De Banfield al Maracaná: los secretos de James

La figura de la selección colombia pasó momentos difíciles como juvenil en Argentina lejos de su familia. Ahora sueña con ser campeón mundial.

Rodeado de soledad en un apartamento de Buenos Aires, un James Rodríguez de 17 años se echó a llorar: quería volverse a Colombia y rendirse, olvidarse de su sueño de futbolista en la primera división del fútbol argentino.

Aquello fue el 12 de julio de 2008 y duró sólo una noche. Seis años después, Rodríguez es la gran estrella del Mundial de Brasil 2014, y mañana buscará ante Brasil en Fortaleza llevar a su país más lejos de lo que probablemente se hubiera atrevido a soñar.

¿Podría haberlo hecho sin la ayuda de Jorge Burruchaga? El autor del gol del triunfo argentino en la final de México 86 no quiere colgarse medallas, pero tiene bien presente el momento en el que descubrió la prodigiosa zurda del colombiano. Eran los días de aquel cumpleaños triste.

"Era muy chico, pero se lo veía muy convencido de lo que quería: jugar en la primera de Banfield", recordó Burruchaga durante una entrevista con la agencia dpa. "Y habrá imaginado jugar un Mundial...".

Burruchaga era por entonces el entrenador de Banfield, el tercer club más antiguo de la Argentina y un escenario sin presiones para apostar por el buen juego. Rodríguez se entrenaba con los juveniles y alternaba con el equipo de primera, aunque no había un camino aún claro para él.

"James iba y venía a las selecciones juveniles de Colombia, ése era el arreglo que habían hecho con los dirigentes del club. Hasta que en un momento le dijimos a él, como al club, que lo íbamos a apoyar, que íbamos a hacer una buena pretemporada".

"Era diciembre de 2008, lo empezamos a mirar, a trabajar con él. Jugó su primer partido y ya demostraba sus cualidades, una técnica muy especial, una gran pegada en pelota en movimiento y una convicción para llegar a posiciones de gol que eran muy interesantes con sólo 17 años".

Burruchaga se iría, pero Rodríguez seguiría en el club para convertirse a los 18 años en un jugador imprescindible. Y entonces llegó el 13 de diciembre de 2009, una fecha que nunca olvidarán los hinchas de Banfield, porque fue el día de su primer título en el campeonato argentino.

Tampoco la olvidará Rodríguez, que tuvo la autoridad para instar a su equipo a abortar la vuelta olímpica en la Bombonera, donde la barra brava de Boca insultaba a los campeones, que lo eran pese a haber perdido por 2-0.

"Pensar que estuve a punto de salir corriendo para el aeropuerto y devolverme a Colombia...", recordó tiempo después Rodríguez aquel llanto de cumpleaños solitario.

Hasta que Burruchaga se fijó en él, la vida del mediocampista no era sencilla. Su novia estaba en Colombia, su madre -a la que lo une una íntima complicidad- también, y algún técnico en las juveniles lo despreciaba: "Ey, colombiano". Nunca su nombre.

Burruchaga jamás se enteró de aquello, porque el nuevo ídolo "cafetero" aplica la teoría del "al mal tiempo, buena cara".

"Nunca manifestó un desarraigo ni problemas, siempre alegre, estaba bien", dijo a dpa el ex futbolista. "Tenía a los 17 años una personalidad fuerte, ganadora".

Esa personalidad quedó bien patente con sus dos goles en el Maracaná para eliminar a Uruguay en octavos de final de un Mundial en el que nadie movió las redes más veces que él. Y Burruchaga cree que la historia recién empieza.

"James asumió, en ausencia de Falcao, todo el protagonismo, y lo hizo con un rendimiento sensacional, jugando con una movilidad total de mitad para adelante y mucha fuerza para el retroceso. Y lleva cinco goles en cuatro partidos, nada sencillo en un Mundial".

"Colombia está en condiciones de derrotar a Brasil, que tiene una carga muy grande por ser local, algo que se manifestó con Chile. Colombia tiene más pausa pero más juego que Chile. Si aprovecha los momentos de incertidumbre que está atravesando Brasil, le puede ganar, sin dudas le puede ganar. Esta Colombia puede dar el gran zarpazo de los cuartos de final".

Y si el "zarpazo" se repitiera en semifinales ante la ganadora del choque entre Francia y Alemania, lo último que querría Rodríguez el 12 de julio sería volverse a Colombia. Nada de eso: al día siguiente, el 13, se juega la final del Mundial. 
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21 de agosto de 2018 | 12:09
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