Turquía vota: en juego la democracia y el proceso de paz con kurdos

El domingo, habrá compulsa legislativa en este país. El presidente Recep Tayyip Erdogan pone en juego su poder y también las vinculaciones con su región.

Las elecciones legislativas del domingo en Turquía determinarán no sólo si el presidente Recep Tayyip Erdogan consigue afianzar su poder, sino también si el proceso de paz con los kurdos puede avanzar pese a las crecientes preocupaciones sobre la deriva que podría tomar.

Ambos temas están ligados de forma inexorable en parte por el umbral excepcionalmente alto para entrar en el Parlamento en Turquía, un 10 por ciento.

Si el Partido Democrático Popular (HDP, pro kurdo), consigue superar ese margen, hará historia al ser el primer partido pro kurdo que es elegido a nivel nacional directamente y conseguiría arrebatarle escaños al gobernante Justicia y Dearrollo (AKP).

Pero un fracaso dejaría al AKP, en el poder desde 2002, con potencialmente los suficientes miembros para comenzar los cambios constitucionales que ha prometido a fin de otorgar mucho más poder al presidente, Erdogan.

Las encuestas, no confiables en Turquía, apuntan una merma de la popularidad del AKP, mientras que HDP ronda el umbral necesario para entrar en el Parlamento.

"Sin duda alguna, si las próximas elecciones confirman el descenso del presidente Erdogan y de la popularidad del AKP, constituirá una grieta en la armadura de la persona más poderosa en Turquía", dijo Fadi Hakura, un analista especializado en Turquía del "think tank" Chatham House, en Londres.

Hakura señala que la ralentización en la economía turca es un problema importante. Se espera para este año un crecimiento del 3,0 por ciento, un problema para un partido que ha aupado su popularidad apoyándose en el boom económico.

La actual tasa de crecimiento no conseguirá que baje el desempleo, actualmente en el 11,2 por ciento y con perspectiva de ir en aumento.

Erdogan no concurre en estos comicios, ganó la carrera presidencial el año pasado tras haber estado al frente del Ejecutivo durante más de una década, pero su futuro está en juego ya que busca consolidar su poder.

De todos modos, si el AKP no consigue una gran mayoría para enmendar la Constitución, no hay indicio alguno de que Erdogan vaya a cambiar un rumbo que los críticos señalan que ha tomado una deriva autoritaria. Su tolerancia a la disidencia se ha reducido mientras a los rivales se les ha acosado y arrestado.

A pesar de las protestas de la oposición, Erdogan ha hecho campaña por el partido en el gobierno, en lo que muchos denuncian como una violación de la Constitución, pues el presidente tiene que permanecer neutral en campaña electoral.

El mandatario ha ido dejando pistas de lo que quiere cuando vagamente insistía en que quiere cambios constitucionales para crear un "sistema presidencial" en Turquía, lo que vendría a debilitar al Parlamento.

"Lo que realmente quiere es regresar y dirigir el AKP", afirma Soner Cagaptay, director del programa de investigación turco en el Washington Institute, un centro de estudios de tendencia conservadora. Quien lleva ahora las riendas del partido es el primer ministro, Ahmet Davutoglu.

Cagaptay cree que Erdogan ha visto cómo el ala derecha del partido y los líderes religiosos no han conseguido mantener el control sobre su gente e incluso habrían perdido capacidad de influir.

A ello se suman las acusaciones de corrupción contra Erdogan y que ha jugado la baza de una política de división. "No se puede permitir retirarse tranquilamente", dijo Gareth Jenkins, miembro del programa de estudios Ruta de la Seda.

El proceso de paz, en marcha desde 2012, también podría sufrir un revés, con Erdogan tirando por la borda algunos de los compromisos alcanzados con los kurdos y en ocasiones invocando la retórica nacionalista turca.

Llegó incluso a decir que el país ya no tenía "problema kurdo alguno", lo que provocó el enojo dentro de la minoría kurda, que constituye el 18 por ciento de la población.

Hasta que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán declaró un alto el fuego en 2013, más de 40.000 personas han muerto durante las tres décadas de conflicto. Los kurdos siempre han denunciado la discriminación sistemática que sufren.

En los últimos meses, sin embargo, las confrontaciones entre el PKK y el Ejército han aumentado en el sureste del país.

El PKK tal vez no pueda volver a poner a funcionar a plena máquina la insurgencia, ya que sus combatientes están luchando contra el grupo extremista Estado Islámico en Siria e Irak, sumándose así a la coaliación liderada por Estados Unidos. Sin embargo, en algunas áreas kurdas se vivieron enfrentamientos en octubre pasado que causaron 40 muertes, después de que se acusara a Erdogan de no ayudar a expulsar al Estado Islámico.

Que se vuelvan a vivir episodios de violencia si el el HDP no entra el el Parlamento es algo que temen muchos. Los leales al PKK admiten que las juventudes están más radicalizadas y tienen expectativas muy altas sobre una resolución rápida y satisfactoria del conflicto.

La combinación del tema kurdo, la lucha por el poder y la sensación de que Erdogan se va a atrincherar en el poder sin importar qué ocurra el día de las elecciones preocupa a los analistas especializados en Turquía.

"El periodo de estabilidad se ha acabado", afirma Hakura. "No sólo durante los próximos 12 años, sino también para los próximos cinco años", dijo. "Creo que estamos en la fase de despedir a Erdogan. No sabemos cuánto tiempo durará y cómo se desarrollará", agregó Jenkins.

Fuente: Shabtai Gold, Dpa.

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15 de agosto de 2018 | 04:29
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