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Godoy Cruz, el equipo de la "manta corta"

El Tomba debe sufrir en defensa para ser efectivo en ataque. Consecuencias de un plantel más que corto.

La curiosa polaridad o bipolaridad de Godoy Cruz, uno de los mejores equipos argentinos en el ataque y uno de los peores equipos argentinos en la defensa, invita a examinar la célebre metáfora de "la manta corta" acuñada por el brasileño Tim hacia finales de los años 60.

Postulaba Tim (Elba de Padua Lima), director técnico de Los Matadores de San Lorenzo que ganaron invicto el Torneo Metropolitano de 1968, que un equipo de fútbol sufre las limitaciones de una manta corta, que en la medida que protege la cabeza, desprotege los pies, y viceversa.


De allí que la enorme mayoría de los entrenadores corra detrás de la quimera del equilibrio, vale decir, detrás del trébol de cuatro hojas que supone disponer de un equipo de cargas compensadas, un equipo capaz de ganarse la vida en la gestión atacante, sin por ello volverse tan permeable como para que lo cosechado termine resultando insuficiente.

Esto es tan viejo como el fútbol mismo y no admite ni fórmulas mágicas ni recetas de manual, en todo caso se resuelve sobre la marcha y en última instancia hay tantos equipos como respuestas posibles.

Boca Tomba 28

Sin embargo, esta complejidad no cancela la posibilidad de interpelar algunas creencias de dudoso vigor.

Por ejemplo: que el camino más directo al paraíso es el que conocen de memoria los equipos que "proponen", los que dan espectáculo, los equipos generosos, los que respetan su filosofía: los equipos abiertamente ofensivos.
Pero en esa declaración de principios se escamotea que en un partido de fútbol hay dos equipos con un arco cada uno, con un arquero cada uno.
Salvo honrosas excepciones históricas, los equipos más destacados, valorados y admirados por su vocación ofensiva se defendían bien o más o menos bien y convertirles goles no era cosa sencilla.

En ese rango entran, sólo por ser nombrados algunos, el Racing del 66, el Huracán del 73, Holanda del 74 y el Barcelona de Pep Guardiola.
Godoy Cruz, un opíparo equipo ideal para el futbolero neutral, desde el momento que sus partidos son cambiantes, vibrantes, rozagantes, tiene 26 goles a favor y 33 en contra: la segunda delantera más goleadora y la defensa más batida.
En abstracto podría deducirse que con 26 goles en 15 partidos un equipo debería ganar seguido y perder cada tanto, pero hete aquí que con sus 33 goles en contra el Tomba mendocino pierde seguido, gana cada tanto y marcha en el puesto 15 entre 20 equipos.

El Tomba es decidido, fluido y hasta estético de área a área, además tiene un muy buen porcentaje de conversiones y conste el respeto que merece un equipo así de franco en medio de un fútbol argentino hace rato asediado por el exceso de la calculadora y por la devoción del rebote, del rebote del rebote, de la segunda jugada, etcétera.

También conste que no haremos la apología de la paz de cementerio, de los equipos que enamorados de su condición de amarretes no meten la mano en el bolsillo ni cuando tienen frío, pero eso sí: no nos ahorraremos la certeza de que sin una defensa competente no hay equipo proponedor, generoso y lírico que llegue demasiado lejos. 

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23 de febrero de 2018 | 15:54
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