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La fórmula de Alemania: rapidez, fuerza, habilidad y talento

Luego de la goleada que le dieron a los brasileros, la selección europea se posicionó como la más ágil del torneo. Advierten que esta estrategia de juego marca el comienzo de un nuevo ciclo en la forma de juego internacional.

La fórmula alemana seduce y promete cambios. Ya se ha dicho, y después del Mundial se convertirá en un cliché que la demolición del Brasil de Felipe Scolari ejecutada por la Alemania de Joachim Löw marca el fin de una era y el comienzo de otra en el fútbol internacional.

Esto podría ser válido incluso si el desenlace de la final, en el Maracaná, no es el esperado por la mayoría, es decir, un triunfo más o menos cómodo del equipo europeo ante la Argentina.

Festejo final Alemania Brasil

Los equipos alemanes, tradicionalmente, se han destacado por una serie de virtudes que tienen que ver con la voluntad: orden táctico, espíritu colectivo, capacidad atlética, disciplina, organización, tenacidad y aptitud técnica, resalta hoy la BBC.

A ojos de muchos, el fútbol teutón carecía de fantasía, de improvisación, de esas virtudes inmateriales que hacen a la belleza del juego. Ahora, se están reconociendo otros méritos, que antes sólo advertíamos en Holanda y los países latinos: imaginación, inventiva y chispa.

El Mineirazo fue el punto culminante de un proceso de transformación del fútbol alemán.

Alemania brasil

En el plano organizativo, la pujanza de la economía y la buena administración se reflejan en que los clubes, casi todos de propiedad de sus socios/hinchas, arrojen ganancias, mientras que en otros países están endeudados hasta las orejas.

Esto les permite, a pesar de tener menores ingresos por televisión (apenas un tercio comparados con los ingleses), cobrar sumas irrisorias (para otros mercados) por billetes a los estadios, lo cual se refleja en mayor satisfacción popular y masivas concurrencias por partido: un promedio superior a 40.000.

El estilo de juego del equipo nacional, antes ponderado, se caracteriza ahora por su dinamismo y flexibilidad, con movimientos bien hilvanados (que algunos comentaristas poco avisados relacionan con el "tiki-taka"), transiciones fulminantes y la rapidez de una cobra en posiciones de ataque.

Los técnicos explican que una de las claves del fútbol es la relación entre espacio y tiempo; el factor que resuelve la ecuación es la velocidad de ejecución: a mayor velocidad en igual espacio e igual tiempo, mayor eficacia.

Y la velocidad de ejecución ha estado aumentando en forma llamativa en el fútbol alemán durante los últimos diez o quince años.

El proceso tiene sus raíces en los cambios introducidos en la Bundesliga debido a la reunificación alemana, en 1990, y profundizados tras el estrepitoso fracaso de la selección en la Eurocopa 2000, cuando un equipo de veteranos (30 años de promedio) dirigidos por Erich Ribbeck terminó en último lugar de su grupo.

Los resultados de Die Mannschaft (el equipo), también conocido como Nationalelf (once nacional) ya venían preocupando a los dirigentes. Tras la final perdida ante Argentina en México (1986), se recuperó la corona en 1990, en Italia, ante el mismo adversario, pero con un juego mediocre.

Los resultados siguientes se caracterizaron por los altibajos: en 1994 cayó en cuartos del mundial de Estados Unidos, ante Bulgaria; luego ganó la Eurocopa 1996 en Inglaterra (siempre una satisfacción especial) pero en 1998 volvió a caer en cuartos del mundial de Francia, ante Croacia, y finalmente sobrevino la humillación de la Eurocopa 2000 en Bélgica y Holanda, sin ganar ningún partido.

La paciencia se agotó tras ese fracaso: la federación (Deutscher Fussball-Bund, o DFB) la Bundesliga y los clubes se pusieron de acuerdo para reorganizar el sistema, comprometiéndose los 36 clubes (contando a la segunda división) a crear academias propias bien financiadas para preparar nuevas generaciones.

Die Mannschaft, todavía con el viejo modelo, perdió la final del Mundial 2002 de Japón y Corea ante una encarnación previa del Brasil de Scolari, pero el sistema ya estaba mostrando sus frutos: desde entonces, los equipos juveniles alemanes han sido campeones europeos en las categorías de 17, 19 y 21 años.

La renovación era evidente en el Mundial (de Alemania) 2006, cuando el equipo local cayó en semis ante Italia y se clasificó tercero. Ya en 2010, goleó a Inglaterra y Argentina, antes de caer en semis (1-0) ante España.

No están de bromas los alemanes, que han alcanzado cuatro semifinales consecutivas y dos finales entre 2002 y 2014.

Alemania no pudo con España en las semifinales de Sudáfrica 2010.

La cantera produce jugadores a buen ritmo: en la final de la Liga de Campeones 2013, entre Bayern Múnich y Borussia Dortmund, nada menos que 26 jugadores de ambos planteles eran productos del sistema de academias y elegibles para representar a Alemania.

Más de la mitad de esos jugadores se han beneficiado de un programa de la DFB, introducido en 2003, para desarrollar el talento de futuros jugadores de entre 8 y 14 años de edad: más de 1.000 técnicos calificados (aunque no de tiempo completo) les dan cursos de técnica y táctica y además, acaso lo más importante, recorren el país para identificar a niños de buenas condiciones.

Muchos de los nuevos talentos se habrían perdido sin este programa, que los clubes siguen con gran atención, porque es tal vez la red de "alerta temprana" más desarrollada y eficaz que existe en el fútbol internacional.

El buen trabajo del sistema de la DFB y de las academias de los clubes ha revertido una tendencia que había caracterizado al fútbol alemán durante los años '90, y que también inquieta a otras ligas ricas de Europa: la importación excesiva de extranjeros, que deja menos lugares para los jóvenes locales.

Los periodistas británicos suelen comparar los rendimientos de las academias alemanas e inglesas, destacando que, según datos de la UEFA, Alemania tenía el año pasado 28.400 técnicos con licencia B (en contraste con 1.759 en Inglaterra), 5.500 con licencia A (895) y 1070 (115) con licencia Pro, que es la más avanzada.

Joachim Löw: este es el técnico que puede darle a Alemania su primer título desde 1996.

Esta renovación en la forma de organizar el deporte se extendió a la preparación y enfoque de los técnicos y jugadores del equipo nacional.

Durante los preparativos para el Mundial 2006, Jürgen Klinsmann y Joachim Löw introdujeron un programa intensivo de ejercicios destinados a aumentar la velocidad mental y física, tanto individual como colectiva, lo cual facilitó la evolución del sistema táctico, que tradicionalmente había sido un rígido 4-4-2.

Löw dispone ahora de un plantel que se adapta rápidamente a cambios en la formación táctica durante los partidos, según las exigencias del adversario.

Los comentaristas destacan que la Alemania de Löw ha alcanzado su poderío colectivo sin depender del aporte de un crack como el argentino Messi, el portugués Cristiano Ronaldo, el brasileño Neymar Jr o el uruguayo Luis Suárez.

El esprit de corps, la disciplina colectiva, ha sido una de las virtudes tradicionales de los futbolistas alemanes.

En cuanto a la variedad étnica del plantel, impulsada en parte por el éxito de la Francia que ganó el Mundial de 1998 con un plantel integrado por jugadores de diferentes orígenes nacionales, étnicos y religiosos, es importante señalar que los únicos que no han nacido en Alemania son los polacos Podolski y Klose.

Tanto Sami Khedira (su padre es tunecino) como Mesut Özil (familia de origen turco), Jerome Boateng (ghanés) y Shkadram Mustafi (Albania) nacieron en Alemania; el hecho de enfatizar su "origen extranjero" puede interpretarse como un resabio de racismo, en el sentido de que "no parecen alemanes".

Pero muchos comentaristas insisten en destacar el aspecto étnico: dan el ejemplo del propio Özil, quien tras su consagración en el Mundial de Sudáfrica declaró: "Mi técnica y mi relación con la pelota provienen de la parte turca de mi familia; la disciplina, actitud y compromiso vienen de la parte alemana".

El cambio de mentalidad ha requerido un nuevo enfoque del tipo de futbolistas que requiere cada puesto.


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18 de febrero de 2018 | 00:16
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