Brasil prepara la seguridad por si enfrenta a Argentina

Los organismos de seguridad están preocupados por un posible cruce entre los sudamericanos que acabe en conflictos. Piensan medidas.

Preocupado por la seguridad y la escalada de la tensión entre los hinchas brasileños y argentinos , el gobierno local activó un comité de expertos que trabaja en caso de un eventual choque entre las dos potencias sudamericanas, ya sea el domingo próximo, en la final, o en el juego por el tercer puesto, el sábado, según consigna hoy Canchallena.com

De concretarse el clásico, la cúpula de la policía brasileña le sugerirá a la FIFA dividir a las parcialidades y sectorizar las tribunas, como solía hacerse en la Argentina antes de la prohibición del público visitante. El pedido de las fuerzas de seguridad sería algo sin precedente para la historia de los mundiales.

Poco proclive a aceptar las medidas que atenten contra su imagen de pluralidad, orden y fair play, la FIFA difícilmente modifique ahora su postura, menos en la recta final del certamen. Sólo lo haría, quizás, ante un escándalo chauvinista que merezca la intervención de ambos gobiernos, algo que está lejos de suceder. Además, las fuerzas de seguridad de ambos países ya vienen actuando de manera conjunta y exitosa, sobre todo en la política para neutralizar a las barras bravas. Ahora, están a las puertas de un nuevo desafío.

"Hasta el momento la tensión no pasó a mayores y no hubo grandes desmadres. Todo lo que pasó fue anecdótico. Pero hay preocupación ante un eventual Brasil-Argentina. La policía local pediría dividir al público, algo que es poco probable que la FIFA acepte", comentó a la nacion un funcionario de jerarquía del Ministerio de Seguridad argentino.

La embajada de nuestro país relativiza los incidentes y los minimiza de acuerdo con la cantidad de argentinos que visitan Brasil y el número de episodios violentos registrados. En cifras: en Brasilia, durante el último partido del seleccionado, hubo 68.551 personas en el Mané Garrincha y la policía asentó 95 incidentes en total, tanto dentro como fuera del estadio. Los porcentajes son similares, o incluso menores, en el resto de las sedes donde jugó el equipo.

Los episodios más alarmantes se generaron en Belo Horizonte (en el barrio de Savassi) y en San Pablo (en Villa Madalena), donde la policía militar brasileña debió interceder con gases lacrimógenos para evitar una pelea entre argentinos y brasileños. "Ocurrieron hechos menores y definiría lo que está pasando como una sana rivalidad futbolera", dijo a la nacion el embajador argentino, Luis Kreckler.

Es común leer en los titulares de los diarios locales la denominación de "hermanos" cuando se hace alguna referencia a los argentinos. No se trata de una terminología nueva ni creada para la ocasión. Aunque su constante uso podría tomarse como un aporte de los medios de comunicación para calmar los decibeles e intentar vivir el fútbol como una fiesta.

Sin embargo, la rivalidad alcanza su cima de tensión en los estadios, cuando los hinchas están cara a cara y el fútbol cruza la frontera de lo folklórico. Las tribunas del Itaquerao, donde jugará mañana el seleccionado albiceleste, ya fueron escenario de una batahola entre argentinos y brasileños. Hubo allí golpes, escupitajos y cruce de proyectiles durante y después del partido con Suiza.

En los estadios se percibe un choque de dos culturas futboleras diferentes, a pesar de que el hostigamiento constante sea recíproco. El hincha brasileño es irónico y cargoso, y en este Mundial reflejó como nunca antes su gen "antiargentino". Ante cada cántico de los argentinos, activan una melodía injuriosa de abucheos o replican con su grito de guerra: "Pentacampeón", en referencia a su cosecha de copas del mundo.

Pero el público argentino también aporta su granito de arena a la tirantez, más aún si bebe alcohol. Es la única hinchada que dedica permanentemente mensajes hostiles a sus rivales a través de sus cánticos. Da la sensación de que el antagonismo del argentino se exacerba más con los ingleses y los chilenos que con el brasileño. Tal vez será porque el fútbol muchas veces es una metáfora de los conflictos reales.

La crispación, tanto en las calles como en los estadios, es caricaturesca y no es graciosa. Y se acentúa a partir de los excesos con el alcohol. Los desbordes más graves, por lo general, son de madrugada, después de jornadas etílicas eternas, cuyo final es cantado: hay disturbios e interviene la policía, o se bebe hasta caer redondos.

La FIFA tiene su cuota de responsabilidad: por una presión de los sponsors, ordenó a Brasil modificar su legislación y sólo por el Mundial se autorizó la venta de cerveza dentro de los estadios. Las voces críticas al gobierno de Dilma Rousseff exageraron al emparentar la decisión a una cuestión de soberanía. Lo cierto es que en los estadios el consumo de alcohol engendra el caos. Si hasta lo reconoció Jerome Valcke, el número tres de la FIFA. ¿Impedirán la venta de cerveza en un eventual clásico sudamericano? Es una medida que también está en evaluación.

Como cualquier megaevento, un Mundial es un desafío deportivo, pero también político. Cuando faltan tres meses para las elecciones presidenciales, Dilma, que busca la reelección, sabe que su éxito depende hoy tanto del equipo de Scolari como de que la Copa termine en paz y sin grandes incidentes.

Opiniones (1)
23 de mayo de 2018 | 00:45
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23 de mayo de 2018 | 00:45
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  1. ....,va hacer épica..., este mundial...., la bronca social se traslada ......,
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