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River festejó el regreso de Aimar con un triunfo

El equipo de Gallardo le ganó 2-0 a Rosario Central y sigue de fiesta tras la clasificación a las semis de la Copa. El payasito, en tanto, volvió al fútbol argentino tras quince años. La visita, perdió el invicto.

Completando una semana ideal que el miércoles lo llevó a la semifinal de la Copa Libertadores, River Plate venció como local a Rosario Central por 2 a 0 y se mantuvo entre los candidatos al cabo de un entretenido encuentro disputado este domingo en el marco de la decimocuarta jornada del torneo de Primera División.

Teófilo Gutiérrez a los 13 minutos de la primera etapa y Camilo Mayada a los 44 del complemento marcaron los tantos del partido para el "Millonario", que quedó a 3 puntos del líder San Lorenzo, pero aún con un encuentro pendiente ante Tigre. Rosario Central procuró jugarle de igual a igual a su envalentonado adversario desde el inicio del encuentro. 

Sin adoptar una postura demasiado audaz, el conjunto de Eduardo Coudet (fue reconocido con una plaqueta antes del cotejo) no extremó los recaudos para defender a Mauricio Caranta e intentó desde el vamos cambiar golpe por golpe.  

El gol que sufrió le alteró un tanto los planes al "Canalla" ya que debió salir en búsqueda de la igualdad y esa circunstancia lo hizo desguarnecerse un tanto en defensa. Una excelsa asistencia de Leonardo Pisculichi y una no menos sublime definición de Teófilo Gutiérrez le añadieron al planteo pergeñado por Marcelo Gallardo de la tranquilidad necesaria como para manejar las riendas del trámite sin extralimitarse a la hora de forzar en ataque. 

El equipo visitante dispuso de algunas chances claras, siempre bien resueltas por Marcelo Barovero, aunque se vio perjudicado por una omisión de Pitana, quien debió cobrar un claro penal luego de un artero codazo de Ramiro Funes Mori a Marco Ruben a los 21 minutos, que hubiese significado además, la expulsión del defensor de River. 

A los 25 el guardavalla "millonario" le tapó a puro reflejo un remate con destino inexorable de gol a Nery Domínguez que le hubiera dado un tinte de justicia a un resultado parcial que no se ajustaba estrictamente a lo acontecido en la primera mitad.

 La jerarquía del controvertido colombiano Gutiérrez resultó fundamental en esa primera porción del encuentro mientras que la peligrosidad de César Delgado no halló demasiada correspondencia en ninguno de sus laderos, por lo que las buenas intenciones del conjunto santafesino, lejos estuvieron de verse reflejadas en la red. 

El cambio que implementó el pintoresco entrenador visitante a principios del complemento procuró añadirle de una mayor cuota de profundidad al andar rosarino aunque tal determinación pareció apresurada, ya que si bien Franco Cervi alternó buenas y malas en la zona de gestación, de sus pies suelen partir casi todos los ataques de la "Academia" siendo el encargado de abastecer a los dos delanteros. 

A todo esto River aparecía a esa altura como demasiado pragmático dedicándose a esperar a su adversario con el propósito de definir el match a través de alguna réplica.  

 Promediando el complemento el encuentro se tornó demasiado áspero y esta circunstancia no hizo más que beneficiar a un local, que lejos del brillo que expuso en el Mineirao, reguló el desarrollo a partir de la lejana ventaja lograda a comienzos del partido, advirtiéndose una evidente merma física en varios de sus jugadores. 

El esperado ingreso de Pablo Aimar le otorgó a la victoria riverplatense un matiz emotivo ante un equipo que en los últimos movimientos intentó vender caro su invicto aunque mostró los mismos nervios que su irascible entrenador, quien por enésima oportunidad resultó expulsado por protestar airadamente un fallo. Pese a los ataques desordenados expuestos, la visita mereció mejor suerte y de no ser por unas cuentas atajadas de mérito de Barovero, podría haber alcanzado al menos un empate por el que bregó con insistencia y que mereció largamente. 

El gol postrero de Mayada, que con el pecho envió a la red un cabezazo de Boyé que devolvió el palo, significó un mero dato estadístico y agrandó demasiado desde los guarismos una victoria que ya de por sí no era justa antes de la citada conquista. Sólo a través del resultado favorable puede considerarse el triunfo de River como auspicioso aunque debió penar más de la cuenta, frente a un rival que dio claras muestras que su privilegiada ubicación en la tabla de posiciones no obedece al fruto de la casualidad.  

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