Perlita

Siguen las aventuras mendocinas en Belo Horizonte

La "Barra del Cotolengo" comparte con MDZ una nueva entrega de su diario de Brasil.

La “Barra del Cotolengo”, un grupo de mendocinos que viajó a Brasil para alentar a la Selección, comparte con los lectores de MDZ una nueva entrega de su diario, en la que relata las aventuras post-partido contra Irán.

"Buen día para todos y todas. Una vez más el relato obligado de la barra del Cotolengo, desde Belo Horizonte, estado de Minas Gerais, esta vez post partido. Se hizo esperar, pero aquí estamos.

Luego de un agónico y sufrido triunfo en el que la expectativa inicial se vio opacada por el resultado, las barras del Cotolengo y los Manyines se dispersaron una vez vueltos del estadio al Quilmes Bar, para emprender la vuelta, algunos hacia Río, otros a Sao Paulo, y un grupo importante de regreso en motorhome a Porto Alegre.

Un sinnúmero de circunstancias nos obligaron a posponer el relato en vivo previo al partido de Argentina-Irán.

Principalmente, la falta de wifi para poder conectarnos. Es un problema generalizado en todo Brasil. En lo que respecta a comunicación vía internet es claro que Argentina superior al gigante carioca.

La expectativa previa al partido fue tremenda. El esfuerzo, la garra y la entrega casi heroica de los hinchas para apoyar y alentar a la selección no tiene palabras.

Sin dudas los argentinos que sobresalieron en estas jornadas no fueron los jugadores sino los hinchas que desde los lugares más recónditos del país llegaron a Belo Horizonte, la tercera ciudad más importante del Brasil (una especie de Córdoba de Argentina) ubicada a 500 km de Río de Janeiro.

La barra de los Manyines y varios de la del Cotolengo viajamos en motorhome, desde Río (éramos dieciséis), muy cómodos por cierto, en un viaje inolvidable por donde se lo mire.

Paramos a comer en un pueblito de ruta un almuerzo típicamente brasilero, en la que nos encontramos con muchísimos argentinos. Parados en la ruta mientras fumábamos un cirgarrito, veíamos pasar autos, camionetas, casillas rodantes, furgonetas, micros, y un sinnúmero de motorhomes con patentes argentinas que tocaban bocina y que agitaban sus banderas. Era mucha la emoción.

 Ahí se podía palpar el esfuerzo que un gran número de argentinos ha hecho para venir a alentar a la celeste y blanca. El que más me sorprendió fue un fiat Uno un tanto viejo llevando una casillita rodante atrás empapelada con la bandera del papa. También en nuestro departamento de Río se quedaron el Negro Navarro y sus amigos que vinieron a Brasil en un Renault 18 con casilla rodante.

La expresión que afloró de cada uno de los que apreciábamos ese espectáculo de autos argentinos en tierra extranjera fue: “Si la selección juega con la garra que le ponen estos hinchas salimos campeones”.

Una vez en Belo Horizonte, fue un caos intentar estacionar nuestro motorhome, como también lo ha sido en Rio. Luego de una odisea en la que nos acompañaron personal de gendarmería y prefectura de custodia (creían que éramos barras bravas) logramos estacionar ese aparato gigante en las inmediaciones del camping Lagoa do Nado, el que ya estaba repleto de argentinos.

El camping no estaba diseñado para que un motorhome como el nuestro y como el de muchos otros pudiera ingresar al mismo debido a su tamaño.
Esta es una de las fallas que en materia de infraestructura presenta este mundial. Básicamente en comparación con la inversión que mostraba Sudáfrica, en materia de paradores, campings, rutas, conexión wifi, entre otras.

Las rutas aquí en el Brasil lejos están de parecerse a las del país africano y más bien se parecen a las del nuestro evidenciando con ello, que por más pertenencia al grupo de los BRICs, Brasil no deja de ser un país subdesarrollado.

No obstante ello, nada opacó la noche previa al partido y sacamos una mesa al lado de la casilla y abrimos unos buenos tintos mendocinos para festejar que al fin habíamos podido instalarnos y muy impacientemente esperamos la jornada futbolera del día siguiente.

Temprano al otro día, los chicos que no se quedaron en el motorhome y que terminaron durmiendo en un hotel alojamiento que consiguió nuestro corresponsal, el joven y prometedor Winemeker, Alfredito “flecha” Merlo, nos despertaron al alba para rápidamente emprender el camino andando hasta el Quilmes Bar, que esta vez no estaba emplazado en las inmediaciones al estadio Minheraio sino, un poco más apartado.

Allí era pura euforia, optimismo y hasta algo de alarde sobre el resultado de la Argentina. Se llegaron a vender entradas clase 3 (de las que son más baratas) a 700 dólares. Imagínense lo que podrá costar octavos, cuartos y ni hablar semi o la final. Obvio, en tanto se cambie el juego y la Argentina tenga chance de llegar.

Los que nos quedamos, terminamos yendo a Savassi un muy lindo barrio de Belo, que estaba repleto de argentinos y de muchas mujeres. Se dice que en esta ciudad hay 9 mujeres cada un varón. Fuimos no tanto a festejar porque no había ánimo ganador, sino a encontrarnos con compatriotas que estaban en la misma que nosotros.

En fin, se sigue sufriendo, expectantes e impacientes hasta el próximo partido, pero con fe y con esperanza en el Lío y porque no en el equipo.

Orgullosos de haber visto tanta entrega de los hinchas argentinos, nos despedimos ambas barras dejándoles el afectuoso y fraternal abrazo de compatriotas a todos, desde Belo Horizonte, estado de Minas Gerais, república federativa del Brasil, de los Cotolengos y los Manyines, con buenos recuerdos. ¡Vamos Argentina carajo!"

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22 de julio de 2018 | 13:35
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