The Daily Beast: Nisman y el fantasma de la impunidad

Una nota comparó el caso NIsman con el crimen del japonés que tradujo "Versos Satánicos" de Salman Rushie y que hoy está impune.

Dos casos no tan distintos: en uno ya transcurrió más de 12 años y no se hizo justicia. En el otro, también varios años y no sólo está impune, sino que un reciente crimen puso en foco de todo el mundo el caso.

El 13 de julio de 1991,  el catedrático japonés Hitoshi Igarashi, que tradujo a su idioma el libro "Los versos satánicos", de Salman Rushdie, fue apuñalado hasta morir en el edificio de la Universidad de Tsukuba, 60 kilómetros al norte de Tokio. El caso hoy sigue impune.

Rushdie

El 18 de julio de 1994, en Buenos Aires, se produjo en atentado a la AMIA, considerado el ataque terrorista más relevante de la historia argentina, con 86 muertos y más de 300 heridos. El caso hoy sigue impune y hoy agravado con la misteriosa muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman, ocurrida el 18 de enero de este año.

El periodista Cullen Thomas analizó ambos casos en un artículo difundido en el sitio The Daily Beast, un medio dos veces premiado como mejor sitio de noticias, con más de 27 millones de visitas únicas por semana y que está asociado al grupo dueño de la revista Newsweek. La hipótesis del autor de la nota es que Japón no se esmeró en aclarar el asesinato de Igarashi como tampoco lo hizo la Argentina de los Kirchner con el atentado a la AMIA. 

El análisis de Thomas apunta hacia Teherán: denuncia que en Japón no se hizo justicia, en parte porque la necesidad de ese país de abastecerse de petróleo iraní. Y en Argentina, las investigaciones del fiscal que apareció muerto de un disparo en su departamento en Puerto Madero también apuntaban hacia esa misma dirección.

Y un mensaje a la Casa Blanca: la muerte de Nisman no es una "causa fría" para Estados Unidos. 

El hilo conductor entre casos AMIA e Igarashi hasta Charlie Hebdo

A continuación un extracto del artículo difundido por The Daily Beast:

Argentina es sólo un lugar donde los ataques asesinos inspirados o dirigidos por Irán quedaron impunes. Es hora de sacar todos los archivos viejos.

El atentado contra un centro comunitario judío en Buenos Aires en 1994 volvió a sacudir a la Argentina desde que el fiscal que investigó obstinadamente ese caso, Alberto Nisman, apareció muerto el mes pasado en circunstancias muy misteriosas. ¿Se mató a sí mismo? ¿Fue asesinado por agentes del gobierno argentino que tratan de ocultar un encubrimiento? ¿O como parte de una conspiración para desacreditar a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner? ¿O lo mató Irán, el país a cuyos funcionarios -de arriba a abajo-, Nisman quería acusar de esa masacre a 85 personas en Buenos Aires hace más de dos décadas? Todos estos son, por decirlo de alguna forma preguntas volátiles.

Pero Argentina no es el único país en que atentados suicidas se remontan a hace 20 años.  Está el caso de Hitoshi Igarashi, un escritor tranquilo y académico que había traducido la novela de Salman Rushdie "Los versos satánicos" , y que en 1991 fue asesinado a puñaladas en el pasillo de su oficina en la Universidad de Tsukuba, en Japón.

El asesinato de Igarashi sigue sin resolverse, aunque es evidente que fue inspirado y provocado por el ayatolá Jomeini contra Rushdie y su novela.

Un ex analista de la CIA y miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional afirmaron a The Daily Beast que muchos funcionarios estadounidenses de la época creían que los iraníes eran responsables del asesinato de Igarashi.

Con los años, dado el historial de Irán, esa creencia ha convertido en una convicción entre muchos en la comunidad de los servicios de inteligencia. Se ajusta a un patrón inconfundible.

Otro caso cercano a ese contexto y en esos tiempos ocurrió el 3 de julio de 1991, cuando Ettore Capriolo, el traductor italiano de "Los versos satánicos", sobrevivió a un ataque con arma blanca en su departamento en Milán. Capriolo informó que el asesino, que se escapó, le había dicho que era iraní. Luego la policía italiana confirmó que el agresor tenía conexiones con la embajada iraní. A la semana siguiente de ese hecho fue cuando mataron a Igarashi.

Por último, el 11 de octubre de 1993, William Nygaard, el editor noruego de Los versos satánicos recibió al menos tres disparos fuera de su casa en Oslo. Si bien sobrevivió, la embajada de Irán estuvo en la mira por este hecho.

Ninguno de los asesinos y de los que protagonizaron estos hechos violentos fue capturado.

Hubo algunos arrestos, pero casi ninguno de los sospechosos permaneció mucho tiempo encarcelado.

Si bien los cineastas y dibujantes atacados con armas de fuego y cuchillos en los Países Bajos, Francia y Dinamarca, como también los periodistas capturados y asesinados en Siria fueron víctimas de otros grupos que dicen actuar en nombre de Alá, fue Irán y su "revolución" la que estableció el precedente.

¿Qué hay en común entre el caso de Igarashi, japónes y erudito del Islam, con la muerte de Nisman en Argentina?

Nisman marcha


Igarashi aprovechó su sólido conocimiento estudios islámicos para intentar criticar tanto la pretensión occidental a la libertad de expresión, como a la justicia propia islamista en el caso Rushdie, con el objeto de ser mediador en la controversia. Pocos como él supieron tener una deslumbrante visión equilibrada en estas cuestiones religiosas.

Pero ocurre que los seguidores del Ayatolá no podían reconocer a un aliado de su fe y la cultura: Igarashi era un pensador demasiado complejo para la mente maniquea de un fundamentalista islámico.

En 2006 el caso de su muerte prescribrió y la esposa de Hitoshi, Masako, todavía sigue pidiendo justicia y no se rinde por el caso de la muerte violenta de su marido.

Los japoneses -al igual que el gobierno argentino- se conformaron con dejar pasar el hecho: en el caso de Argentina, con el atentado a la mutual judía y en Japón porque evitaron buscar la justicia real para la víctima. En el caso de Japón porque ese país dependía del petróleo iraní. 

"Informe por Países sobre Terrorismo 2013" del Departamento de Estado presentado al Congreso en abril del año pasado afirma que desde 2012 “los Estados Unidos han visto un resurgimiento de la actividad por la Guardia Revolucionaria Islámica Cuerpo Fuerza Qods de Irán, el Ministerio de Inteligencia iraní y Seguridad y de Teherán aliado Hezbollah. "

La muerte de Igarashi merece una investigación más profunda. Lo mismo sucede con Nisman.

Estos “casos fríos” (se puede interpretar como frío a lo que resulta lejano de Estados Unidos) con implicaciones iraníes todavía queman. Y si durante mucho tiempo los mismos no se resuelven entonces ninguna confianza debe ser colocada en el régimen de Teherán, como tampoco en los gobiernos occidentales que quieran aparentar que estos hechos criminales son “historias que ya pasaron”, y que a la vez permanecen sin resolver.

El artículo completo aquí

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20 de julio de 2018 | 15:46
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