Hallan 32 fosas con víctimas de la inmigración en la jungla tailandesa

Unos 200 efectivos tailandeses participan en la exhumación de los cadáveres. Se teme que haya hasta 50 cuerpos en la zona, muy inaccesible.

 El macabro hallazgo lo realizó un lugareño de la región de Padang Besar, que suele adentrarse en la jungla tailandesa en busca de setas. En lugar de ello, este viernes el aldeano atisbó unas 30 tumbas improvisadas donde días atrás habían sido sepultados, de forma precipitada, al menos 30 refugiados-probablemente rohingyas birmanos o bangladeshíes, a la espera de su identificación- que fallecieron de inanición o enfermedad. 

Al parecer, fueron secuestrados por las mismas mafias que se ofrecieron a facilitarles la salida a un país seguro.

Unos 200 agentes de policía y militares participan en la exhumación de los cadáveres hallados hoy en el sur de Tailandia, en plena frontera con Malasia, una recóndita zona de difícil acceso que servía de campamento temporal a las mafias de tráfico humano. "Los agentes y socorristas han tenido que subir a pie las montañas durante 50 minutos en medio de la jungla" para acceder al lugar, explicaba el responsable del servicio de rescate municipal de Maikom Sadan, la localidad tailandesa más cercana al paraje, Sathit Kamsuwan.

"Tendrán que llevarse los cadáveres a pie porque las ambulancias no pueden llegar a la zona. Hemos contado 32 tumbas más un cadáver en el suelo. Hay un sólo superviviente", añadió en conversación con el diario tailandés Phuketwan. Otro miembro de los equipos de rescate valoró, en declaraciones al mismo diario online, que se están examinando los alrededores en busca de nuevos cadáveres: se teme que haya hasta 50 cuerpos en la zona.

Campamento abandonado

Según el general de Policía Somyot Pumpunmuang, el campamento abandonado por los traficantes podría haber albergado entre 200 y 300 inmigrantes. Somyot lo describió, en declaraciones a France-Presse, como un "campo de prisioneros" con improvisadas celdas de bambú, donde los traficantes habían levantado incluso un dormitorio y una cantina para uso propio. "Hay 32 sitios que parecen tumbas y que contienen uno o varios cuerpos cada una, así que tendremos que esperar" para conocer el número real de cadáveres, aseguró.

La mayoría de los cadáveres habían sido enterrados en precipitadas tumbas, pero al menos dos fueron abandonados sobre la tierra cubiertos por telas, según relataton oficiales a la agencia Reuters. Según los socorristas, los cadáveres estaban famélicos. Las tareas de rescate son tan complicadas que, en la jornada de hoy, sólo han podido ser trasladados cuatro cuerpos a un hospital para ser sometidos a una autopsia.

La única víctima hallada con vida también ha sido trasladada a un centro médico: se encontraba en tal estado de debilidad que tuvo que se transportado en camilla. Se cree que los traficantes le abandonaron en el campamento, al lado de los cadáveres no sepultados y de las tumbas, porque temían que no aguantase el trayecto hasta el barco que probablemente llevó, hace dos días, al resto de víctimas a Malasia.

La localización de las fosas pone de relieve uno de los problemas más acuciantes y más negados de Tailandia: la nutrida presencia de mafias de personas que, tras cobrar una considerable suma a los futuros refugiados o inmigrantes para facilitarles la salida de sus respectivos países, los secuestran para liberarlos una vez que sus familias cedan a la extorsión y paguen a intermediarios en sus países de origen.

Una comunidad discriminada

Sus principales víctimas son los rohingya birmanos, una comunidad musulmana discriminada -se considera la minoría más perseguida del mundo- que anhela trasladarse a Malasia en busca de un futuro, y jóvenes desempleados bangladeshíes que ansían un trabajo y que, en muchas ocasiones, terminan esclavizados en barcos pesqueros tailandeses. Se estima que unos 100.000 rohingya han abandonado Birmania en los dos últimos años, desde que una nueva oleada de violencia y represión se cebara sobre el estado de Rakhine.

La huida y posterior secuestro en Tailandia, cuando no la esclavitud de las víctimas, un problema que afecta a miles de personas cada año. Aquellos que han logrado escapar con vida de estas mafias denuncian campamentos volantes en medio de la jungla, los manglares o las espesas plantaciones donde son comunes las violaciones, torturas e incluso ejecuciones.

Tras terribles semanas en alta mar, a la espera de ser trasladados a Malasia sin ser interceptados por las autoridades, son muchos los barcos de refugiados e inmigrantes que paran en la costa tailandesa para secuestrar a sus pasajeros: sólo les permitirán llamar a sus familiares para instarles a pagar un rescate que les permita conservar la vida y terminar el viaje hacia su destino final, que suele ser Malasia.

Pero el viaje en barco es la primera prueba a superar. "Hace poco entrevistamos a un chico de 15 años que se había pasado dos meses a bordo de un barco, en la costa tailandesa o malasia", explicaba Chris Lewa, responsable de la Fundación Arakandedicada al seguimiento de la comunidad rohingya. "Contaba que, sólo en el tiempo que pasó en el mar, 34 cadáveres fueron arrojados por la borda".

Secuestrados en alta mar

Según Lewa, muchos barcos en alta mar se han convertido en campamentos de secuestrados y bases de traficantes que prefieren mantener a sus víctimas en alta mar para no exponerse a ser hallados en tierra por miembros de las fuerzas de Seguridad o voluntarios como los que actúan en Takua Pa, dirigidos por el jefe del distrito, Manit Pleantong. El puesto de control habilitado por estos civiles, así como sus patrullas en medio de la jungla y los manglares, han complicado la labor de las mafias en territorio tailandés, lo que empuja a algunos traficantes a permanecer en el mar. Algunas de la embarcaciones no están dotadas de sistemas desalinizadores lo que implica que muchas víctimas fallezcan de sed.

El de hoy es el peor hallazgo de este tipo que vive Tailandia, y se produce justo cuando solicita a Estados Unidos que mejore su posición en el Informe de Tráfico de Personas, donde el país del sureste asiático permanece en la categoría Tier 3, reservada a países que no cumplen con las exigencias mínimas para luchar contra la trata de humanos. Del mismo modo, la Unión Europea advirtió hace unas semanas a Tailandia que, si no se adoptan pasos creíbles para luchar contra la pesca ilegal y no declarada -la esclavitud alimenta su sector pesquero-, la UE prohibirá las importaciones de pescado y marisco tailandés en un plazo de seis meses, lo que implicaría pérdidas de entre 575 y 730 millones de euros al año.

Hoy, el jefe de la Junta Militar tailandesa imploraba a la UE que reconsidere su posición. "Todo depende de la UE y, incluso si trabajamos duro, si no nos dan su aprobación no podemos hacer nada", decía ante la prensa, interrogado sobre si considera suficientes las medidas anunciadas por Bangkok para que Bruselas reconsidere su amenaza sobre el sector pesquero. "Claro que lohemos hecho mal durante mucho tiempo. Ahora todo depende de que la UE muestre compasión por nosotros", añadió el general Prayuth Chan-ocha.

Fuente: El Mundo.

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19 de julio de 2018 | 01:20
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