Graves disturbios en Baltimore: “Esto está lejos de acabarse”

La ira en Baltimore se ha transformado en una agresión abierta, y las huellas de la violencia no se pueden pasar por alto. Luchas, incendios, saqueos, muertes y toques de queda.

Las sirenas ululaban en plena noche. Varios jóvenes se detienen frente a dos coches completamente calcinados, mientras unas casas más adelante hay decenas de coches de la policía y la calle está cortada. El agente de policía, ataviado con un casco de protección y bastones, no sabe cuándo se levantará el bloqueo. En la calle se amontonan escombros y basura. Huele a quemado.

Desde la muerte del joven Freddie Gray, de 25 años, la ira en Baltimore se ha transformado en una agresión abierta, y las huellas de la violencia no se pueden pasar por alto. La parte oeste de la ciudad fue saqueada durante la noche del lunes al martes. Por todas partes se ven cristales rotos, vitrinas destrozadas y estanterías de tiendas vacías. Unos tipos encapuchados se desplazan rápidamente por las calles de esta ciudad costera, situada a unos 60 kilómetros de Washington.

Eraba Africa cree que toda la culpa es de la policía. "Si uno somete a mucha presión una botella, estalla", dijo la joven de 26 años. Su hermana pequeña ha dibujado un escudo. "Can you feel the pain tonight» (Esta noche puedes sentir el dolor), ha escrito sobre el escudo con letras coloreadas.

Ambas se encuentran frente a la barrera de policías y junto a ellos se encuentra una droguería de la cadena CVS que ha sido saqueda. El interior de la tienda recuerda a un campo de batalla, con parte del inventario quemado, basura de plástico y todo ello regado con el agua de los bomberos para apagar el incendio.

"Eso es lo que pasa cuando se arrincona a un animal", dijo el afroamericano Jenghis, de 22 años, que ha salido a la calle, monopatín en mano, para ver las dimensiones de los disturbios.

La policía tiene que aprender de una vez a tratar a los negros. "El racismo, dijo, es un problema terrible de la policía". Junto al joven se encuentra su amigo Colin, de piel blanca, que mira pensativo hacia los uniformados. En su opinión, la muerte de Gray mostró que a la policía la ley le da igual y ahora los coches de policía están en llamas.

Todavía tienen que salir a la luz las circunstancias exactas de la muerte del joven negro, que fue enterrado el lunes. ¿Fue la policía la responsable de la lesión de médula espinal que días después condujo a su muerte? Lo que sí es seguro es que la desconfianza entre los afroamericanos -que constituye el 63 por ciento de la población- y los policías blancos es profunda.

La imagen de la policía ha sido deshonrada, señala el Eric Spriggs, que vive en la ciudad. Ahora se ha convertido en un escudo para violar la ley y salir indemne.

Sería demasiado fácil si a los provocadores de los disturbios se les pudiese separar con un peine de los manifestantes pacíficos. Al parecer fueron unos adolescentes, en edad preuniversitaria, los que iniciaron los disturbios en los que al menos 15 policías resultaron heridos.

En Internet se convocó a una "purge" (purga) en toda regla, en referencia al thriller que lleva el mismo nombre. La policía cree que las manifestantes, que exigían justicia y un esclarecimiento sin puntos oscuros del caso Gray, tienen poco o nada que ver con los disturbios. Y todavía no está claro si el incendio en un centro de ancianos está relacionado con los disturbios.

Parece más bien que se ha descargado la indignación y la frustración de jóvenes afroamericanos que ven un futuro sombrío en una ciudad abandonada, plagada de pobreza y problemas con las drogas. Quien recorra las calles de Baltimore el martes por la noche descubrirá a muchos jóvenes con bolsas de plásticos y cartones que se mueven en la oscuridad. Se escuchan las alarmas y a los helicópteros que sobrevuelan la ciudad.

A la familia paquistaní en la calle North Charleston le han rodabo de todo de su tienda. Cigarrillos, condones, chocolatinas, bebidas y ni siquiera se salvó el microondas, que quedó destrozado cuando lanzaron un expendedor de diarios gratuitos contra la vitrina de la tienda. "Alguien tiene que pagar por todo esto", dijo Kanwel Shahid. Su tía de 51 años, que gestiona la tienda, apenas tuvo tiempo que resguardarse. Ahora sus parientes intentan colocar unas tablas de madera donde antes estaba la vitrina.

Los hechos de la pasada noche recuerdan a algunos los disturbios de 1968, cuando el asesinato del predicador y defensor de los derechos humanos Martin Luther King sumió a la ciudad en el caos durante una semana. Al igual que entonces, la guardia nacional está preparada para intervenir y acabar con los disturbios con armas pesadas si es necesario. Gracias al estado de emergencia proclamado, la ciudad puede contar con hasta 5.000 de estos efectivos, pero por el momento las autoridades quieren evitar que se agrave la situación.

Eric Spriggs, que se ha colocado la capucha de su suéter rallado en rojo y negro, contempla pensativo el incendio en el centro de ancianos. "Esto está lejos de acabarse", dijo. "Aquí imperará el caos".

Fuente: Johannes Schmitt-Tegge, Dpa.

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21 de agosto de 2018 | 11:30
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