Argentina busca el final de su estigma

No ganar un Mundial desde hace 28 años es un problema, pero pasarse 24 sin superar los cuartos de final tiene perfiles ya de karma para un fútbol de tanta historia como el argentino. Este sábado a las 13 enfrenta a Bélgica.

Mañana, en el estadio "Mané Garrincha" de Brasilia, los albicelestes tienen la oportunidad de cortar esa racha. El rival será Bélgica, a la que Argentina derrotó en las semifinales de México 86.

"Los argentinos han tenido dificultades desde 1990 para avanzar de cuartos de final, pero siempre está muy cerca. Bélgica hace 12 años que no venía al Mundial. Los dos equipos tienen el potencial de llegar hasta lo último", aseguró hoy el técnico belga, Marc Wilmots.



Los argentinos tienen grabada en la memoria cada derrota en cuartos.



"La pelota la veo pasar todavía al lado de mi carita, todavía siento el vientito...". La frase es de Carlos Roa, el arquero de Argentina en Francia 98 que se encontró en el minuto 89 de un partido jugado en Marsella ante quizás el mejor gol en la carrera de Denis Bergkamp.



"Si me hubiera pegado en la cara... ¿Por qué no me pegó? Trato de no pensar en ese momento, porque me deprimo, me agarra un fastidio terrible, son oportunidades únicas que se te van y no vuelven".

La amargura de Roa por aquella caída de 2-1 se refleja en un reciente libro, "Así jugamos", en el que los periodistas Pablo Vignone y Diego Borinsky reflejan los 25 partidos más importantes de la selección argentina, entre ellos varias frustraciones.

Las dos más recientes fueron ante Alemania, también en cuartos, y los argentinos aún debaten cuál implicó un dolor mayor: si la derrota por penales en el Estadio Olímpico de Berlín en 2006, o la inesperada goleada de 4-0 sufrida en Ciudad del Cabo en 2010.

De aquella tarde de verano (boreal) en Berlín persiste el recuerdo de un murmullo sordo en el primer tiempo. Decenas de miles de alemanes seguían atónitos, casi impotentes, por momentos con rabia, la exhibición del equipo de José Pekerman en los primeros 45 minutos.

Argentina debió ganar con claridad en los 90 minutos, pero se relajó en el segundo tiempo, Pekerman realizó, forzado por un golpe al arquero Roberto Abbondanzieri, una serie de cambios hasta hoy discutidos y un Lionel Messi de 19 años siguió la derrota desde el banco.


Jens Lehmann, el portero alemán, vestía de celeste, el mismo color del cartel publicitario detrás del arco, aunque lo decisivo fue que llevara escondido en sus medias un papel en el que tenía todos los detalles de hacia dónde solían patear los argentinos. Adivinó la dirección de los cuatro lanzamientos y atajó dos.

Leo Franco, el reemplazante de Abbondanzieri, se tiró correctamente en sólo uno y le convirtieron los cuatro tiros. Al arquero argentino nadie del cuerpo técnico, nunca, le había pasado información de las preferencias de sus rivales desde los 11 metros.

Diego Maradona, que había seguido en los estadios los partidos de la selección, no vio aquel de Berlín. A mitad de camino, molesto, regresó a su hotel. Lo siguió por televisión.

Cuatro años después, Maradona estaba en Ciudad del Cabo, ya como entrenador argentino y otra vez con Alemania como rival, esa misma selección a la que había derrotado en la final de México 86 y ante la que cayó en la de Italia 90.

La noche de Ciudad del Cabo fue una debacle total para Argentina, que defendió mal un tiro libre alemán y se encontró a los tres minutos de juego perdiendo 1-0 con gol de Thomas Müller. El 4-0 final pudo ser, en realidad, más estrepitoso aún.


"No se les cayó una idea", fue la insólita reacción de Maradona en la conferencia de prensa posterior. En vez de admitir sus errores, el técnico argentino dio a entender que Alemania había ganado por insistencia y algo de suerte.

En los dos mazazos de Alemania a la Argentina estuvo Javier Mascherano. Capitán en la derrota de 2010, el hombre del Barcelona cree que es posible cambiar la historia. De lo contrario, sería "una frustración", admitió hoy Alejandro Sabella, entrenador argentino.

"Más que pesar, el estigma de los cuartos es un desafío", cree Mascherano. Un desafío que Argentina no supera con éxito desde la victoria por penales ante Yugoslavia en Italia 90, un partido que terminó con empate a cero tras 120 minutos de juego.


Para encontrar una verdadera victoria argentina en los cuartos de final de un Mundial hay que remontarse a uno de los momentos clave en la historia deportiva del país, el 2-1 sobre Inglaterra en México 86.


Así, Messi tiene mañana otra oportunidad de agigantar su figura y afirmarse en la historia: liderar a su país a una victoria que no conoce desde los años del mejor Maradona.

 

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20 de febrero de 2018 | 12:59
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