La heredera de Nina Ricci puede ir a la cárcel

Arlette no sabía qué hacer con sus millones y su viejo amigo tenía una larga experiencia en la gestión de capitales depositados en Suiza.

El proceso judicial que hace unos días ha sentado en el banquillo de los acusados a una heredera de apellido legendario, Arlette Ricci (73 años), ha puesto de manifiesto que los amores juveniles y cosmopolitas pueden ser compatibles con una existencia de lujo y dispendio; aunque, en ocasiones, también pueden resultar catastróficos en materia fiscal.

A su edad, Arlette Ricci aún tiene el atractivo suficiente para seducir a hombres mucho más jóvenes que ella. Alta, elegante y con las trazas de una modelo de alta costura, la nieta de Nina Ricci optó por una vida ajena a cuaquier atención mediática. Ahora, sin embargo, sus intimidades han quedado expuestas a la opinión pública.

Su abuela, Nina Ricci (Maria Adélaïde Nielli), nació en Turín en 1883 y murió en París en 1970, tras crear un imperio perfumista y de moda. Lo hizo con su enorme talento, el apoyo de su marido, Luiggi Ricci (fallecido el mismo año que Nina), y el buen hacer en los negocios de su hijo Robert, el padre de Arlette. Nina Ricci creó algo más que una marca. En su tiempo, impuso un estilo y un arte de vivir, que transmitió a sus descendientes. En 1988, Arlette heredó la empresa y una gran fortuna.

El misterioso "Néstor"

Cuando en el 2009 se divulgó una primera lista de clientes del HSBC –banco con sede en Londres– que podían haber defraudado al fisco de sus respectivos países, apareció el nombre de Arlette Ricci asociado a un misterioso «Néstor», gestor del patrimonio de la millonaria. Las autoridades fiscales no tardaron en identificar al tal "Néstor" como el empresario Bertrand-Charles Leary (90 años), quien había heredado un floreciente grupo industrial asentado entre Estrasburgo y Suiza desde principios del siglo XX.

Arlette y Bertrand-Charles se conocían bien desde su juventud. Cuentan que el industrial llegó a estar enamorado de la heredera Ricci seis décadas atrás. Jóvenes, ricos, refinados y con un enorme patrimonio, Arlette y Bertrand se frecuentaron largas temporadas hasta que la vida sentimental de ambos tomó otros derroteros.

Pero 50 años después, aquella lejana y casi olvidada historia de amor tomó un nuevo rumbo: Arlette no sabía qué hacer con sus millones y su viejo amigo tenía una larga experiencia en la gestión de capitales depositados en Suiza.

El abuelo de Bertrand-Charles Leary, acosado por los nazis, había depositado buena parte de su dinero en Suiza antes de instalarse con su familia en Nueva York, donde permaneció hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En 1948 los Leary regresaron a Francia, en concreto a Estrasburgo, pero parte de su fortuna no se movió de Suiza. De esta manera, Bertrand-Charles Leary volvió a la vida de Arlette para ayudarla a rentabilizar su dinero.

Durante unos años, Leary y Ricci se dejaron guiar por un fiscalista parisino, Henri-Nicolas Fleurance, que dio a Arlette valiosísimos consejos para «orquestar la insolvencia fiscal». A través de un fino trabajo de ingeniería financiera, Arlette pudo reconvertir parte de su patrimonio inmobiliario en París y Córcega, con objeto de declarar sumas irrisorias.

Fuente: ABC

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21 de agosto de 2018 | 07:53
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