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Riquelme, los egos robustos y las falsas rebeldías

Román culminó con éxito su estadía en Argentinos, pero su futuro vuelve a ser incierto. Un interesante informe sobre su presente confuso.

Uno de los temas que más confusión causó en el fútbol local en 2014 fue la situación de Juan Román Riquelme tras su desvinculación de Boca Juniors a mediados de año y su inmediata llegada al club Argentinos Juniors, de donde acaba de despedirse, breve episodio futbolero al fin, que curiosamente suele ser elevado en estos días a la categoría de hazaña.

Riquelme jugó 14 partidos en el torneo de ascenso, que recién en la última fecha clasificó al equipo de La Paternal para regresar a Primera División, y otros dos partidos por la Copa Argentina, en su búsqueda por mostrarse pleno tras su salida de Boca, donde fue ídolo, y club del cual decidió irse tras una oferta contractual millonaria, que rechazó para aceptar otra oferta millonaria, la de Argentinos Juniors.

En un contexto en donde la actitud de rechazar una oferta millonaria pretende ser mostrada como un gesto que transita entre la épica y la rebeldía, conviene detenerse en algunas paradas, en momentos en que la dirigencia xeneize le acaba de cerrar definitavemente la puerta, al menos hasta diciembre de 2015, cuando haya elecciones en Boca Juniors.

Riquelme pertenece a un ámbito hiper competitivo en donde el negocio logró imponerse por goleada al concepto de juego, y que apenas puede sostener la idea de deporte condicionado por las cifras millonarias y a menudo obscenas que se manejan en las cimas del fútbol. 

Al igual que en otros ámbitos laborales, las tensiones y enemistades son parte de las reglas del juego, en donde conviven con costados armónicos que -de no existir- harían imposible la continuidad del fútbol como espacio deportivo, económico, social y cultural.

Los egos se robustecen -y en muchos casos engordan- a medida que los billetes posicionan a los más exitosos, y las discordias entonces forman parte de una dinámica en donde se mezclan varias cosas, desde el poder que muestran los clubes a nivel mundial con la puja que plantean los protagonistas esenciales, que son los jugadores.

Sin épica alguna de por medio, Riquelme ejercitó su derecho en julio pasado de irse de un club que le estaba ofreciendo los millones que su pasado futbolero reclamaba, sin olvidar que el presente indica que en 2015 cumplirá 37 años, porque no se sentía cómodo con sus dirigentes, en una puja sin final.

De ahí a mostrar que su firme decisión de abandonar el barco xeneize y elegir otro destino es algo así como una bandera rebelde, hay un trecho muy largo que algunos parecen no contemplar, ignorando inclusive que otros ídolos indiscutidos en sus clubes pasaron por esa instancia de antagonismos diversos y en su momento tuvieron que irse, como alguna vez les pasó a Norberto Alonso o Ubaldo Fillol en River.

Porque si el gesto rechazar un contrato millonario por desavenencias personales es levantado a la categoría de un liderazgo rebelde, ¿qué quedaría para Diego Maradona cuando enfrentó a la propia FIFA en defensa de los futbolistas y peleando contra las arbitrariedades del máximo organismo mundial de fútbol?.

Riquelme debe sentarse en los próximos días con la dirigencia de Argentinos para discutir su continuidad o no con ese club, porque -hasta donde se sabe- tiene contrato firmado hasta diciembre de 2015.

Si quiere interrumpir nuevamente un contrato vigente, como ya hizo con Boca en 2012, tras anunciar su retiro horas antes de una final-final de Copa Libertadores, ¿eso también será mostrado como una bandera rebelde?.

Las leyendas nunca mueren cuando efectivamente son leyendas. Para elevar una simple demostración de egocentrismo -que cada cual tiene la potestad de poner en práctica cuando se le plazca, por cierto, y en la medida que le dé el cuero- a la categoría de épica, habría que barajar y dar de nuevo en la generosa mesa futbolera.

Porque ejemplos de épicas sobran y son los que cada hincha de cualquier equipo, por chico o grande que sea, guarda en lugares más cálidos de su corazón. Las banderas que hablan de las verdaderas hazañas, todavía, no se manchan con las ambiciones personales. (Télam)

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25 de mayo de 2018 | 23:48
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