir un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales, después de más de medio siglo de una política fallida de Washington hacia Cuba.

"No espero nada", asegura Aroche, de 63 años, que se gana la vida con un bicitaxi. "Para el gobierno políticamente las relaciones van a mejorar, para nosotros la vida sigue igual", dice.

Aroche no va a seguir la ceremonia de reapertura de la embajada por televisión ni se va a acercar al Malecón en el barrio del Vedado, en el distrito Plaza de la Revolución.

"Yo no pierdo mi tiempo. Yo tengo que salir a trabajar. A mí no me interesa la política. Mi política es buscarme cuatro pesos para comer", dice Aroche. Su jubilación, de unos 11 dólares mensuales al cambio, no es suficiente para vivir, explica.

Máximo, que vende granizados desde hace 20 años en el parque, pide a Estados Unidos que levante el embargo porque la vida en Cuba "está muy dura". "Ojalá cambiara todo", añade este cubano de 50 años, que antes trabajaba en la construcción como pintor.

Thalia, un estudiante de 15 años, ni siquiera se ha enterado de que Kerry visita La Habana.

"No sabía nada. Estoy estudiando así que no tuve tiempo. Ahora estoy estudiando dos escuelas, cocina e idiomas, y no tengo tiempo de leer el periódico", se disculpa esta joven, que, según explica a dpa, sueña con "trabajar en un hotel o viajar fuera".

Ranulfo Quiala Zambrano, de 73 años, interrumpe su lectura del periódico "Juventud Rebelde", que lleva en portada un artículo de opinión de Fidel Castro, para atender a dpa.

"Lo primero que habría que hacer es quitar el bloqueo", dice. "Pero el Congreso de Estados Unidos no quiere. La base naval (de Guantánamo) no quieren tampoco devolverla", se queja el jubilado, que cuenta que llegó a ser mensajero del Ejército Rebelde de Fidel Castro en la Sierra Maestra, en el este de la isla. Más adelante trabajó también como instructor de música, entre muchas otras cosas.

Sin embargo, Quiala no acaba de fiarse de Washington. "¿Qué se esconde?", se pregunta. "Después de no haber podido con tanta forma de guerra (...) . ven esta forma como una forma sutil de penetrar" en Cuba, advierte. Y acusa a Estados Unidos de "pagar secretamente a (el grupo opositor de) las Damas de Blanco para que salgan a hacer revueltas".

Quiala sí seguirá la ceremonia por televisión. "Las cosas políticas me interesan mucho. Me licencié en marxismo", cuenta.

Yoel, de 38 años, ve las cosas en cambio muy distintas. "A ver si (tras la apertura de las embajadas) el gobierno cubano deja de mentir un poquito más y le da la libertad a los cubanos para que se puedan expresar y tener un poco más de libertad", dice.

"Te dicen que Cuba está bien, que todo está bien, cuando realmente está todo mal", dice sin tapujos este cubano, que se niega, sin embargo, a dar su nombre completo.

"Hasta que no se vean los cambios realmente la bandera no significa mucho. Espero tanto el cambio económico como un poco más de libertad", dice Yoel. "Queremos tener Internet, libertad de expresión y queremos que cambie esto", añade, aunque es consciente de que el cambio no llegará a corto plazo. Y que no lo traerá Estados Unidos el viernes.

Fuente: Beatriz Juez e Isaac Risco, Dpa. 

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16 de agosto de 2018 | 09:14
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