Tres niños son asesinados cada día en Colombia

Los pequeños mueren a manos de sus propios familiares. A los mayores les matan las bandas de las que forman parte.

 Una madre mató a cuchilladas a sus tres hijos el mes pasado en Colombia y luego intentó quitarse la vida cortándose las venas. Un día antes habían detenido en este país suramericano al padrastro de una niña de dos años, acusado de violarla y matarla. Los dos hechos aberrantes ocurrían cuando los colombianos seguían conmocionados por el asesinato de cuatro hermanos de cuatro, 10, 14 y 17 años, a manos de un sicario. El hombre al que llamaban El Desalmado les mató a sangre fría a cambio del equivalente a 190 euros.

Le había contratado una mujer que mantenía una vieja disputa con los padres de los fallecidos por un solar de 400 metros: no encontró una manera mejor de echarles del caserío del Caquetá, al sur de Colombia, donde todos vivían en condiciones paupérrimas.

A estos sanguinarios cócteles hay que agregarles el crimen de un niño de siete años al que luego desmembraron, así como las imágenes de las manitas abrasadas y un ojo morado de una cría de tres años. Su padre la torturó porque la pequeña no encontraba las llaves de casa. También está el arresto de un violador de niños en serie que tenía anotados en un cuaderno los nombres de 60 víctimas. Y todo esto ocurrió durante las primeras semanas del pasado mes de febrero.

Este rosario de hechos violentos contra la infancia ha disparado todas las alarmas en Colombia. Si se analizan las estadísticas, son peores de lo que cabía imaginar: cada día, de media, matan a tres menores en este país, según El Mundo.es

La radiografía de las muertes muestra dos grupos de víctimas que obedecen a patrones muy concretos: los que tienen menos de cinco años y los adolescentes de entre 15 y 17 años.

El padrastro

Según el último estudio anual del Instituto de Medicina Legal, correspondiente a 2013, a los más pequeños les matan en su hogar y el autor de la muerte suele ser un familiar (en muchas ocasiones, el padrastro). Los adolescentes, sin embargo, se dejan la vida en las calles cuando van escalando peldaños dentro de las bandas de delincuentes en las que se introducen.

Entre los horrores de los últimos días se encuentra el caso de Johana Montoya, de 24 años, que reúne ingredientes sociales comunes entre las víctimas y también entre los verdugos. Madre a los 15 años, sus tres hijos fueron fruto de dos relaciones que terminaron mal. En la actualidad vivía con los niños y su nuevo compañero, de 39 años, en una habitación alquilada a la que se mudaron tras denunciar ella a su propio padre por abusar sexualmente de su nieta, de seis años.

Johana Montoya confesó que mató a sus tres hijos a puñaladas porque temía que los servicios sociales se los quitaran tras denunciar los abusos de su padre. Intentó cortarse el cuello, pero sobrevivió.

"Es un caso de suicidio ampliado. Generalmente sucede con personas en las que confluyen el aislamiento, la pobreza y el maltrato. Se sienten muy solas, con responsabilidades altísimas, y desarrollan una depresión severa", explica el psiquiatra Pedro Gómez. "Ignoran otra opción para salir de la problemática diferente al suicidio y consideran que lo mejor para todos, incluyendo a sus hijos, es desaparecer".

En el caso de los niños colombianos asesinados por personas de su entorno, lo más frecuente es que mueran después de recibir malos tratos durante mucho tiempo. "Es un proceso crónico en el que va aumentando la intensidad del maltrato", explica Pedro Emilio Morales, subdirector de Servicios Forenses del Instituto de Medicina Legal. "Empiezan con pequeñas lesiones, después los golpes van creciendo en intensidad y hay periodos de interacción entre el maltratador y el niño. Les golpean, luego les consienten, les dan regalos y vuelven a maltratarlos". Hasta que, un día cualquiera, al familiar se le va la mano.

Bebés estrellados contra la pared

"Todos los meses vemos bebés de menos de un año con traumatismo craneoencefálico", asegura la psiquiatra Isabel Cuadro, directora de la Fundación Afecto.

"Los estrellan contra la pared porque lloran mucho y son papás o padrastros violentos, personas que se desesperan fácilmente, sin control de sus impulsos. No les importan los niños y han crecido en entornos violentos".

Para Cuadros, hay que diferenciar a esas personas de los violadores. "En el violador hay psicopatía, comete su crimen planeado".

Los casos llamativos, los que causan mayor impacto social, dejan en un segundo plano a la mayoría de los menores de edad asesinados, que son el grupo de los que tienen entre 15 y 17 años. De los 1.115 niños que mataron en Colombia durante 2013, 902 corresponden a ese grupo.

El perfil de estos adolescentes, chicos en su inmensa mayoría, es casi idéntico. "Son niños de hogares disfuncionales, con madres a la cabeza del hogar que no imponen normas de conducta. Sus hijos desertan del colegio", señala Pedro Emilio Morales.

"Consumen drogas, no estudian, no trabajan. Comienzan con delitos menores y van escalando, adquiriendo perfiles delincuenciales más graves, vinculándose a aparatos criminales que los utilizan". Las bandas los emplean para que les lleven las armas o como sicarios y vendedores de drogas, ya que, si los detienen, los dejan pronto en libertad por su edad.

"En el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar trabajamos para cambiar esa realidad", asegura Ember Estefenn, director de Niñez y Adolescencia de este organismo.

Fuente: El Mundo.es 

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27 de mayo de 2018 | 01:34
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