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Milito: "La idea se asemeja a aquella de 2001"

El máximo referente de Racing habla de sus ilusiones con el equipo; el respeto por el DT Cocca y la deuda que siente con la gente.

Todavía se le acelera la frecuencia cardíaca. Todavía lo siente. Los conductos de aire se le dilatan. Como cuando era un pibe. Como cuando jugaba a la pelota en el cemento del club Villa Montero, o en la canchita de tierra del Cárdenas, o en el campito de la escuela N° 48. Todo en Bernal, su lugar de procedencia. Hoy, Diego Milito es otro y el mismo a la vez. Conjuga, con perfecta armonía, los aires del Viejo Mundo con los atributos propios del barrio. Porque, en definitiva, el tiempo y los años modifican a las personas. Las transforman, las instruyen, las capacitan. De aquel pibe de 25 años que, en enero de 2004, emigró a Europa a este hombre de 35, el cambio parece abrupto. No en su perfil. Tampoco en su fisonomía. Desde la vestimenta, según el evento al que asista, hasta la forma de saludar y agradecer. Pero sí en la experiencia y en la madurez que irradia a cada paso. Para comenzar impone una única condición. "No me gustan las fotos. No soy fotogénico", argumenta para pedirle clemencia a la fotógrafa de La Nacion, que logra su cometido. Se afloja y los flashes invaden su humanidad. Se para, se sienta. Mira de costado y sonríe.

Lo suyo con Racing es una historia de amor y desde ahí, tal vez, se justifica abandonar las comodidades de Europa o las millonarias ofertas de Qatar, China y Estados Unidos para regresar a su casa. En verdad, a su segunda casa. La futbolera, que "camino desde los 9 años", precisa. Esa que, más de una vez, le quitó el sueño. Pero que también le dio una sonrisa. Enorme y única como la de 2001, cuando gritó campeón con la Academia, tras 35 años de desaciertos futbolísticos e institucionales. No es que Racing hoy sea Aruba, pero ahí, en el Cilindro, el Principito es feliz. Y eso no es poca cosa en un mundo en el que lo material invade y, muchas veces, distorsiona la realidad.

Hay que ir tranquilos, despacio, partido a partido.

-¿Seguís disfrutando de jugar a la pelota?

-Trato de disfrutar. No es tan fácil por las que cosas que se juegan. Pero busco eso. Por una cuestión lógica del fútbol, como la biológica (por su proximidad al retiro), intento y hago eso. Sobre todo, después de lo vivido con la lesión [en la rodilla izquierda] que me tuvo más de un año afuera. Eso lo sufrí mucho y ahora le doy mucho valor al día a día, a los entrenamientos, al partido. Hoy lo disfruto mucho más.

-Pasaron apenas dos fechas y Racing está puntero. ¿Este comienzo tiene alguna reminiscencia con aquel de 2001?

-No me gustan las comparaciones. Son dos procesos diferentes. Sí veo y percibo un gran espíritu de equipo. Estamos en formación. Pero son situaciones y momentos diferentes. Me ilusiona el espíritu de grupo que se armó. Se nota un compromiso con la idea y, ahí, se asemeja a 2001, pero es muy pronto para hacer un análisis. Hubo equipos con un compromiso similar y se quedaron en el camino. Hay que ir tranquilos, despacio, partido a partido.

-El público de Racing se está subiendo al tobogán de la ilusión. ¿Cómo lo manejan?

-Es difícil porque sabemos cómo es nuestra gente. Lo sé porque viví acá. Pero hay chicos nuevos que se sorprendieron con lo que vivieron [el domingo pasado] al llegar al estadio. Hablábamos y les decía que esto es Racing. La llegada del micro sorprendió a los jugadores más nuevos. No sé si es tan normal, pero esto somos nosotros. Esta gente es así. Está muy encima y, en lo personal, uno agradece tanto cariño. Le debo mucho al hincha.

-¿Qué hiciste para sentir que estás en deuda?

-Creo que el hincha vio a un tipo que salió de abajo, del club, que desde los 9 años recorre esta cancha y ve lo que, bien o mal, hizo por esta institución y que fui parte del último equipo campeón.

-Cocca es de tu generación. ¿Cómo lo definirías?

-Estamos a muerte con él. Es un técnico joven, que tiene una identidad muy clara de juego que ha convencido a un plantel nuevo que necesita, es lógico, tiempo para desarrollar a pleno su idea. Lo veo con ganas y mucha energía. Lo noté el primer día que charlamos. Uno, a esta altura, se da cuenta. Vino con unas ganas terribles de imponer su patrón de juego. Eso no es poco y hay que seguirlo. Igual, esto recién comienza y lleva tiempo en un torneo tan parejo.

-¿Cómo manejás la ansiedad del goleador? ¿Te vas mal cuando no convertís?

-Siempre pondero lo colectivo por encima de lo individual. Soy así. No me considero un tipo egoísta. Creo que soy un delantero solidario.

-El fútbol europeo te dio un rodaje diferente, los años, también. Hoy hacés un gran despliegue en pos del equipo...

-El delantero vive del gol. Es así y está bien. Pero priorizo lo colectivo y creo que así, si el equipo entiende el mensaje, terminás haciendo goles. Para mí lo más importante es ganar el partido.

-Hablando de lo colectivo, el domingo Hauche se fue aplaudido tras la expulsión. ¿No es un mensaje engañoso el que viene desde la tribuna?

-Gaby sabe que se equivocó. Va a sufrir mucho estar afuera dos partidos. Lo que la gente valoró fue el esfuerzo, un tipo que te da el corazón y eso es muy sano para el bien del equipo.

-El hincha es, en esencia, precipitado y ya piensa en la 5a fecha en el clásico contra Independiente. ¿Cómo hacen ustedes para no entrar en esa vorágine con un partido para el que falta tanto?

-En mi cabeza hoy está Tigre. Ese es el objetivo y no podemos desviarnos ni un milímetro de cada rival. Cada partido es una final y el de Tigre, en nuestra mente, va a ser el más difícil. Si pensamos un segundo en Independiente sería un error muy grande porque tenemos dos partidos antes del clásico. Claro que, cuando te acercás al clásico, tanto el hincha como el jugador lo viven intensamente. Pero para eso falta muchísimo.

Fuente: www.canchallena.com

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21 de febrero de 2018 | 23:19
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